1)Finalmente podemos ver lo que pasa dentro de esas grandes firmas de Wall
Street. Acabamos de ser testigos de la mayor quiebra de la historia de EE.UU. y
no sabemos ni cuál fue el suceso detonante ni la causa profunda. Pero ahora hay
una pila humeante de activos y pasivos en Nueva York que habrá que examinar.
Entre los activos hay bonos respaldados por hipotecas de alto riesgo y muchas
otras cosas que no valen lo que Lehman Brothers esperaba que valieran. Pero lo
más intrigante son los pasivos, puesto que entre ellos hay contratos de
derivados por más de US$700.000 millones.
2) Estamos creando los dirigentes financieros del mañana. ¿Recuerda cuando todos
creían en Alan Greenspan? Cuando John McCain dijo que si Greenspan muriera él lo
haría disecar y lo pondría en un muro de la FED (Banco Central)? Tan pronto
Greenspan abandonó el escenario y se puso a vender sus memorias, el sistema
financiero que había ayudado a formar se deshizo. Ha dejado no sólo un enredo,
sino un vacío. Y no hay nada como un rescate gubernamental para crear nuevos
héroes (Secretario del Tesoro) Hank Paulson, de 62 años, probablemente sea
demasiado viejo. Pero Tim Geithner, de 47 años, el jefe de la Fed de Nueva York,
parece la persona idónea para infundir la fe en que el sistema se halla en
buenas manos. A decir verdad, no estoy seguro de que Geithner sepa lo que está
haciendo, y es probable que él tampoco lo sepa. ("Rescaten a esa. ¡No! A esa no,
a la otra"). No importa. Se halla en medio de un gran temporal y, para cuando
éste haya pasado, debe de saber más que nadie sobre lo que sucedió.
3) Lecciones de finanzas para todos. Han sido caras pero también lo es el jardín
de infantes. Gracias al pánico actual, muchos estadounidenses se han enterado de
que los expertos que les aconsejan qué hacer con sus ahorros son, en el mejor de
los casos, unos necios.
4) Tenemos muchas casas nuevas. No todas están habitadas, lamentablemente, pero
eso es secundario. Aún mejor, nadie ha tenido que pagar por ellas, y es probable
que nunca tengan que hacerlo.
5) Muchísimos ejecutivos de Wall Street tendrán tiempo para criar a sus hijos.
Ahora que el mercado se ha derrumbado, podrán irse a casa y averiguar cuál de
los niños que andan por allí son de hecho suyos. Con el tiempo, aprenderán a
quererlos, y les darán su sabiduría y experiencia. Quizá algún día ellos usen
esas lecciones en la bolsa o en un banco de inversión, en la Wall Street del
futuro, donde trabajarán a las órdenes de esas excelsas figuras de las altas
finanzas: Allí, lentamente, podrán ganar el dinero para pagar las hipotecas
fallidas de sus antepasados.