Esta vez no hubo domingo de resurrección para la banca, y por tanto sí lunes
de pasión en los mercados. La Reserva Federal (Fed, el banco central
estadounidense) da un giro a su estrategia: no va a hacer ya todo lo posible
para salvar a todas las entidades financieras, por muy grandes que éstas sean.
La Fed parecía abonada a los salvamentos bancarios en fin de semana. Rescató
a Bear Stearns en marzo y a las grandes hipotecarias norteamericanas hace una
semana para evitar males mayores.
Pero el domingo dejó caer a Lehman Brothers, y abre así un capítulo de la
crisis financiera. Ante el nerviosismo de los mercados por ese cambio inesperado
de guión, los bancos centrales de todo el mundo reaccionaron ayer con el anuncio
de una dosis adicional de inyecciones de liquidez y nuevas medidas para reducir
la presión sobre la banca.
La Fed, el BCE y el Banco de Inglaterra lideraron un paquete de medidas para
tranquilizar las Bolsas, con el aviso de que extremaran la vigilancia sobre los
mercados. El Banco Central Europeo inyectó 30.000 millones adicionales y explicó
que seguirá "de cerca" las condiciones monetarias. El Banco de Inglaterra hizo
lo mismo: 6.310 millones más la advertencia de que llevará a cabo "las acciones
necesarias" si las cosas empeoran.
Ésa es la estrategia común de los supervisores bancarios en Europa, en EE UU
y en Asia ante la sacudida que supone la multimillonaria quiebra de Lehman.
La Fed se anticipó el domingo al previsible desplome de los mercados con
medidas para relajar las condiciones de acceso a la liquidez de la banca:
aceptará incluso acciones a cambio de los fondos necesarios para que los bancos
no sucumban por falta de liquidez. El problema, según los expertos, es que ésa
es poco más o menos la política seguida desde que se desató la crisis de las
hipotecas locas, el pasado verano. Centenares de miles de millones después,
las inyecciones de liquidez no han conseguido evitar que la banca siga
sufriendo.
Los bancos centrales mantienen intubado al sector financiero ante la falta de
liquidez, y no dejan de engrasar el sistema con préstamos a corto plazo a cambio
de activos contaminados por el huracán subprime. Pese al recrudecimiento
de la crisis, el BCE no se salió ayer de ese camino, que le ha llevado incluso a
tomar medidas en sentido contrario, como subir los tipos de interés (del 4% al
4,25% en julio) y restringir las normas de acceso a la liquidez hace unas
semanas. "El BCE está preparado para contribuir a unas condiciones ordenadas en
el mercado de dinero", se limitó a comunicar la institución con sede en
Francfort ante la tensión en los tipos de interés a corto plazo, que subieron
debido a la quiebra de Lehman.
Lejos de las respuestas más heterodoxas de EE UU, el BCE sigue concentrado en
controlar la inflación, lo que le ha granjeado duras críticas por parte de
destacados expertos y políticos de la eurozona. El economista belga Paul de
Grauwe aseguró ayer a este diario que la reacción del eurobanco "es
insuficiente". "Debe reducir los tipos de interés urgentemente: los riesgos
sobre la inflación son cosa del pasado, las condiciones de crédito son cada vez
más severas y con el precio del dinero actual el euro corre el riesgo de volver
a apreciarse", argumentó.
Eso es lo que hacen ya varios países. China anunció ayer un recorte de tipos
para evitar que la economía -que crece en torno al 8%- se enfríe. Australia ha
acometido también una rebaja del precio del dinero. Y frente al repunte de julio
en la zona euro, la Reserva Federal ha reducido los tipos del 5,25% al 2% en lo
que va de crisis, poco más de un año. Y podría acometer nuevas rebajas, señalan
varios expertos.
Fondo de 70.000 millones
Las soluciones que aparecen son cada vez más diversas. Un grupo de 10 grandes
entidades financieras -entre las que están Bank of America, Barclays, Deutsche
Bank y UBS- anunciaron en la madrugada del lunes la dotación de un fondo de
70.000 millones de dólares como garantía para el sector financiero. Se trata de
un nuevo cortafuegos para evitar riesgos de liquidez que acaben redundando en
eventuales problemas de solvencia.
"Hay que buscar respuestas imaginativas, o al menos el activismo que está
demostrando la Fed. El BCE no actúa y cuando lo hace toma la decisión
equivocada. El problema no es la inflación: es el sector financiero y la
posibilidad de recesión", concluyó el economista jefe de Intermoney, José Carlos
Díez.
Pese a los emplastos de los bancos centrales, la crisis se antoja cada vez
más larga y profunda. El progresivo contagio a la economía real no hace sino
empeorar la situación de la banca, en una espiral de difícil salida. La pregunta
en las Bolsas es qué entidad será la próxima en caer. Si en marzo el Fondo
Monetario Internacional vaticinó que lo peor había pasado, ayer el director
gerente del FMI, Dominique Strauss-Khan, no tuvo más remedio que reconocer lo
contrario. "No puedo decir que lo peor esté detrás de nosotros", dijo.