Después de que la Cámara de Representantes diera su aprobación final al plan de
rescate de 700.000 millones de dólares (unos 506.000 millones de dólares) para
instituciones financieras, Obama instó al Gobierno de Bush y al secretario del
Tesoro, Henry Paulson, a usar su autoridad con sabiduría para proteger a los
contribuyentes.
"Incluso aunque este paquete de rescate funcione exactamente como debería, sólo
es el principio, no es el final", dijo Obama a periodistas en Pensilvania.
McCain dijo que el plan no era una solución permanente y que era "una atrocidad"
que fuera incluso necesario.
"Se necesitan medidas adicionales y no debería ser necesaria una crisis para que
este país actúe y este Congreso actúe de forma bipartidista", dijo el senador
por Arizona a los periodistas.
McCain, Obama y el compañero de fórmula del candidato demócrata, Joe Biden,
todos senadores, votaron el miércoles a favor del paquete de rescate.
Nuevos sondeos muestran que Obama ha apuntalado su ventaja nacional y ganado
margen en estados claves en las últimas semanas a medida que la crisis de Wall
Street centraba la atención de los votantes sobre la economía.
La votación en el Congreso se produjo un día después de que Biden y la aspirante
a la vicepresidencia republicana, la gobernadora de Alaska Sarah Palin, hablaran
sobre la economía e Irak en un debate.
El programa atrajo la mayor audiencia televisiva de la historia para un debate
entre candidatos a la vicepresidencia, con casi 70 millones de espectadores,
según Nielsen Media Research, bastantes más que los 52 millones que vieron el
debate entre Obama y McCain la semana pasada.
Las encuestas realizadas después del debate señalaron a Biden como ganador, pero
destacaron el papel de Palin como más sólido de lo esperado, calmando los
temores entre los republicanos sobre su actuación.
"¿Qué tal Sarah Palin anoche?", preguntó McCain a sus seguidores en Pueblo,
Colorado. "Casi sentí un poco de lástima anoche por mi viejo amigo Joe Biden.
Ella hizo un trabajo magnífico".
Tanto McCain como Obama han prometido llevar alivio económico a la clase media
después de que el Gobierno estadounidense informara de la eliminación de 159.000
puestos de trabajo en septiembre, el noveno mes consecutivo de pérdidas de
empleos.
Sin embargo, se atacaron mutuamente sobre su estrategia económica y cada uno
dijo ser el mejor preparado para sacar a Estados Unidos de la crisis.