, no
aparecen en la contabilidad normal ya que forman parte de los “derivados
financieros” que operan “sobre el mostrador” (over-the-counter: OTC),
como unas vulgares apuestas desreguladas entre particulares y cuya contabilidad
es clandestinamente invisible (off-balance-sheet) en los piratas
paraísos fiscales (off-shore). Nadie sabe, aunque suene increíble, el
monto de los CDS, “espada de Damocles que pende sobre la esfera financiera”.
El famoso editorial Lex del Financial Times (23/09/08) aboga por la
“limpieza (sic) de los CDS”, que define como “un mercado sobre el mostrador
que permite que dos partes apuesten (¡súper-sic!) sobre la probabilidad de
que una empresa incumpla sus adeudos” y cuyo monto ronda en unos
antigravitatorios 90 billones de dólares, “probablemente más que el doble del
excepcional crédito total en el mundo”, y seguramente, según nuestros datos, el
doble del PIB global.
Lex descubre que los contratos de CDS “no se encuentran registrados en
ninguna parte, sino solamente en los libros contables de los apostadores”;
tampoco “se conoce el volumen real de su intercambio ni los métodos de su
cotización”. Si entendemos bien, entonces los CDS constituyen un fantasma
financiero, y hasta la fecha no existe terapia alguna para su captura.
¿Cómo “limpiar”, entonces, los CDS si solamente dos apostadores conocen sus
alcances?
David Paterson, gobernador de Nueva York, afirmó que “la ausencia de una
vigilancia reguladora es la causa principal de la pulverización de Wall Street”,
en la que los “derivados financieros” habían sido su “principal contribuidor”,
por lo que su estado se alistaba a su regulación (Financial Times,
23/09/08). Too late.
Existen tres últimos clavos para el féretro de las finanzas de Estados
Unidos: el crac del dólar, la fuga de capitales y la captura de Wall Street por
China.
El alza antigravitatoria del dólar a partir de julio fue producto de la
manipulación del gobierno bushiano, en vísperas de su crucial elección
presidencial. Ahora las cosas han retornado a la realidad con el rescate masivo
del gobierno bushiano de su sistema financiero insolvente que ya empezó a
redundar en una abrupta devaluación del billete verde, el cual representaría “la
principal víctima del rescate de Hank Paulson”, a juicio de Edmund Conway –The
Daily Telegraph, 22/09/08–, quien sentencia que el “paisaje económico sin
duda ha cambiado para siempre (sic)”, y cuyos efectos “reverberarán durante
varios años”.
El dólar “tendrá que absorber los efectos de un choque súbito en el
incremento del déficit presupuestal de Estados Unidos”, comenta Conway, lo cual
repercutirá en una “mayúscula caída” del dólar, que puede finiquitar el estatuto
de su divisa como la moneda de reserva mundial.
Los inversionistas foráneos podrían huir en estampida cuando “se conjuga una
política monetaria laxa con el déficit fiscal”, según Simon Derrick, del Bank of
New York Mellon, quien juzga que un resguardo seguro serían las materias primas
como el oro y el petróleo.
Edmund Conway teme que los encargados de las reservas de los bancos centrales
en China y en otros lados (nota: con la ridícula excepción del tiránico
Guillermo Ortiz Martínez, gobernador del Banco de México, quien dilapidó las
reservas en colusión con las dos presidencias panistas y todos los Congresos
priístas) tomen como justificación la devaluación del dólar para mudarse a
divisas más respetables, lo que ocasionaría su “caída catastrófica, que
comprometería potencialmente su estatuto como moneda de reserva mundial”.
Lo que ha perturbado mayormente a los inversionistas foráneos del “esquema
Paulson” es la discrecionalidad de la Secretaría del Tesoro para “saquear (sic)
el Fondo de Estabilización de Cambios, las reservas en divisas de Estados Unidos
establecidas en la década de 1930, con el fin de pagar un esquema de seguro para
los mercados de dinero (money market)”.
Resulta que las reservas de divisas
estadounidenses “han sido comprometidas
(sic) para sostener a la industria del mercado de dinero”, lo que resalta que la
última preocupación del gobierno bushiano es la estabilidad del dólar, lo que
para los bancos centrales de China, Asia y otros se ha vuelto una pesadilla.
Como dirían en japonés: ahora sí que el Titanic hizo agua.
El “mercado de dinero” de Estados Unidos anda en 3.2 billones de dólares (Deborah
Brewster, Financial Times, 23/09/08), de los que se han fugado más de
200 mil millones de dólares. No hay dinero que alcance para tapar el “agujero
negro” de la sicosis financiera anglosajona.
Malcolm Moore, de The Daily Telegraph (23/09/08), asusta cuando
alerta que “China está lista a comprar grandes pedazos de Wall Street”. Hasta
ahora quienes han comprado pedacitos son el banco británico Barclays (por
cierto, en no muy buen estado de salud), y los grupos financieros nipones Nomura
(que compró la rama europea de Lehman Brothers) y Mitsubishi (que adquirió 20
por ciento de Morgan Stanley).
Chinese Investment Corp (CIC), gigante estatal que maneja fondos soberanos de
riqueza, prepara su batería para capturar Wall Street y ha colocado un aviso de
contratación de 30 financieros.
Malcolm Moore recuerda que CIC fue mal asesorada por los banqueros de Estados
Unidos en su excursión a Blackstone y Morgan Stanley, y considera que los chinos
han perdido el poco respeto que tenían a la “supuesta superioridad del sistema
financiero de Estados Unidos”.
Una vulnerabilidad de China es su dotación de 1.8 billones de dólares en
pletóricas reservas de divisas que serán afectadas en un escenario de crac, como
consecuencia del rescate masivo del gobierno bushiano.
Malcolm Moore detalla la lista, realizada por Alex Patelis, economista de
Merill Lynch, del rescate integral que hasta ahora arroja 1.5 billones de
dólares. Juzga que China cometió una pésima decisión al atesorar masivas
cantidades de dólares (reservas, bonos del Tesoro, Fannie y Freddie, etcétera).
En lugar de quedarse con dólares inservibles, una opción para China
consistiría en comprar una parte sustancial de las acciones de Wall Street.
¿Cómo se dice “Wall Street” en chino mandarín? Cheng Jie.