"Olvidamos que las cosas podrían haber sido mucho
peores" sin el Protocolo de Montreal, tratado que restringe la
producción y uso de sustancias que agotan la capa de ozono, dijo
el martes 16 el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.
Y las cosas ya están bastante mal.
Un enorme agujero en la capa de ozono, de 27 millones de kilómetros
cuadrados, aparece cada año sobre la Antártida, según la medición de
la gubernamental Administración Nacional de Aeronáutica y del
Espacio (NASA) de Estados Unidos el día 13.
Éste es el 25 "aniversario" del agujero al que probablemente le
queden otros 50 o 60 años de existencia. Por eso el 16 de septiembre
es el Día Mundial del Ozono.
Cada año se diagnostican más de un millón de nuevos casos de cáncer
de piel, y más de 10.000 personas morirán por esa causa solo en
Estados Unidos, 90 por ciento más que en los años 60.
Aunque en 1987 la evidencia científica no era especialmente fuerte,
24 naciones lideradas por Argentina, Canadá y Estados Unidos
adoptaron un enfoque preventivo y firmaron el Protocolo de Montreal,
que entró en vigor el 1° de enero de 1989.
La implementación del tratado impidió una mayor destrucción de la
capa de ozono y mantuvo el equivalente a decenas de miles de
millones de toneladas de dióxido de carbono fuera de la atmósfera.
Años después de firmado el Protocolo, científicos constataron que
casi todos los productos químicos destructores del ozono que
eliminaba paulatinamente tenían efecto invernadero.
Algunos tienen un potencial de causar el recalentamiento planetario
miles de veces mayor que el dióxido de carbono, considerados
molécula a molécula.
"Sin el Protocolo, la capa de ozono se habría destruido para 2050",
dijo a IPS Paul A. Newman, físico atmosférico del Centro Goddard de
Vuelos Espaciales de la NASA y copresidente del Panel de Evaluación
Científica del Protocolo de Montreal.
"El máximo de radiación ultravioleta en Washington sería de 30,
cuando el valor máximo de hoy, asciende a 10", calculó Newman.
Sin las previsiones del Protocolo, "una exposición de menos de tres
minutos al sol en Hawaii resultaría en quemaduras" y habría 650 por
ciento más de cáncer de piel, agregó, basado sobre modelos
informáticos.
Vegetales, animales y, en general, todas las especies vivas habrían
sufrido las consecuencias de la intensa radiación ultravioleta.
Muchos no habrían podido sobrevivir.
"Si no hubiéramos hecho nada, habríamos transformado nuestro mundo",
enfatizó Newman.
Aunque la capa de ozono todavía está en mal estado, la emisión total
de productos químicos que la agotan se ha reducido lentamente desde
1998.
Esto se debe, en buena medida, al reemplazo de refrigerantes
clorofluorocarbonos (CFC), perjudiciales para el ozono por los mucho
menos dañinos hidroclorofluorocarbonos (HCFC) y los
hidrofluorocarbonos (HFC).
Los HCFC también destruyen el ozono, pero a una proporción alrededor
de cinco por ciento respecto de los CFC. Sin embargo, son un
poderoso gas de efecto invernadero. Los HFC no dañan el ozono en
absoluto, pero también son potentes gases invernadero.
El año pasado, en la 19 reunión de las partes del Protocolo --ahora
ratificado por 191 países--, se acordó acelerar la eliminación de
los HCFC, de 2040 a 2030.
Reducir 10 años el plazo puede mantener fuera de la atmósfera el
equivalente a 16.000 millones de toneladas de dióxido de carbono en
25 años. Estados Unidos emite hoy unas 7.500 millones de toneladas
al año.
Otros miles de millones podrían evitarse con una eliminación aun más
temprana, dijo a IPS el experto János Maté, de Greenpeace
Internacional. Pero la emisión de HFC empeorará mucho el
recalentamiento del planeta.
"Muchos refrigerantes alternativos son seguros para el ozono, como
el dióxido de carbono y los hidrocarbonos", afirmó Mate.
Hidrocarbonos como el propano y el isobutano son, por lejos, los más
eficientes a la hora de refrigerar, y usan la menor cantidad de
energía. Los aparatos que los emplean son ampliamente usados, pero
no en América del Norte.
Más de 300 millones de refrigeradores "verdes" están en uso en
Europa, Japón y China --40 por ciento de las existencias
mundiales--, pero Estados Unidos y Canadá los han prohibido por la
presión de poderosos fabricantes norteamericanos de productos
químicos, dijo Mate.
En promedio, 20 por ciento del refrigerante HFC-134a se filtra por
los sistemas de aire acondicionado de los vehículos cada año, así
que es preciso hallar alternativas como los hidrocarbonos,
prohibidos en América del Norte.
Aunque las compañías estadounidenses que fabrican químicos trabajan
en un nuevo producto amigable con el ozono, los fabricantes alemanes
de automóviles que afrontan la dura legislación europea
desarrollaron un nuevo refrigerante con dióxido de carbono que
podría reemplazar el HFC para 2011.
"Muchos de los obstáculos a nuevos productos amigables con el clima
y el ozono son interpuestos por razones comerciales", dijo Maté.
Los intereses comerciales, especialmente en tiempos de crisis
económica, no deberían impedir que los gobiernos tomen medidas en
materia de cambio climático en las negociaciones previstas para el
año próximo, advirtió Ban en una declaración escrita.
A fines de 2009, representantes de los casi 200 países parte de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en
Copenhague para fijar nuevos objetivos, más ambiciosos, sobre
reducción de emisiones de gases invernadero.
Alcanzar un acuerdo efectivo será difícil, pero también es probable
que ayude a afrontar la contaminación aérea urbana, la
deforestación, la pérdida de biodiversidad y otros peligros, señaló
el secretario general de la ONU (Organización de las Naciones
Unidas).
El Protocolo de Montreal es un ejemplo de "acción multilateral
decisiva sobre amenazas y desafíos ambientales que puede generar
beneficios sanitarios, sociales y económicos de amplio rango",
observó.
"En este día internacional, comprometámonos a aprovechar más de esas
oportunidades multifacéticas y hacer lo máximo para crear hoy la
'economía verde' del mañana", concluyó.