Lo que ahora se discute -a partir del último fin de semana de
tragedia financiera- no es sólo el futuro de otras instituciones como la banca
de inversión Lehman Brothers, o aun el impacto de su caída en la economía
mundial, sino la baja eficiencia del sistema de organización social y
económica, el capitalismo, en su presente etapa. Esa es la muy dura realidad
con la que se enfrentan Estados Unidos y el resto del planeta. Como lo explicó
uno de los supremos sacerdotes de esa religión que en lugar de Dios unge al
mercado, Alan Greenspan, esta nueva vuelta de tuerca constituye "una crisis
que se da sólo una vez en un siglo". Es curioso que no haya llegado a la
conclusión antes, porque hasta su último día en la Presidencia de la Reserva
Federal -el banco central de Estados Unidos- y aun después, profetizó que el
"aterrizaje de la economía sería blando". ¿Si se equivocó entonces por qué
creerle ahora? Por la sencilla razón de que entonces no era un pronóstico sino
un lema ideológico. Ahora ya no puede esconder la realidad y se sincera. Del
mismo modo, el secretario del Tesoro, Henry Paulson, debió desmentirse negando
a Lehman Brothers ayuda financiera de fondos fiscales. Hace menos de un mes,
cuando procedió a salvar a los grandes prestamistas hipotecarios Fannie Mae y
Freddie Mac, había asegurado que el gobierno estaba abierto a otros casos que
requiriesen ayuda federal. Los que creen que han visto ayer lo peor de este
golpe mayor al principal sistema financiero del mundo en la caída de las
Bolsas de valores (entre 4 y 5%) se equivocan, dice la mayoría de los
economistas. Los dolores serán mayores con el correr de las horas y verán cómo
éstos se trasladan a grandes distancias, agregan.
Esto de ver lo ingrato es sensible en cuestiones económicas porque afecta la
percepción de la realidad que, a su vez, modifica a ésta. Hasta hace un par de
meses la impresión generalizada era que Lehman Brothers estaba adecuadamente
capitalizado y lo mismo se puede decir de Merryl Lynch, la otra banca de
inversión cuyos directivos prefirieron "suicidarse" con una rápida venta al
Bank of America antes que aguardar la muerte por crisis. La semana pasada esa
visión cambió por completo y los inversores se alejaron del buque que se
hundía. Quedan en pie dos entidades comparables a las anteriores, Morgan
Stanley y Goldman Sachs, a las que, hasta ahora, se les atribuye una mejor
posición en materia de efectivo. Pero esto puede cambiar y, además, los
mercados están esperando que otro gigante hipotecario, Washington Mutual,
enfrente el tropezón final y aun espera a ver qué pasa con AIG, una de las
grandes aseguradoras mundiales.
¿De dónde salió esta debacle? Algunos dicen que del "sistema financiero
sombra" -nombre con el que aluden a los fondos y banca de inversión que han
tomado de los bancos los préstamos hipotecarios- procediendo a varios años de
ordeñar esa vaca sin los controles adecuados que, sí, se le habían impuesto al
sistema bancario tradicional después de la crisis de 1929, que ahora casi
todos emplean como medida para la actual. ¿Qué rol jugó la codicia de los
shogunes financieros de ese sistema "sombra"? Uno importante que no ha cesado:
apenas ayer los interventores en Fannie Mae y Freddie Mac les negaron a los ex
presidentes de esas firmas el cobro de indemnizaciones que hubiesen sumado 24
millones de dólares, conocidas como "paracaídas dorados". ¿Después de conducir
a la ruina, la recompensa? No parece ser la mejor opción.