|
(IAR Noticias) 01-Septiembre-08
 |
|
Obama vs. MacCain:
La guerra define al ganador |
La campaña presidencial estadounidense se interna en su tramo final,
con una competencia entre demócratas y republicanos en la que ambos intercambian
sus papeles.
Por Oscar Raúl Cardoso
- Clarín
Y, finalmente, sucedió lo que Barack Obama y sus asesores más temían:
la campaña de John McCain se las ingenió para robarle el trueno al discurso de
aceptación del candidato demócrata nominando, por primera vez, a una mujer
como aspirante republicana a la Vicepresidencia, Sarah Palin gobernadora de
Alaska.
El impactante mensaje de cierre de la convención demócrata, llamando al cambio
profundo en Estados Unidos -lo que también, guste o no, sería un cambio
global- sobrevivió menos que un lirio. En apenas una docena de horas, como
reconoció ayer, del otro lado del Atlántico, el diario Le Monde, "McCain trajo
el cambio que Obama había prometido" la noche anterior.
Palin no es solo la primera mujer que ocupa un lugar en una fórmula
republicana -los demócratas llevaron a Geraldine Ferraro en el mismo puesto en
su derrota de 1984- sino que su elección aspira a atraer votos de dos cauces
electorales muy diferentes entre sí.
Es lo suficientemente conservadora como para calmar a los republicanos más
recalcitrantes que temían la elección de un "heterodoxo". Pero también intenta
ofrecer algo a los independientes y aun demócratas que no terminan de digerir
a Obama o que han quedado "heridos" con la derrota de Hilary Clinton en las
primarias.
Este desarrollo de la, esta vez sí, sorprendente campaña presidencial
estadounidense es una muestra de lo que cabe esperar para las semanas que aún
faltan hasta la elección de noviembre.
Nada es realmente lo que parece, ni siquiera el hartazgo de la sociedad con
ocho años de -para ponerlo en las palabras del conservador semanario The
Economist- "calamitosa presidencia de George Bush".
En las encuestas las preferencias de los estadounidenses por los demócratas es
superior en unos diez puntos de promedio a aquella que guardan por los
republicanos. No hay estudio de opinión pública que encuentre un porcentaje
significativo que crea que las cosas van bien. Y, sin embargo, son esos mismos
sondeos los que muestran a McCain poco menos que empatado con Obama, o al
menos con una diferencia en contra que sería posible superar.
Esta dualidad asombra al resto del planeta, o a buena parte de él, porque se
suele olvidar que sólo los ciudadanos estadounidenses deciden esta competencia
y que eligen para sí.
El legado de Bush, que es aun más impopular fronteras afuera de su país, sólo
será juzgado por los suyos aunque -como en el caso de la guerra sin fin en
Irak- es todo el mundo el que deba tolerarlo.
Esto de la imagen de las cosas en Estados Unidos, que aparece como lo que
realmente no es, se prolonga al conjunto de la disputa. ¿Es verdad que, como
sostiene la interpretación más citada, se enfrentan en ella un
afro-estadounidense progresista llegado hace poco a la política con un rígido
conservador que es parte de lo más tradicional de la clase dirigente?
Desde los últimos tramos de su exitosa interna Obama parece empeñado en
desmentir aquel progresismo que se le adjudica llegando, inclusive, a deslucir
deliberadamente el antecedente que primero lo colocó a la luz pública, su
oposición a la guerra en el Golfo Pérsico. "Somos mejores que estos últimos
ocho años", dijo en su discurso, pero por momentos parece que su intención
real es traer más de lo mismo o, cuanto menos, algo muy parecido.
Por lo demás hasta su nominación del veterano senador Joseph Biden Jr.
representó la elección de un político conservador. Biden está ligado por sus
votos en la cámara alta a las empresas dueñas de las tarjetas de crédito a las
que muchos economistas señalan como responsables de maniobras de usura mal
disimulada y también, al menos parcialmente, de la actual crisis financiera
cuyo epicentro está en Estados Unidos. Delaware, el estado que representa
Biden, es el lugar en que muchas de esas firmas han elegido ubicar sus casas
centrales.
Por toda su experiencia en el Comité de Asuntos Exteriores del Senado, Biden
no pudo ver en 2003 ni la sombra del sangriento fiasco iraquí, inicialmente la
respaldó y solo se convirtió en un crítico de la guerra cuando esta mostró por
completo su rostro más feo.
En el lado de McCain el verdadero significado de las cosas también es elusivo.
La elección de Palin habla de cambio ¿pero que dice realmente? La gobernadora
es una figura atractiva y tiene, en su estado, una reputación de luchar por la
ética y oponerse -como ella misma lo recordó- a "los intereses especiales",
sean estos burocráticos o empresarios.
Palin mencionó a "la empresas petroleras" entre quienes habían conocido su
furia política, pero lo cierto es que en este tema la gobernadora ha promovido
hasta la explotación del petróleo en el interior de los parques y reservas en
Alaska, una opción que hasta McCain ha rechazado.
De esta forma la campaña presidencial estadounidense parece un salón de
espejos donde las imágenes se muestran en sitios en que realmente no están. Ya
no se trata solo de preguntarse cuál de las dos fórmulas ganará en los
comicios, sino de acertar cuando se anticipa el grado de cambio verdadero que
pueden representar.
Otro interrogante interesante es cómo harán los triunfadores para salvar al
capitalismo de una posibilidad de autodestrucción que antes solo previó el
economista Joseph Schumpeter, entre sus defensores. Y en esto se vuelve
crítico el grado de cambio, porque más de lo mismo se insinúa como una ruta
directa al desastre.
|