La energía será materia crítica en los tiempos por venir, y de ello dan
cuenta los principales conflictos, incluyendo el de Rusia y Georgia que afectó a
un oleoducto estratégico.
Por Oscar Raúl Cardoso -
Clarín, Argentina
El mundo consume hoy alrededor de 86 millones de barriles de petróleo por día
y la polémica entre los expertos que nos aseguran que hemos alcanzado la "cima
geológica" de producción de crudo -ésta ingresará en una pendiente desde ahora,
dicen- y los que oponen su propia certeza de que la tierra aún guarda reservas
abundantes, parece imposible de saldar. Ambas partes, sin embargo, parecen
coincidir más en que superar los 100 millones de barriles por día que serán
necesarios en la próxima década resulta un objetivo poco menos que imposible. La
expectativa es que la mayor demanda de petróleo crezca en 800.000 barriles por
día.
Las razones de este pesimismo son muchas, aparte del agotamiento posible del
recurso como el aumento exponencial de la demanda en lugares como la China y la
India, dos mercados energéticos con más de 2.000 millones de potenciales
consumidores que se insinúan de una avidez apenas sospechada, entre otras.
Pero es interesante encontrar que entre esos motivos ahora figura, para los voceros de las grandes empresas petroleras (llamadas "supermayores" en la jerga de
la industria), en el "nacionalismo de recursos", una forma de aludir a las
restricciones que ahora les ponen cada vez más gobiernos para explorar y
explotar las áreas potencialmente ricas en petróleo. O bien los gobiernos exigen
a las empresas petroleras multinacionales términos menos favorables para
autorizarlas, como sucedió en Bolivia a partir de mayo del 2006.
A la cuenta de ese mismo "nacionalismo de recursos" atribuyen el modo mucho más
desafiante de las petroleras estatales -como la venezolana PDVSA o la brasileña
Petrobras, por citar tan solo dos ejemplos- que no sólo operan dentro de los
territorios nacionales sino que se han lanzado a competir en el exterior
atrapando oportunidades que, frecuentemente, llegan en la forma de convenios
interestatales o regionales.
Veamos el estado de cosas, porque de algún modo reitera rasgos de las crisis
petroleras de los años 70 en que los "malvados" del filme petrolero eran los
jeques de Oriente Medio mientras las firmas acumulaban fortunas. Las cinco
firmas más grandes, incluyendo Exxon Mobil, informaron que su producción
combinada había decrecido este año en algo más de 600.000 barriles aunque sus
ganancias, también conjuntas, habían trepado hasta los 44.000 millones de
dólares contra unos 33.000 millones del 2007.
Y todo esto sin contar con crisis militares que, en distintos puntos del
planeta, pueden interrumpir el flujo petrolero de modo significativo, como un
conflicto de Occidente con Irán que repercuta en el Estrecho de Ormuz o el
reciente enfrentamiento entre Rusia y Georgia que afectó el paso del petróleo de
Azerbaiján a través del oleoducto Baku-Tbilisi-Ceyhan definido como la moderna
"ruta de la seda" por la riqueza que fluye por sus cañerías.
Estados Unidos, que consume unos 20 millones de barriles al día, no tiene
"problemas" inmediatos según dos de sus académicos Eugene Gholz (Universidad de
Texas) y Daryl G. Press (Dartmouth College) porque sus reservas estratégicas son
más de 700 millones de barriles, más otros 1.000 millones en inventarios
privados. Calculan que, de acuerdo con la historia estadística, esta acumulación
le permitiría meses de suplir interrupciones ocasionales en el flujo.
La crisis petrolera del 1978 y la invasión de Kuwait por Irak en 1991 privaron
al mercado de unos cinco millones de barriles diarios. Esta es la base del
cálculo de Gholz y Press. Y, sin embargo, el petróleo se disparó de 35 dólares
el barril a comienzos de siglo a 120 dólares este año. Es cierto que el precio
del crudo descendió en las últimas semanas, pero aún supera los 100 dólares el
barril y la nueva situación no refleja nueva disponibilidad del recurso sino la
creciente anemia de la economía global y todos concuerdan que esa disminución
podría perderse.
En cualquier caso, la energía -aun si el más benévolo de los pronósticos se
cumple- será materia crítica en los tiempos por venir. ¿Y la Argentina? La del
país es una situación complicada porque en los 90 entregó su petróleo a manos
privadas en términos tales que las empresas que se beneficiaron ni siquiera
tienen la obligación de entregar información verídica sobre reservas confirmadas
o potenciales.
Mucho se ha hablado aquí de gasoductos y oleoductos y de ENARSA, la nueva
empresa estatal que es poco más que sus oficinas y algún área compartida en
Venezuela. La situación argentina es de extrema debilidad. Y, por si esto fuera
poco, aparecen ahora las denuncias sobre sospechas de que la Argentina no podrá
cumplir con el plazo de definición de su plataforma marítima algo que deberá
hacer ante la Comisión de Limites de la Plataforma Continental (CLPC) de
Naciones Unidas para lo que tiene un plazo improrrogable: el 13 de mayo de 2009.
La Argentina ya empleó la única prórroga posible que solicitó en el 2005.
¿Razones para la presunta molicie oficial que, según los que plantean el tema,
arranca en 1989? Las relaciones poco transparentes con su antiguo enemigo de
1982: el Reino Unido. Londres, a diferencia de Buenos Aires, se ha vuelto cada
vez más activo en el Atlántico sur. Quizá por no incurrir en el "nacionalismo de
recursos" en boga, los argentinos lo pagaremos caro, antes que después