El margen de Obama sobre el virtual candidato del
gobernante Partido Republicano, John McCain, era, según la
encuestadora Gallup, de ocho puntos porcentuales el viernes 29, un
día después del discurso de aceptación de la candidatura
presidencial del opositor Partido Demócrata en Denver.
La ventaja del senador demócrata había caído desde junio, cuando
concluyeron las primarias (elecciones internas y asambleas), proceso
por el que los dos partidos determinan sus candidaturas.
El 49 por ciento de entrevistados por Gallup que prefieren a Obama
frente al 41 que eligieron a McCain fue la primera señal del "rebote
por la Convención". El senador demócrata superaba el jueves al
republicano por seis puntos porcentuales. El día 15, ambos estaban
empatados en 44 por ciento.
La aceptación de la candidatura por parte de Obama tuvo ribetes
peculiares.
El 28 de agosto de 1963, el líder de la lucha por los derechos
civiles de la minoría negra estadounidense, Martin Luther King,
pronunció en el monumento a Abraham Lincoln en Washington un
discurso que marcó un hito en la historia de este país.
"Tengo un sueño", dijo King ante una enorme muchedumbre procedente
de todos los rincones de Estados Unidos, "de que mis cuatro hijos
vivirán algún día en una nación donde no serán juzgados por el color
de su piel sino por su carácter."
Exactamente 45 años después, muchos especulaban, mientras Obama
acepta ser el primer negro candidato a la presidencia
estadounidense, si el sueño de King se había realizado, al menos
parcialmente.
La coincidencia de fechas entre los dos discursos no pasó
desapercibida para Obama.
"Los hombres y mujeres que se reunieron entonces pudieron haber oído
palabras de ira y discordia. Se les pudo haber dicho que sucumban al
temor y a la frustración por los sueños postergados. Pero lo que
escucharon (…) fue, en cambio, que en Estados Unidos nuestros
destinos están inextrincablemente ligados, y que, juntos, nuestros
sueños pueden ser uno", dijo Obama en su discurso ante 80.000
personas en un estadio de Denver y 38 millones de televidentes.
La unidad fue un tema recurrente en el discurso de Obama, como en
otras ocasiones, con un énfasis en un programa progresista, el
principio de equidad y el de responsabilidad colectiva.
"Se nos prometió la libertad de hacer nuestra voluntad con nuestras
vidas, pero también tenemos la obligación de tratar a todos con
dignidad y respeto", afirmó Obama, al criticar los recortes de
impuestos a empresarios.
"Esa es la promesa de Estados Unidos, la idea de que somos
responsables de nosotros mismos, pero también de que ascendemos o
caemos como nación, de que yo soy el guardián de mi hermana y de mi
hermano", sostuvo.
El candidato demócrata evitó el tipo de discurso altanero e "inspiracional"
que analistas de derecha se preparaban para criticar por falta de
sustancia. Por el contrario, se concentró en sus antecedentes
personales y sobre políticas.
Obama, incluso, llegó a atacar al gobierno, al Partido Republicano y
a McCain.
"Lo que no hizo fue una confección retórica hueca, abstracta y
soñadora", escribió el analista Andrew Sullivan en su blog en el
sitio de la revista The Atlantic. "La campaña de McCain ubica a
Obama entre las celebridades de cabeza hueca, un Paris Hilton de
riqueza y elitismo."
"Él dejó que lo retrataran de ese modo, que cruzaran el límite y que
lo golpearan una y otra vez… y entonces se dio vuelta y los
destrozó. Si los republicanos de (el ex asesor de Bush Kart) Rove
pensaban que estaban jugando con un tonto, acaban de recibir un
golpe de realidad", explicó.
La Convención Nacional Demócrata en Denver tenía el potencial de ser
escenario de enfrentamiento. Las primarias dividieron el partido
entre los partidarios de Obama y los de la senadora Hillary Rodham
Clinton, que procuró convertirse en la primera candidata a la
presidencia.
Cuando Hillary Clinton admitió en junio el triunfo de Obama, muchos
temían que no podría lanzarse a apoyarlo luego de los ataques. Pero
el martes fue inequívoca en su discurso de adhesión a la
candidatura, y pidió, con éxito, que se lo proclamara por
aclamación.
El esposo de Hillary Clinton, el ex presidente Bill Clinton, también
dio un apoyo sin ambages.
El experto en elecciones Norman Ornstein consideró que los problemas
que afronta Obama son similares a los del ex presidente Ronald
Reagan en las elecciones de 1980.
Si rival, el entonces presidente JImmy Carter, era muy impopular,
pero Reagan no pudo superarlo en las encuestas hasta muy poco antes
de las elecciones, cuando se enfrentaron en un debate televisivo.
Ornstein sospecha que el público percibía a Reagan como muy
inexperiente, imagen que se reforzaba con su pasado como estrella de
Hollywood.
"Obama, como Reagan, no podrá ampliar su ventaja a menos que los
votantes entiendan que cruzó la línea para convertirse en
'aceptable' como presidente", indicó el experto. "Y cuando lo haga,
avanzará a grandes pasos."