El rechazo por la Cámara de Representantes de
los EE UU del plan de salvación del sistema financiero propuesto por el
Gobierno Bush, los candidatos a la Presidencia y los lideres del Congreso
amplió mucho la gravedad de la crisis del capitalismo.
El desplome de las bolsas europeas y asiáticas acompañando el pánico en
Wall Street (el Dow Jones, en récord histórico, cayó 6,9%) confirió a la
crisis estadounidense proporciones mundiales. A un llamamiento desesperado
de la élite del poder político, los diputados de la Unión contestaron con un
voto también desesperado. No resultó del respeto por el pueblo, siquiera por
las victimas del caos implantado en el sistema bancario.
La motivación de los legisladores es tan poco ética como la de los
señores que les imploraban la aprobación de una suma de 700 mil millones de
dólares destinados sobretodo a comprar a la banca créditos tóxicos, las
famosas hipotecas subprimes.
En vísperas de elecciones para renovación de sus mandatos, la mayoría de
los representantes –sobretodo los republicanos- teme ser punida en las urnas
si aprueban un plan que ofrece el dinero de los contribuyentes a los bancos
y aseguradoras responsables del desastre e ignora la situación angustiante
de 10 millones de norteamericanos amenazados de perder sus casas.
Del otro lado, Bush, Obama, Mc Cain, Bernanke, Paulson, Pelosi y las
estrellas de las finanzas usan de una retórica fariséica en su esfuerzo para
evitar un crash del sistema financiero que amenazaría la
supervivencia del mismo capitalismo.
El grupo redactará ahora con urgencia urgentísima un nuevo plan y negocia
su aprobación con la Cámara de Representantes (en el Senado todo será más
fácil). Las alteraciones del texto serán, todo lo indica, cosméticas, porque
el SÍ dependerá de promesas y favores que no se harán públicos. Basta
cambiar el voto de unos 15 diputados…
El miedo que domina a Washington y los círculos políticos y financieros
europeos se justifica. La crisis avanza como un iceberg a la deriva en el
cual la parte sumergida, la principal, no es visible.
La cadena de quiebras bancarias adquirió un ritmo asustador. El lunes, la
del Wachavia, cuarto banco de los EE UU, fue evitada a través la adquisición
parcial de ese gigante (con una cartera de prestamos de 312 mil millones de
dolares ) por el Citigroup. Según Reuters la Reserva Federal –FED-
está prestando a la banca diariamente decenas de miles de millones de
dólares en decisión peligrosa para su futuro.
En Europa, una operación de socorro de Holanda, Bélgica y Luxemburgo
salvó el Fortis. En el Reino Unido el gobierno nacionalizó el Bradford &
Bingley. El temblor bancario hasta en la lejana Islandia se hizo sentir
(nacionalización del Glitnir). Autoridades financieras francesas y alemanas
afirmaron al comienzo de Septiembre que la crisis afectaría muy poco a la
Unión Europea porque la banca de la Comunidad estaba más protegida que la de
los EE UU.
Ingenuidad?
En los últimos días, los gobiernos de Reino Unido, Francia, Alemania,
Bélgica, Holanda, Dinamarca, Islandia y Luxemburgo intervinieron en
operaciones de salvación que costaron más de 70 mil millones de euros. El
Banco Central Europeo inyectó más de 120 mil millones de euros en el sistema
bancario para aumentar la liquidez
Como era de esperar, los grandes media internacionales, desde la CNN
a la BBC, pasando por el New York Times y el Frankfurt
Algemein, presentan visiones deslavazadas de la crisis. Privilegian
detalles accesorios, fabrican escenarios e interpretaciones fantasiosas y
todos subestiman o ocultan sus causas y consecuencias eventuales.
Es muy generalizada, por ejemplo, la omisión de referencias al mecanismo
de obtención de los 700 mil millones de dólares del llamado Plan de rescate
Paulson si este, en segunda versión, recibe la aprobación del Congreso.
Es un hecho que el contribuyente norteamericano será duramente penalizado
porque la deuda publica y la deuda exterior de la nación sufrirán un brutal
aumento. Pero no se informa, con raras excepciones, que la mayoría de ese
dinero será obtenido fuera de los EE UU (ya el país más endeudado del
mundo), porque serán sobretodo los bancos centrales europeos, asiáticos y
latinoamericanos los compradores de Títulos del Tesoro emitidos en
Washington.
Hasta China participará de la gran venta de bonos americanos. Me parece
desde luego oportuno recordar que si la patria de Mao Tse decidiera en estos
días cambiar por otras divisas parte de sus colosales reservas de dólares y
cobrar los títulos del Tesoro estadounidense que acumuló, los EE UU irían a
la bancarrota inmediata. China no lo hará porque su mismo modelo de
desarrollo también acompañaría a Washington en el naufragio Sin embargo, la
dependencia de EE UU de Beijing es demostrativa de la extrema fragilidad del
sistema financiero instalado a nivel mundial por la potencia hegemónica.
Otra conclusión – la más importante de todas-, que la élite de las
finanzas se abstiene de extraer de la crisis, es de naturaleza ideológica.
Ellos no pueden reconocer públicamente la derrota de su estrategia El
caos implantado en el sistema financiero mundial es la mejor prueba de la
falencia de la tesis que los gobiernos de los EE UU y de la Unión Europea
vienen proclamando con arrogancia sobre la capacidad del neoliberalismo,
fase superior del capitalismo, de imponerse como ideología definitiva, la
única preparada para resolver los grandes problemas de la humanidad.
Según esa tesis, la dimensión del estado tendería a reducirse
progresivamente, tendiendo para un mínimo su intervención en la economía
Solamente un mercado plenamente autónomo, libre de presiones estatales,
intocable, podría cumplir su misión insustituible. La Historia, más temprano
de lo que se admitía, empezó ya a dar una respuesta totalmente negativa al
sueño de los sacerdotes del capital.
El pánico en las Bolsas que acompaña la quiebra de los gigantes de la
banca involucrados en especulaciones, fraudes y escándalos, desmintió y
ridiculizó la religión del mercado, dirigido por gestores con salarios
astronómicos. Ahora, las finanzas imploran al Estado ayuda para salvar la
banca y los banqueros.
Sin la ayuda del Estado el mercado se hundiría
En el momento en que escribo, los gobiernos, la banca y las Bolsas de los
EE UU y de la Unión Europea aguardan nerviosos la nueva versión del plan de
rescate que la Casa Blanca va someter al Congreso.
Pero, sea cual sea su contenido, la crisis proseguirá con tendencia hacia
situaciones potencialmente explosivas. La decisión de inyectar centenas de
miles de millones en el mercado (en beneficio exclusivo de los responsables
por el desastre) no va a curar al paciente. Porque la crisis del sistema
financiero es inseparable de otra mayor, la crisis estructural del
capitalismo.
Grandes sufrimientos son visibles en el horizonte para las victimas del
engranaje de las finanzas. En estos días el futuro próximo es impredecible.
Más para cuantos por el mundo rechazan al capitalismo y lo combaten por
inhumano, la única alternativa –aunque todavía lejana -es el Socialismo,
rumbo a una sociedad humanizada, incompatible con la explotación del hombre.