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A los EEUU le han tocado ahora "tiempos interesantes" |
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(IAR
Noticias)
28-Septiembre-08
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Obama- Mc Cain: Los responsables de
las decisiones aparecen perdidos y erráticos en lo que hacen y dicen. |
Otro indicador de la gravedad de la crisis financiera norteamericana es
el desconcierto de los dos candidatos presidenciales, faltos de reflejos para
orientar sus campañas.
Por
Oscar Raúl Cardoso -
Clarín
En varios blogs políticos estadounidenses han aparecido preguntas
sobre la salud de John McCain. Uno de los interrogantes frecuentes de los
comentaristas hiede a afirmación disimulada: "¿Padece McCain de Alzheimer?".
Empezó hace unos meses cuando el candidato republicano no pudo recordar en una
entrevista el número de propiedades inmuebles que poseía. Desde entonces no
sólo el valor de ese patrimonio se ha devaluado por la crisis hipotecaria,
sino que el interrogante sobre McCain ha dejado de ser una agresión política
para transformarse en duda general. Con su intento de interrumpir su campaña
presidencial y viajar a Washington para "colaborar" en la resolución de la
disputa que impide -por lo menos hasta la redacción de estas líneas- articular
una respuesta al desastre financiero en Estados Unidos.
Fue una jugada ciega. Participó -junto a Barack Obama- en la reunión de la
Casa Blanca convocada por George W. Bush en la que se deshizo lo que parecía
un acuerdo bipartidario para usar la monumental cifra de 700 mil millones de
dólares en el rescate. No aportó gran cosa, según varios testigos, y debió
salir por una puerta lateral para evitar a la prensa. En entrevistas
posteriores dejó en claro que no tenía mucho que decir.
Ayer a media tarde, McCain habría de recular, retomando su campaña aceptando
participar del primer debate con su rival, Obama, algo que había estado en
duda desde el jueves. La oportunidad debió tener el valor del oro para McCain
o bien el tufo de la tragedia. Lo que parecía haberlo colocado -como la
elección de Sarah Palin como compañera de fórmula- en un virtual empate con
Obama en las encuesta poco menos que se disolvió.
El más reciente sondeo encarado por la dupla The Washington Post-ABC lo tiene
a Obama con 52% de intención de voto (más de lo que a la misma altura de sus
campañas tenían Al Gore en el 2000 y John Kerry en el 2004) mientras que
McCain había quedado relegado al 43%.
Algo menos impiadosa para con el republicano, otra encuesta conocida la semana
pasada igual la daba un margen a favor a Obama (47%) por sobre su competidor
(42%). En ambos estudios la mayoría señalaba la economía y el empleo como el
factor más acuciante de la campaña y también asignaba a Obama mayor capacidad
para enfrentar la crisis desde la Casa Blanca.
Pero hay algo más que cifras y porcentajes en juego y quizá convenga mirar
otras facetas para advertir donde están las cosas. Son, estos, tiempos
interesantes en la hiperpotencia en el sentido dramático que una muy antigua
maldición china le atribuye a la palabra "interesantes". Los responsables de
las decisiones aparecen perdidos y erráticos en lo que hacen y dicen. Tomemos
el caso del vapuleado secretario del Tesoro, Henry M. Paulson, a quien los
legisladores describieron ayer en un paso de comedia. En la Casa Blanca y
abogando por el plan de rescate frente a la titular de la Cámara de
Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, Paulson no halló mejor argumento
para respaldar su pedido que hincarse frente a la legisladora, quien ironizó:
"No sabía que usted era católico".
Obama tampoco es totalmente inmune a esta marcha de la tontera que parece
haberse expandido entre los dirigentes de Estados Unidos y también del "primer
mundo". El candidato demócrata es ahora castigado por los comentaristas por la
frialdad de su postura frente a la crisis. Lo que en abstracto podría ser
considerado como un mérito -la calma frente al desastre posible- es visto como
desapego y especulación electoral.
Por lo demás el curso de los hechos no le daba, hasta ayer al menos, la razón
a la visión de Obama. Este propone un país pos-ideológico con gran capacidad
para dejar atrás los enfrentamientos históricos. Y, sin embargo, el jueves
asistió a la reunión en que fracasó el intento del plan de rescate como
consecuencia de una disputa de naturaleza claramente ideológica.
Fue la rebelión de un sector de legisladores republicanos -ultraconservadores
que aborrecen de la intervención del Estado y del empleo de fondos públicos-
lo que condenó al rescate en la versión del viernes. "No soy yo la que lo
impido", le dijo Pelosi a Paulson en el intercambio ya citado. "Lo sé, lo sé",
fue la respuesta resignada del secretario del Tesoro.
No conviene quedarse solo en Washington o en Nueva York para apreciar este
costado cultural de la crisis financiera. El presidente Nicolás Sarkozy está
ahora bajo crítica por haber asegurado a los franceses que sus depósitos
bancarios estaban seguros y protegidos por el respaldo estatal. Aunque
obviamente todos reconocen que es necesario que los líderes eviten el pánico
en sus sociedades, los economistas creen que el compromiso de Sarkozy es en
esencia hueco y que la crisis aun está por llegar plena a las costas
francesas.
Pero quizá lo más asombroso -y no necesariamente tonto- es la conclusión del
artículo publicado por Rowan Williams, el arzobispo de Canterbury, en la
revista hiperconservadora The Spectator, publicada en Londres. "Hace tiempo
Marx observó el modo en el cual el capitalismo desatado se convertía en una
clase de mitología atribuyendo realidad, poder y entidad a cosas que no tenían
vida; tenía razón en esto aunque en nada más". Y, sí, son tiempos
interesantes.
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