(IAR Noticias) 16-Septiembre-08
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Henry Paulson, secretario del Tesoro de EE UU. |
El martes de la semana pasada no sólo se ejecutó la mayor nacionalización de la
historia. También se plasmó la que posiblemente pasará a ser la paradoja más
perfecta jamás alimentada por unos responsables económicos. Y ésta no reside en
que el país que presume de ser más liberal se está revelando como un consumado
intervencionista. Va más allá.
Por Pedro Calvo -
Eleconomista.es
Con su toma de control de las sociedades hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac,
el Tesoro de Estados Unidos, que no es otra cosa que el brazo económico de la
Casa Blanca, está dando la razón a quienes han cometido los excesos que han
situado a ambas firmas al borde de la quiebra. Sí, así es, por muy duro o
extraño que suene.
Con su maniobra de fin de semana han avalado a quienes, desde los despachos de
ambas firmas, han permitido dar rienda suelta a la emisión de deuda, y a
quienes, desde el seno de los mercados, les han permitido engordar y engordar
hasta adquirir su mórbida obesidad actual, ascendente a 5,3 billones de dólares
en deuda hipotecaria. O lo que es lo mismo, casi 4 veces la riqueza generada en
todo un año por la economía española.
¿Cuál es el motivo, el punto cardinal por el que el Tesoro está bendiciendo a
quienes erraron o se pasaron de listos? Muy sencillo: durante años, Fannie &
Freddie han vivido por encima de sus posibilidades por naturaleza híbrida, ya
que si bien son entidades privadas, su pasado público nunca les ha abandonado.
Esto les ha llevado a actuar como ese niño malcriado que, a sabiendas de que su
papá es rico, se convierte en un derrochador. Total, papá ya lo pagará. Y del
mismo modo que sus amigos le consienten ese comportamiento porque, en efecto,
saben que su progenitor acudirá al rescate, los mercados financieros han
permitido a los responsables de estados sociedades hipotecarias que ensancharan
su cartera hipotecaria hasta la extenuación.
¿Cómo hacían la vista gorda a esos excesos? Aceptando que Fannie Mae y Freddie
Mac lanzaran títulos a los que el mercado les concedía la misma calidad que si
los emitiera el mismo Tesoro norteamericano. Esta realidad les reportaba un
doble beneficio: por un lado, se financiaban de forma más barata que sus
competidores; y por otro utilizaban el dinero que se ahorraban en abonar
intereses para hacer a sus clientes potenciales una oferta que sus rivales no
podían igualar. De ahí que entre ambas respalden el 50% de las hipotecas que hay
en Estados Unidos.
Y todo porque la sombra de la Casa Blanca siempre estaba detrás. El ex
presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, lo explica en sus memorias de
forma más precisa. "[Los mercados] presuponen que el Tío Sam les sacará las
castañas del fuego en caso de impago. Fannie y Freddie habían estado usando esa
subvención para inflar sus beneficios y crecer".
Premio para los
'malos'
Por este motivo, desde el mismo
momento en que el Tesoro ha acudido en ayuda de ambas sociedades, les ha dado la
razón a quienes hicieron la vista gorda con Fannie & Freddie; a quienes les
permitieron endeudarse por encima de donde hubieran debido y a un precio más
barato del que les correspondía; a los consejeros que se han despreocupado de
conceptos como el control de riesgos, la mesura, el valor de mercado, la
eficiencia, la competencia...
Todos ellos actuaron mal porque estaban convencidos de que, tarde o temprano, el
Tío Sam les acabaría salvando. ¡Y así ha sido! Por tanto, ¡ellos acertaron! ¡Los
Daniel Mudd y Richard Syron, consejeros delegados de Fannie Mae y Freddie Mac,
respectivamente, y sus acólitos estaban en lo cierto al hacer lo que les viniera
en gana! Al fin y al cabo, el séptimo de caballería ha venido en su ayuda...
¡cuando ellos eran los malos de la película!
Una paradoja tan cruel como ésta, que rubrica aquello de que los beneficios se
privatizan y las pérdidas se socializan y propone otro caso de estudio para el
denominado dilema moral de ayudar a quien ha errado, constituye la máxima
expresión de hasta qué punto ha fallado el sistema financiero estadounidense en
los últimos años. Pase lo que pase en el futuro, Estados Unidos ya ha escrito
una de las páginas más negras de toda su historia financiera.