Mientras el precio de su acción caía en picada, los ejecutivos de American
International Group Inc. pasaban apuros el lunes para forjar un complicado
acuerdo con el objetivo de aplacar a los reguladores federales y estatales,
convencer a los bancos de que le den un préstamo gigantesco y mantener a raya a
las agencias calificadoras de crédito, las cuales tienen en sus manos el destino
de la gigantesca aseguradora.
En la noche del lunes, Standard & Poor's recortó la calificación de crédito
de AIG en tres niveles. Moody's Investors Service también rebajó la calificación
de de AIG el lunes por la noche, forzando a la aseguradora a recaudar US$14.500
millones antes del miércoles para cubrir sus obligaciones. De no hacerlo, podría
tener que declararse en bancarrota.
La acción de AIG cayó 61% evaporando más de US$18.000 millones del valor de
mercado de la empresa. Los inversionistas temían los escenarios más
catastróficos para una empresa castigada por el derrumbe de las acciones de las
compañías financieras que han sido afectadas por los valores hipotecarios que
guardan en sus balances.
AIG, una de las instituciones financieras más importantes del mundo, recurrió
al gobierno estadounidense después de que intensas negociaciones durante el fin
de semana no produjeran un plan para recaudar entre US$35.000 y US$40.000
millones.
El lunes, la Fed de Nueva York organizó una reunión para analizar el futuro
de la empresa.
Con el estímulo de la Fed, Goldman Sachs Group Inc. y J.P. Morgan Chase
buscan recaudar entre US$70.000 millones y US$75.000 millones para apuntalar a
AIG, según fuentes al tanto. La noticia de que AIG necesitaba tanto dinero
precipitó la caída del Promedio Industrial Dow Jones en la última hora de
sesión, llegando a su peor cierre en seis años. El Dow Jones perdió 4,4% para
cerrar en 10.917,51 puntos.
A AIG no se le está acabando el efectivo y su negocio de seguros goza de
buena salud. No obstante, las pérdidas a lo largo de los últimos doce meses han
hecho que las grandes calificadoras de crédito duden de su capacidad para
levantar el capital necesario para compensar las pérdidas. Si no puede conseguir
los fondos, podría verse obligada a acogerse a la protección por bancarrota.
David Paterson, el gobernador del estado de Nueva York, en donde está la sede
de AIG, anunció que funcionarios estatales trabajan con AIG en un plan que
permitiría que la aseguradora se prestara a sí misma US$20.000 millones, al
endeudarse usando sus activos como garantía. El estado no le está prestando
dinero a la empresa sino permitiéndole mover sus activos que están altamente
regulados para darle más liquidez a corto plazo.
AIG también buscó un crédito puente de la Fed, aunque el banco central no
está muy dispuesto a proveerlo, especialmente luego de decirle no a Lehman
Brothers.
Negocio atribulado
Los negocios de AIG incluyen la venta de seguros de vida y propiedad en más
de 100 países. Con más de 100.000 empleados, la aseguradora tiene un portafolio
gigantesco de compañías que también incluye unidades que hacen préstamos
privados y alquilan aviones.
Sus problemas, sin embargo, provienen en gran medida de un negocio que tiene
poco que ver con los seguros convencionales. AIG tiene una unidad de productos
financieros que vendía protección contra la posibilidad de una cesación de pagos
sobre una variedad de activos, incluyendo las hipotecas de alto riesgo. Ese
negocio la diferenciaba de la mayoría de aseguradores y la ligaba más a la
suerte de los mercados de crédito y bienes raíces.
Cuando el mercado inmobiliario estadounidense empezó a caer, el valor de esos
contratos se desplomó. Esa es la principal razón detrás de las gigantescas
pérdidas de la compañía, que en los últimos tres trimestres han ascendido a los
US$18.000 millones.
AIG ha mantenido charlas en los últimos días con firmas de capital privado
buscando liquidez. Pero algunas se rehusaron a invertir si la Fed no hacía un
préstamo puente. En estos momentos, firmas de capital privado como TPG y
Kohlberg Kravis Roberts & Co. están más interesadas en comprar activos
específicos de AIG que en inyectar capital, según personas familiarizadas con
las firmas.
La compañía también habló con Warren Buffett, presidente de Berkshire
Hathaway, que tiene negocios de seguros. Las negociaciones, sin embargo, no han
resultado en un acuerdo concreto y no es claro si siguen adelante.
Los problemas de AIG son paradójicos al tomar en cuenta la dimensión de la
compañía. A finales del segundo trimestre, sus activos excedían sus pasivos en
US$78.000 millones. La mayor parte de esos activos, no obstante, están en poder
de sus subsidiarias de seguros y sirven como garantía de que la empresa podrá
hacer frente a los reclamos de seguros.
Debido a ello, tales activos no pueden ser liquidados para cumplir las otras
obligaciones de la compañía, como las asociadas a sus recientes pérdidas.