Lo principal de la
crisis que se empieza a vivir no es lo del momento, sino su desarrollo.
Por Antonio Gershenson -
La Jornada, México
Primero, por lo menos de las cosas que más llamaron la atención
fue la crisis inmobiliaria. Las inmobiliarias, relacionadas directamente con
los préstamos hipotecarios para viviendas y otras construcciones o
departamentos, tuvieron cada vez más dificultades para cobrar.
También se involucraron en negocios de alto riesgo, sin la plena seguridad
de poder cobrar lo que suponían que iban a lograr. Dos de las mayores fueron
“rescatadas”, el gobierno estadounidense les transfirió recursos, les prestó
apoyo. Aparentemente se pasaba el problema, pero al rato saltaba por otro
lado, y eran varios bancos y financieras los que tenían problemas similares.
Gastaron más de lo que en realidad podían, incluso comprando otro banco.
Se ha dado más a conocer lo que pasa en Estados Unidos, pero el problema va
mucho más allá. En general, se han transferido grandes sumas a bancos y otras
instituciones financieras, para evitar su quiebra. Ya eso rompe con las reglas
ultraliberales que se quisieron imponer a todo el mundo durante décadas. Pero
en Europa las cosas fueron más allá.
Uno de los principales bancos belga-holandés, también aseguradora, Fortis,
recibió una fuerte inyección de dinero pero también fue nacionalizado, según
algunas fuentes parcialmente. Pero unos días después, el gobierno holandés
decidió hacerse cargo de todas las funciones de Fortis en su país, bancarias y
de seguros, incluso las acciones que este banco había comprado el año pasado,
de ABN Amro, otro de los mayores.
En Inglaterra se nacionalizó el banco Bradford and Bingley, para evitar que
fuera adquirido por el español Santander, que ya acaparaba bastante. En
Islandia, se nacionalizó a Glitnir, el tercer banco del país. De modo que es
un problema mucho más amplio, como es amplia la gama de soluciones que se han
buscado de un país a otro. Pero lo que debemos notar es que las viejas reglas,
tan defendidas por el Fondo Monetario Internacional, ya fueron tiradas a la
basura. Todas y cada una de las acciones mencionadas son intervenciones
del Estado en la economía de sus respectivos países.
Debemos hacer notar que la crisis tiene otras expresiones, el que el
crédito se haga caro y difícil les pega a otras ramas, ya productivas. En
Estados Unidos, en agosto los pedidos a fábricas bajaron 4 por ciento. Dentro
de esto, los pedidos de vehículos de motor bajaron 10.6 por ciento en el mismo
mes. En septiembre, se vio un efecto especialmente duro en la venta de coches
japoneses ahí mismo. Si antes la gasolina cara les pegó a los fabricantes
estadunidenses de vehículos, especialmente los traga gasolina, y los japoneses
con mejor rendimiento de ese combustible la libraron, ahora no es el dinero
para la gasolina sino el dinero y en especial el crédito para comprar el
coche. Las ventas de Toyota en Estados Unidos bajaron 32 por ciento en este
último mes.
En la crisis iniciada en 1929 también sucedió algo así. El sistema que
llevó a esa crisis era indefendible. Las medidas tomadas de un país a otro
eran no sólo muy diferentes, sino en algunos casos y desde ciertos puntos de
vista fueron incluso opuestas. En Estados Unidos, por ejemplo, se llegó a
reactivar la economía con obras públicas en grandes volúmenes. Los países
dominados por el nazifascismo activaron las industrias bélicas. En México, se
llegó a la expropiación petrolera. Pero en todos los casos se trataba de
formas de intervención del Estado en la economía.
En América Latina el proceso empezó desde antes del que ahora analizamos. A
esta región le tocó la peor parte, y la reacción fue una sucesión cada vez más
amplia de gobiernos de izquierda. Y, como hemos visto en estas líneas, el
proceso en cuanto a las empresas públicas petroleras ha sido de participación
creciente del Estado. Électricité de France (EDF), empresa pública francesa,
acaba de adquirir British Energy, privatizada en 1996, que posee y opera las
plantas nucleoeléctricas inglesas, y además anda sobre otros objetivos en
Estados Unidos. Una empresa pública comprando empresas privadas. Hay
excepciones, donde tecnócratas trasnochados sueñan con privatizar el petróleo.
México es el caso típico.
Debemos estar atentos a este proceso, porque de una o de otra manera somos
parte de él. Las declaraciones oficiales muestran absoluta ausencia mental de
esta realidad. Falta un mes para las elecciones en Estados Unidos. Si las
tendencias medidas con las encuestas se mantienen, el cambio será mayor del
que ya estamos presenciando. Las actuales medidas son el resultado de
negociaciones entre un poder legislativo de mayoría demócrata, y un gobierno
republicano. Son medidas de transición.
Ya se habla de una reunión mundial para definir la nuevas reglas para el
sistema financiero internacional, la cual se daría dentro de los próximos seis
meses.
Así como desde 1929 ya no había reversa posible hacia el supuesto libre
mercado, tampoco la hay ya ahora. La extensión y profundidad de los cambios,
que son sólo el inicio de un proceso, así lo muestran. ¿Quién va a ir a
Islandia a obligarlos a que reprivaticen al banco Glitnir, a Inglaterra a que
lo hagan con el Bradford and Bingley, a EDF a que no esté comprando empresas
privadas y así con las muy variadas medidas que se están tomando en diferentes
países, o empezándose a tomar? ¿Quién va a meter al pollito de nuevo en su
cascarón?
Las palabras de los discursos, sobre todo si están fuera del mundo actual,
no van a alterar esta realidad, este proceso de cambios, esta transformación
que apenas empieza. Al tiempo que reforzamos nuestra defensa del petróleo, es
muy apropiado, muy oportuno, que se esté planteando un programa alternativo
que apunta a ir resolviendo los problemas, con lo cual también empezamos a
inscribirnos en este cambio.