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30-Septiembre-08
La política de hostilidad real a Rusia, disfrazada por relaciones
diplomáticas en apariencia buenas, ha sido una constante en las dos ultimas
Administraciones de los EEUU. Pero el discurso oficial ocultaba la realidad.
Por
Miguel Urbano Rodrigues -odiario.info
Traducido para La Haine por Miguel Urbano Rodrigues
Las cadenas de televisión internacionales transmitieron en las ultimas
semanas un documental francés sobre el asesinato de la periodista rusa Anna
Politovskaia.
El crimen ocurrió en 2006. El tema es retomado en un momento en que los
media de los EEUU y de la Unión Europea promueven una intensa campaña contra
Rusia, responsabilizando a la patria de Pushkin por una política exterior
agresiva que reactualiza la guerra fría.
La campaña es aparentemente humanista. Anna es presentada como una mujer
maravillosa, un ser excepcional por su bondad, abnegada, talentosa. El
marido, el hijo, los colegas del periódico en donde trabajaba, los amigos la
elogian sin restricciones. Todos los que han tenido el privilegio de
conocerla esbozan de Anna el perfil de una defensora de los oprimidos, una
intelectual incompatible con la violencia, la injusticia y la miseria, una
luchadora que hacia del combate por la libertad y la democracia un fin
existencial.
No he tenido la oportunidad de leer algún articulo de Politovskaia. Respeto
su coraje como periodista y lamento mucho que la hayan asesinado
precisamente por ser una voz incomoda.
Pero la misma película, al proyectarla como heroína, le atribuye
afirmaciones en que afloran trazos de megalomanía.
Politovskaia se sentía culpable por no haber conseguido evitar la guerra de
Chechenia y lamenta no haber podido imprimir otro rumbo a acontecimientos de
la historia de su país acompañados por ella como ciudadana y periodista. La
angustia que expresa es inseparable de una ambición excesiva, casi sobre
humana.
Mientras, los que han visto el documental –transmitido en Portugal en
horario punta- pudieron constatar que Anna, pese a sus méritos de heroína,
no es el objetivo del director de la película.
El discurso sobre Politovskaia y el mensaje que ella transmite tienen por
función proyectar una imagen terrible de la Rusia actual como tierra de
horrores. La memoria de los televidentes es desde luego encaminada para la
ex-Unión Soviética, tal como la veían en Occidente, forzándolos a paralelos
obvios.
Vladimir Putin aparece en la pequeña pantalla en imágenes breves pero
impresionantes. Lo suficiente para que el ciudadano común de los EE UU y de
Europa identifique en el dirigente ruso un dictador cruel, implacable, el
primer responsable por la sociedad trágica denunciada por Anna. Se justifica
preguntar el por qué de esta súbita fascinación por un documental casi
olvidado? Por que presentar la Rusia de Putin como «el imperio del mal»
resucitado?
La vehemencia casi histérica de la campaña sorprendió. Rusia es hoy un país
capitalista. Al inicio de su segundo mandato el Presidente George W. Bush
todavía despejaba elogios sobre Putin, identificando en su colega ruso un
hombre de estado responsable, casi un aliado.
El cambio de actitud tiene una explicación lógica. El discurso de Munich,
hoy famoso, en que Putin, rompiendo con la oratoria de amabilidades,
denunció la política de dominación mundial de los EE UU, alarmó a
Washington. Señaló el fin de una época. Posteriormente, la invasión de
Osetia del Sur por Georgia – agresión apoyada por la Casa Blanca- motivó una
respuesta militar rusa que sorprendió los EE UU, a brazos con una gravísima
crisis financiera.
Las Fuerzas Armadas rusas intervinieron expulsando a los invasores,
infligiéndoles duro castigo. Simultáneamente, Moscú reconoció como Estados
soberanos a las pequeñas repúblicas de Osetia del Sur y Abkhazia, que desde
hace mucho habían proclamado la independencia.
Rusia actuó en defensa de intereses nacionales amenazados. El gobierno de
Moscú decidió que había llegado el momento de decir Basta!, asumiendo una
posición firme ante la estrategia de expansión hacia el Este del
imperialismo estadounidense.
El Presidente Medevedev fue muy claro al denunciar los objetivos de la
agresión a Osetia del Sur, financiada y apoyada por Washington. Recordó que
ella coincidía con la inminente instalación en Polonia de misiles norte
americanos (el llamado escudo anti-misil) y con las tentativas de admisión
en la OTAN de Ucrania, Georgia y las repúblicas bálticas.
La política de hostilidad real a Rusia, disfrazada por relaciones
diplomáticas en apariencia buenas, ha sido una constante en las dos ultimas
Administraciones de los EEUU. Pero el discurso oficial ocultaba la realidad.
La construcción de oleoductos para transporte hasta el Mar Negro y el
Mediterráneo del petroleo del Cáucaso y de Asia Central sin pasar por
territorio ruso, y la instalación de una gran base militar de los EE UU en
Kirguizistán (próxima a la frontera con China) fueron interpretadas por el
Kremlin como etapas de una estrategia de expansión que configura una amenaza
real a la seguridad de Rusia
El redescubrimiento de la película que, bajo pretexto de ascender Anna a
heroína en la batalla por la democracia, esboza un retrato dantesco de la
Rusia actual, responde a la necesidad de movilizar la opinión publica de
Occidente contra el único país con capacidad militar para oponerse a la
estrategia de dominación planetaria de los EE UU.
No dudo que millones de europeos que han visto la película, tan hábilmente
enmascarada de humanista, adhieren a los mensajes que transmite y que
distorsionan groseramente la Historia. Cuantos habrán registrado que el
documental es totalmente omiso sobre la época de Ieltsin?
Probablemente pocos. Anna, en la película, ni siquiera lo cita, pese a que
el crimen organizado y las mafias controlaban un poder corrupto en los años
en que Boris Ieltsin destruyó las estructuras económicas del país, vendió
sus industrias de punta a precio vil y privatizó la agricultura,
transformando a Rusia en un estado del Tercer Mundo.
Sin embargo en esa época las cadenas de televisión occidentales no producían
documentales criticando a Ieltsin. Al contrario. Lo presentaban como un
caballero de la democracia, un defensor de la libertad y de los derechos
humanos. Washington financió incluso su reelección.
El sistema de poder imperial está, eso sí, interesado en presentar la Rusia
actual – país que atraviesa una fase de crecimiento económico acelerado y
moderniza sus Fuerzas Armadas- como una sucursal del infierno y a Putin como
un diablo terreno.
Las emisoras de televisión se limitan a cumplir el papel que les atribuyen. |