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EEUU, en las puertas de una reasignación del poder

 
 

 (IAR Noticias) 7-Octubre-08

George W. Bush

Nunca como ahora el término "depresión" se uso para describir el futuro cercano de la economía norteamericana. Sus efectos expansivos afectarían a todo el mundo.

Por Oscar Raúl Cardoso - Clarín

Está visto que muchas veces el problema central del deseo no es que permanezca insatisfecho sino, por el contrario, es que hay que convivir con las consecuencias del anhelo satisfecho. Esto ayuda a definir, al menos parcialmente, el uso intensivo que en estos días se le da en Estados Unidos a la palabra, de origen germánico, "schaudenfreude" que define la alegría por el mal ajeno.

A ese término se pareció la primera reacción latinoamericana frente a la crisis financiera que afecta a aquel país. El presidente de Brasil, Luiz Inacio da Silva, "Lula", respondió hace unas semanas con un despreocupado: "¿Crisis? ¿Cuál crisis? Esa pregunta hay que hacerla en Washington".

En Caracas -al anunciar su reciente viaje a China- su colega Hugo Chávez dijo sobre la misma cuestión que "Washington no es ya relevante, Beijing lo es". Otro caso de contento mal disimulado por este final de incendio de los ocho años de George W. Bush en la Casa Blanca.

Lo cierto es que apenas algunos días después, ambos mandatarios se desdijeron. Lula utilizó su espacio radial para reconocer que las dificultades de Estados Unidos tendrán "un enorme impacto" del cual ningún país es inmune y Chávez se corrigió diciendo que el vendaval financiero tendría "la fuerza cien huracanes". Otros ejemplos similares se pueden encontrar en el pasado mes en distintas capitales de la región.

En todo caso este "schaudenfreude", a medias, es un buen indicador de las expectativas latinoamericanas respecto de lo que está pasando, por ahora, en el norte del mapamundi. En esto conviene distinguir dos niveles que también ayudan a explicar la reacción inicial y luego su retractación.

El primero de esos niveles está dado por la sensación generalizada de que algo mucho mayor que una mera crisis económico-financiera es lo que está sucediendo: una reasignación del poder mundial.

El semanario británico The Economist realizó un interesante ejercicio: revisó 30 años de artículos periodísticos de toda fuente relevante y encontró que nunca como ahora el término "depresión" se uso para describir el futuro cercano. Obviamente depresión remite a lo sucedido a partir de 1929 y es un término tan temido que ni en la espectacular caída de las Bolsas de valores de 1986, ni en la crisis asiática de fines de los 90, ni en el derrumbe de la llamada "nueva economía" -los "punto com"- del 2000 se hizo acreedor a tanta tinta como en el presente.

Está visto que si la visión más pesimista del fenómeno se materializa -o no lo hace pero deja a Estados Unidos cerca de una depresión- las cosas no podrán seguir como hasta ahora en las relaciones de poder globales. Quien más claramente definió el tema fue el presidente ruso, Dimitri Medvedev, al señalar recientemente que "los tiempos en que una economía y un país dominaban se han ido para siempre".

Desde hace algún tiempo -y aprovechando la distracción suprema de Irak, de Afganistán y de la fantasmal "guerra contra el terrorismo- que impuso Bush, América latina ha venido corcoveando para desacoplarse, siquiera parcialmente, del opresivo poder estadounidense.

Tiene visos de paradoja, pero Bush que intentó rediseñar el mundo para garantizar la continuidad de la hegemonía de su país es el hombre al que le toca presidir el síntoma más claro de decaimiento.

La diversificación de mercados, la acumulación de reservas, la creación de foros, como el que propone Brasil para la defensa regional sin la participación de Estados Unidos y la continua pérdida de relevancia de organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA) son algunas de las señales del fenómeno latinoamericanas de los tiempos recientes. Ni hablar de los desafíos como el Venezuela y sus nuevas relaciones militares con Rusia.

El debate sobre la viabilidad continua del unilateralismo estadounidense no es de este tiempo. Viene, como la crisis misma desde los años 80 solo que ahora se ha vuelto más intenso.

Basta recordar un autor y un libro de aquellos años, el del historiador Paul Kennedy y su "Auge y Caída de las Grandes Potencias" en el que asignó a Estados Unidos la condena de la "sobre extensión imperial", el momento en que las sociedades imperiales no pueden, ni quieren, seguir pagando el costo en vidas y dinero de sus dominios.

El problema es que, si sucede como muchos lo indican, el fin del unilateralismo no vendrá sin dolores repartidos generosamente por el planeta. Y esto cifra el segundo nivel de las reacciones latinoamericanas a la crisis, mucho más oscuro que el "schaudenfreude" inicial.

La caída en los precios de materias primas, la desaparición del crédito, la contracción del comercio que parece estar buscando un piso incierto son también síntomas de la enfermedad económica que -a pesar del rescate de 700.000 millones de dólares aprobado ayer por el Congreso estadounidenses- no desaparecerá de la noche a la mañana.

Acomodarse a la nueva realidad en gestación es un paso inevitable. Y si el unilateralismo se desvanece será algo bueno. Pero hasta que ello suceda vamos a encontrar que el cumplimiento de algunos deseos es extrañamente doloroso.

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