El jueves
18, la primera preocupación fue la salud
de los dos bancos de inversión de gran porte que sobrevivieron a la
debacle, Goldman Sachs y Morgan Stanley, así como la de la firma
Washington Mutual, con sede en Washington.
Al mediodía, se rumoreaba que Morgan Stanley podría ser adquirido
para su rescate por Wachovia Corporation, de Carolina del Norte, la
cuarta cadena bancaria de Estados Unidos, con presencia en 21
estados y en seis países latinoamericanos.
Todas las llamadas de alarma debieron dirigirse después al
presidente de la Reserva Federal (órgano que tiene las funciones de
banco central) y al Departamento del Tesoro (ministerio de
hacienda).
Luego de intensas reuniones y consultas telefónicas, la Reserva
Federal inyectó 55.000 millones de dólares a bancos estadounidenses
y 180.000 millones a bancos centrales de todo el mundo, con el
objetivo de estabilizar los mercados financieros.
¿Bastará eso, y el salvavidas del Estado al American Insurance Group
y a las compañías hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, para frenar
la crisis?
Los expertos lo dudan, e insisten en que la única solución real a
largo plazo es una regulación más estricta de los mercados
financieros.
Así lo expresaron, por ejemplo, los periodistas especializados de la
revista Time y del diario The Washington Post, dos de los medios de
prensa más influyentes del país.
"El temor se ha generalizado ahora porque los mercados financieros y
muchas instituciones de crédito no mostraron, durante años, ningún
temor. Wall Street no tenía por qué preocuparse por las
regulaciones", lo cual lo convirtió en un "invernadero de codicia",
escribieron en el sitio web de Time los periodistas Andy Server y
Allan Sloan.
The Washington Post acusó al gobierno por no controlar las
maquinaciones de Fannie Mae y Freddy Mac, cuya entonces inminente
caída desató la crisis la semana pasada. El rescate del Estado les
costó a los contribuyentes miles de millones de dólares.
El Centro para el Progreso de Estados Unidos, institución académica
con sede en Washington, también atribuyó buena parte de la
responsabilidad a la falta de regulaciones. La "política de no
intervención" del presidente George W. Bush "fue lo que impulsó la
actual crisis", anotó.
"Luego de siete años y medio a cargo, los reguladores del gobierno
de Bush no reconocieron cómo la debacle actual pudo haberse evitado
con un control más efectivo de los mercados financieros, ni
entienden cómo la resolución de esta crisis comienza con
propietarios de vivienda individuales", escribió Andrew Jakabovics
en el sitio web del Centro.
El profesor de economía James K. Galbraith, de la Universidad de
Texas en Austin, explicó que "la desregulación ha sido parte del
credo del público y del sector ciudadano" desde la presidencia de
Ronald Reagan (1981-1989).
Durante la de Bush, el hoy ex presidente de la Reserva Federal Alan
Greenspan lanzó "olas de finanzas predadoras" en el mercado
inmobiliario, para lo que fue acompañado por el principal asesor
económico del candidato presidencial oficialista John McCain, Phil
Gramm, "y por autodenominados reguladores que sistemáticamente
subvirtieron el interés público", añadió Galbraith.
Reagan solía ilustrar su política desreguladora con la frase "el
gobierno no es la solución, sino el problema".
El ex presidente, fallecido en 2004, propició la eliminación de los
controles gubernamentales sobre una amplia gama de instituciones e
instrumentos financieros, en consonancia con su fe en el libre
mercado, compartida por la mayoría de sus correligionarios en el
Partido Republicano.
La aprobación en 1999 de la Ley de Modernización de Servicios
Financieros, propuesta por los legisladores republicanos Phil Gramm
y Jim Leach, eliminó controles financieros impuestos desde los
tiempos de Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), el presidente que
puso fin a la crisis de 1929.
Roosevelt había prohibido la fusión entre firmas del sector
bancario, de intermediación financiera y de seguros.
El Servicio de Investigaciones del Congreso legislativo desaprobó
los proyectos desreguladores. A pesar de eso, la mayoría republicana
se impuso en 1999. Menos de 10 años después, las consecuencias están
a la vista.
La mayoría de los analistas se resisten a pronosticar el futuro,
pero coinciden en que la turbulencia y las tragedias familiares
continuarán en el mediano plazo.
La experta Nomi Prins, quien trabajó en firmas financieras como Bear
Sterns, Lehman Brothers y Goldman Sachs, reclama urgentes reformas.
"Sólo se podrá arreglar lo que se ha roto con medidas radicales y
con una regulación decisiva", sentenció.
La complejidad de las instituciones creadas por las fusiones a raíz
de la reforma de 1999 impide el control por parte del Estado,
advirtió. La Reserva Federal, por ejemplo, no tiene entre sus
funciones la supervisión del mercado de seguros.
En las medidas tomadas por Washington en la última semana "no hay
diálogo ni estrategia", dijo Prins a IPS.
"Hagan lo que hagan los políticos, nuestra sociedad será más pobre
que antes", porque el crédito será más difícil de obtener y los
estadounidenses deberán aprender a vivir con sus ingresos,
observaron Server y Sloan en Time.com.
"Durante un año, la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro han
apuntalado a los mercados con la esperanza de que el sistema se
recuperara por sí mismo. Pero no lo hará, y el colapso de Lehman
debería marcar el fin de ese enfoque", concluyeron.