nas
pocas reflexiones sobre la increíble escena descrita hoy (28-09-08) en el New York Times (gran reportaje, dicho
sea de pasada):
En la
Sala Roosevelt, tras la sesión con los parlamentarios, el secretario del
Tesoro, Henry M. Paulson Jr., hincó literalmente una rodilla en el suelo
suplicando a Nancy Pelosy, presidenta del Congreso, que no “reventara la cosa”
haciendo que su partido [el Demócrata] retirara su apoyo tras lo que la señora
Pelosi ridiculizó como una traición de los republicanos.
“No sabía
que fuera usted católico”, dijo la señora Pelosi, en socarrona referencia a la
hincada rodilla del señor Paulson, según un testigo presencial de la escena.
Pelosi prosiguió: “No soy yo quien está reventando la cosa, son los
republicanos”.
El señor
Paulson suspiró: “Ya sé, ya sé”.
¿Cómo
hemos podido llegar a este extremo? Es la culminación de muchas traiciones
pasadas.
Por lo
pronto, tenemos una Comisión Republicana de Estudio que revienta la cosa con una
propuesta que carece de todo sentido: resolver la crisis con vacaciones
fiscales para las ganancias de capital. ¿Cómo es posible? Bueno, si un partido
se mece en sinsentidos económicos durante 25 años, el grueso de su infantería
terminará por ser gente que se cree realmente el sinsentido.
Más
específicamente, empero, el fracaso a la hora de llegar a un acuerdo refleja
las traiciones de los años de Bush. Los Demócratas no podían confiar ciegamente
en Henry Paulson porque detrás de él veían asomar el fantasma de Colin Powell
(y la propuesta “el rescate todo es cosa mía”, aparte de ser mala teoría
económica, revelaba un grado indecible de sordera).
Y tras el
modo en que los bushitas y sus aliados gambetearon a los Demócratas una y otra
vez tras el 11 de septiembre –te exigen unidad nacional, y luego te acusan igualmente
de ser blando con los terroristas—, es imposible que Pelosi y Reed [el portavoz
parlamentario de los Demócratas] carguen responsable pero impopularmente con el
Plan, a menos que los Republicanos acepten compartir la decisión.
De manera
que lo que ahora tenemos es un gobierno disfuncional enfrentado a una crisis de
enormes proporciones porque el Congreso tiene un quórum de chiflados y nadie se fía un pelo de la Casa Blanca.
Como dijo
un amigo la pasada noche, nos hemos convertido en una República bananera con
armas nucleares.