Hasta ahora, el código de ética de la American
Psychological Association permitía a sus asociados participar
de interrogatorios relacionados con la búsqueda de información relevante para
la seguridad nacional siempre que no se estuviera presente en el momento en
que se aplicaban algunos de los 19 procedimientos cohercitivos como la tortura
conocida como "el submarino".
Por
Gustavo Sierra - Clarín
Los psicólogos estadounidenses decidieron, después de siete años, que
no es bueno ayudar a los militares en los interrogatorios y sesiones de
tortura en el campo de prisioneros de Guantánamo. Y la decisión no se tomó por
unanimidad. En una votación realizada a través de Internet la American
Psychological Association logró incorporar la prohibición de trabajar en la
base naval, por donde pasaron miles de prisioneros de la guerra
antiterrorista, por 8.792 contra 6.157 votos. Es decir que más de seis mil
psicólogos estadounidenses piensan que es útil que uno de ellos ayude a los
interrogadores.
Hasta ahora, el código de ética de la APA permitía a sus asociados participar
de interrogatorios relacionados con la búsqueda de información relevante para
la seguridad nacional siempre que no se estuviera presente en el momento en
que se aplicaban algunos de los 19 procedimientos cohercitivos como la tortura
conocida como "el submarino".
El debate que llevó a la votación se produjo después de que los abogados del
prisionero Mohammed Jawad revelaran que había sufrido aislamiento y otros
tormentos por consejo de un psicólogo. Jawad fue trasladado a Guantánamo desde
Afganistán cuando tenía 15 años. De acuerdo a la transcripción de algunos
interrogatorios, el chico sufrió graves consecuencias psicológicas durante su
detención hasta terminar intentando el suicidio en varias oportunidades. A
pesar de eso, el psicólogo recomendó continuar con los interrogatorios. Cuando
los abogados quisieron llevar al profesional ante los tribunales, éste se
amparó en el artículo 31 del código de justicia militar y logró que su nombre
no trascendiera.
Desde las filas del ejército se insiste en que es fundamental la participación
de los psicólogos en los llamados "grupos de consulta del comportamiento"
(conocidos en la jerga carcelaria como "galletas") para mantener esas sesiones
"seguras, efectivas y legales".
A partir de ahora, ningún psicólogo que quiera seguir ejerciendo su profesión
podrá participar de ninguna sesión de tortura ni en Guantánamo ni en ningún
otro centro militar. "Esta fue una lucha por la continuidad de la profesión
misma", dijo el nuevo presidente de la APA Alan Kazdin. "Logramos recuperar la
ética que nunca debimos perder".