Tiene una tez tan pálida que parece maquillado por un fantasma. Sin
embargo, transmite una energía envidiable para una persona que acaba de
cumplir 72 años y se lo ve firme, como el soldado que fue, en el centro del
escenario, con la bandera estadounidense detrás. Ante miles de personas que lo
aplaudían a rabiar, y rodeado de su familia, John McCain aceptó anoche
emocionado la nominación republicana como candidato a la Casa Blanca.
Los globos azules y rojos cayeron del cielo y, entre canciones patriotas y
algunos suspiros de emoción, se clausuró aquí la convención del partido del
elefante. "¡USA! ¡USA!", vivaban los delegados de todo el país, agitando
carteles, bailando en los pasillos y algunos, como los de Texas, revoleando
sus sombreros al aire.
Con un discurso que revivió su historia personal como héroe de la Guerra de
Vietnam, McCain buscó en el mensaje en horario central de la televisión,
presentarse como un agente de cambio.
McCain apuntó su pasado como independiente y criticó a las elites de la
capital del país. Se mostró orgulloso de haber elegido a la joven Sarah Palin
como su compañera de fórmula y agregó, en uno de los pasajes más celebrados de
su discurso: "Déjenme advertir a la gente de Washington, vieja, gastadora, que
no hace nada, que antepone sus intereses a los del país: el cambio está
llegando".
El asesor que lo ayudó en la escritura de su discurso explicó que la campaña
republicana busca resaltar los desafíos que el candidato planteó como senador
al establishment de Washington en temas de financiamiento electoral y gastos
públicos. De alguna manera -y a pesar de pertenecer al mismo partido del
impopular presidente George Bush-, McCain está intentando robarle las banderas
del "cambio" a su rival demócrata, Barack Obama.
McCain recordó que, en sus 26 años en el Congreso, había trabajado con
republicanos y demócratas en la solución de problemas que afectan a la nación
entera y que, como presidente, iba a actuar igual: "Voy a dar una mano al que
me ayude a poner de nuevo a este país en movimiento. Tengo la experiencia y
las cicatrices para probarlo", exclamó enérgico McCain.
Desde el estrado que ayer había sido modificado respecto de las noches
anteriores, el candidato recordó sus épocas de oficial de la aviación naval y
como prisionero de Guerra en Vietnam, un antecedente que no puede ofrecer su
rival demócrata. Dijo que en aquellas circunstancias amó más a la patria "por
su decencia, su fe en la sabiduría, justicia y el bienestar de su pueblo". El
estadio, atiborrado de banderitas y de carteles que clamaban: "Country first
(el país primero)", vibraba.
Poco antes de su marido, Cindy Hensley, la esposa de McCain, hizo una breve
presentación del candidato y elogió sus cualidades. La millonaria y rubia
heredera del imperio de la distribución de cervezas, con un cutis que
envidiaría cualquier taxidermista, elogió la preparación y la integridad de su
marido.
En el estadio todo era fervor. Por los pasillos circulaban hombres de traje
oscuro y mujeres con sus mejores vestidos de fiesta, mucho más formales que en
la Convención Demócrata de Denver, la semana pasada. George Engelbach,
delegado de Missouri, sobresalía por su jaquet negro y galera, al estilo de
Abraham Lincoln, su gran héroe. "Espero mucho de McCain, quiero que sea fuerte
y que conduzca a este país hacia un buen rumbo. Quiero que haya energía para
nuestra nación, que se explore para descubrir petróleo, que se renueve la
Corte de Justicia", resumió a Clarín.
Poco más allá venían dos delegadas de Nevada, maravilladas por tener una
mujer, Sarah Palin, en la fórmula republicana. "Obama me asusta porque no
sabemos nada de él. A Sarah la entendemos porque es una mujer trabajadora como
nosotras", dice a Clarín Heidi Smith. Su amiga, Su Kamper, la
interrumpió: "Quiero en la Casa Blanca a una mujer, alguien que sea como yo.
Ustedes en la Argentina tienen suerte y ya tienen una ¿no?".