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Noticias)
04-Octubre-08
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Para sorpresa de los ideólogos, los Estados Unidos acaban de dar una clase,
corta, sintética y brillante, sobre la naturaleza del capitalismo y sobre el
funcionamiento de sus mercados.
Por José Luis Fiori
(*)-
Revista Sin Permiso
"T odas las monedas son símbolos, y su peso o composición no tiene mayor
importancia. Lo que de hecho importa es el nombre o el poder de quien la emite".
Mitchell Innes, What is money, Banking Law Journal 1913, mayo, p. 32
Para sorpresa de los ideólogos, los Estados Unidos acaban de dar una clase,
corta, sintética y brillante, sobre la naturaleza del capitalismo y sobre el
funcionamiento de sus mercados. Con pocas palabras, el gobierno norteamericano
anunció, en estos últimos días, la estatización de las dos mayores empresas de
financiamiento hipotecario de los Estados Unidos – la Fannie Mae y la Freddie
Mac – creadas por el Estado norteamericano, en 1938 y 1970, y después
privatizadas, con el objetivo de disminuir los gastos públicos y aumentar la
competencia sectorial. Al anunciar su decisión, el secretario del Tesoro
norteamericano prometió inyectar hasta 200 mil millones de dólares de los
contribuyentes, en las dos empresas que controlan la mitad del mercado de las
hipotecas en los Estados Unidos, estimado en 12 billones de dólares. Pero no es
sólo esto: en los últimos meses, la Fed (Reserva Federal) financió la compra del
Bear Stearns por el J.P. Morgan; creó una nueva línea de financiamiento para
firmas externas del sector bancario; y puso a sus "inspectores" a controlar los
bancos de inversión. Mientras tanto el Congreso norteamericano aprobaba, el
pasado 30 de julio, la Ley para la "Recuperación de la Economía y el Sector
Inmobiliario", y discutía una nueva reglamentación rigurosa y detallada del
mercado financiero norteamericano, Y ahora, más recientemente, el ex presidente
de la Fed, Alan Greenspan, propuso directamente la creación de una nueva agencia
estatal de análisis de riesgo de las empresas privadas. O sea, de todos lados
está llegando la misma señal: como dice el diario Financial Times: " en el
conflicto perenne entre la política y el mercado, no hay duda, que en este
momento, la política está ganando". (1)
En cuanto a esto, los analistas económicos se estrujan la cabeza hace más de un
año, sin conseguir explicar la naturaleza, la extensión y el futuro de la crisis
hipotecaria norteamericana. Tal vez porque todos comparten, de una forma u otra,
la misma tesis del Financial Times: la idea equivocada de que existe un
"conflicto perenne" entre la Política y el Mercado. A pesar de que la historia
de la formación de los mercados y del capitalismo, apunte en la dirección
opuesta, de una solidaridad esencial y originaria entre el poder, el mercado y
los capitales privados. Una historia que comienza a mediados del Siglo XIV, con
el poder arbitrario de los príncipes que definían de forma soberana el valor de
los tributos que tenían que ser pagados por sus súbditos, y al mismo tiempo,
definían el valor de la moneda que acuñaban para el pago de sus propios
tributos. Asimismo cuando circulaban otras monedas y títulos privados, dentro de
su "principado", ellos siempre eran referidos, en última instancia, al valor de
la moneda soberana. Este "circuito" inicial se complicó con la expansión de las
guerras y la necesidad de los príncipes a recurrir al endeudamiento, creando la
deuda pública negociada por los comerciantes-banqueros, en un mercado cada vez
más extenso de títulos y monedas. Fue así que nació el capital financiero a
través del señoreaje entre las monedas y títulos de las unidades soberanas del
mundo Medieval.
El paso siguiente de esta historia ocurrió en los Siglos XVII y XVIII, con el
nacimiento de los primeros estados nacionales, y con la "revolución financiera"
que cambió el rostro del capitalismo europeo. Esta revolución comenzó en
Holanda, en el siglo XVII y se completó en Inglaterra en el Siglo XVIII. Los dos
países centralizaron sus sistemas de tributación y crearon bancos públicos
responsables de la administración conjunta de la deuda soberana, en la forma de
un bono del Estado, y de la deuda privada, en la forma de letras de cambio, que
se transforman en la base de un sistema de crédito cada vez más elástico,
creativo y diversificado, aunque siempre referido, en última instancia, a la
moneda de cuenta nacional. Y no hay duda que la fusión entre esta nueva finanza
holandesa e inglesa, a partir de 1689, tuvo un papel decisivo en el
fortalecimiento de la victoria colonial de Inglaterra y en la proyección
internacional de la moneda inglesa, la Libra, que fue hegemónica en todo el
mundo hasta su "casi-fusión" con el Dólar norteamericano, durante el Siglo XX.
En una especie de sucesión de "hereditaria", que partió de Holanda y de
Inglaterra y se prolongó en los Estados Unidos, manteniendo la supremacía
monetario-financiera anglo-sajona, incuestionable durante los cuatro siglos de
historia de este sistema mundial, que fue creado a partir de la expansión
política y económica de Europa.
Durante el período en que la "moneda internacional" tuvo una base metálica, la
Libra y el Dólar también tuvieron una restricción financiera intraspasable,
impuesta por la necesidad del equilibrio del Balance de Pagos del país emisor de
la moneda de referencia. Pero después del fin del Sistema de Bretton Woods, en
1973, esta restricción desapareció con el nuevo sistema monetario internacional
"dólar-flexible", que no tiene ningún tipo de patrón metálico de referencia. En
este sentido, se puede decir que hubo una nueva "revolución financiera" – en la
década de 1980 – que provocó una especia de retorno a los orígenes de la
relación entre el poder, la moneda y el crédito. Los Estados Unidos volvieron a
definir, de manera soberana y aislada, el valor de su moneda, pese a que ella ya
era la moneda internacional, y también el valor de sus títulos de la deuda
pública, no obstante de que ellos se habían transformado en la base de
referencia de la propia moneda. Además de esto, el gobierno norteamericano
desreguló sus mercados financieros, y con ello liberó la expansión casi
infinitamente elástica del crédito, lejos del mundo de las mercancías y del
"valor-trabajo", y limitado apenas por la capacidad de tributación y
endeudamiento del propio Estado norteamericano, que todavía es un poder en
expansión y que gana más poder con el fortalecimiento de su crédito
internacional y de su capital financiero. En este sistema, por lo tanto, no
existe un "conflicto perenne" entre la política y el mercado, como piensa la
teoría económica convencional. Lo que existe y siempre existió es una "memorable
alianza" entre el poder y las finanzas, que estuvo en el origen del capitalismo
y del "milagro europeo", según Max Weber, y que sigue moviendo la frontera
expansiva del sistema inter-estatal capitalista en este inicio del Siglo XXI.
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(1) Plender, J. en Financial Times, 21 de agosto de 2008
(*)José Luis Fiori, profesor de economía y ciencia política en la Universidad
pública de Río de Janeiro, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. |