a economía estadounidense está empezando a descifrar cómo
frenar su apetito por energía.
Los consumidores están comprando menos camionetas todoterreno y
más lavadoras de bajo consumo energético. Algunas compañías transportadoras han
ajustado sus motores para impedir que excedan cierta velocidad. Las congestiones
de tráfico se están aminorando en California. Los estadounidenses condujeron
15.456 millones de kilómetros menos en mayo comparado con el mismo mes del año
anterior, según el Departamento de Transporte.
Ante el incremento de los costos de transporte, las compañías
han estado reconsiderando la producción extranjera, haciendo empaques más
livianos y reorganizando sus redes de distribución. Por ejemplo, el fabricante
de yogurt Stonyfield Farm sólo está enviando camiones completamente llenos y
Procter & Gamble Co. está llenando recipientes más pequeños pero con detergente
más concentrado. Igualmente, los productos locales, desde la remolacha a la
cerveza, se están convirtiendo en una opción más interesante.
"La mejor arma de marketing que tengo es un galón de gasolina a
cuatro dólares", dice Betsy Kachmar, gerente general asistente de Fort Wayne
Public Transportation Corp. en Indiana. En esa localidad, los usuarios de
autobús han subido 16% en el primer semestre, comparado con el año anterior. Los
usuarios del transporte público en todo Estados Unidos aumentaron 3,4% en el
primer trimestre, según la Asociación Estadounidense de Transporte Público.
Ya hay indicios claros de que este cambio en el comportamiento
de los consumidores y los empresarios estadounidenses está teniendo un efecto en
el mercado del petróleo. El Departamento de Energía reportó que la demanda de
gasolina durante las cuatro semanas terminadas el primero de agosto fue 2,3% más
baja que en el mismo período del año anterior. La menor demanda es la causa
principal del reciente bajón del mercado del petróleo. El crudo cerró el jueves
pasado en US$115,01 por barril en Nueva York y acumula un descenso de más de 20%
desde su máximo de julio de US$145,29 el barril.
El efecto de esta nueva austeridad energética sobre el modo de
vida estadounidense dependerá en parte en los precios del petróleo a largo
plazo. El último aumento del crudo, que empezó en 1979, también produjo un
efecto conservacionista. Pero ya en 1993, los precios del crudo, ajustados a la
inflación, habían caído más de 75% y EE.UU. consumía tanta gasolina como antes.
El año pasado, el país usaba 24% más que entonces.
La demanda de economías de rápido crecimiento como China e
India hace menos probable que una caída en los precios del crudo sea duradera.
Los altos precios del petróleo han afectado aún más a la
economía estadounidense, ya atribulada por el colapso del mercado de bienes
raíces y las restricciones en el mercado de crédito. Las ventas de autos han
caído, las aerolíneas han eliminado vuelos, los pequeños transportadores están
quebrando y los costos de movilizar mercancía están erosionando las ganancias de
las empresas.
Un mal antecedente
Sin embargo, el estilo de vida estadounidense depende en gran
medida de la energía barata. Después de que la anterior alza del crudo se
revirtió a mediados de los 80, muchos consumidores volvieron a sus andanzas.
Tomaron de nuevo el volante de sus todoterrenos y las compañías trasladaron sus
plantas de fabricación al extranjero, sin preocuparse de los costos de
transporte. Ahora, muchas empresas están examinando sus costos energéticos.
Johnson Controls, una empresa de Milwaukee que ayuda a propietarios y
administradores de edificios a reducir costos energéticos, dijo que de los 1.150
ejecutivos entrevistados este año, el 41% había reemplazado equipos de
calefacción y ventilación ineficientes en el último año, comparado con un 28% el
año anterior.
Los hogares de ese país también están haciendo cambios. David
Pastor, propietario de Fletcher's Appliance en Nashua, New Hampshire, dice que
tres de cada cuatro lavadoras que vende son de bajo consumo energético,
comparado con una de cada cuatro hace dos años.
Otros países industrializados han aprendido a convivir con
precios de la gasolina más altos. En Japón y Europa los impuestos al combustible
son altos y se ha desarrollado considerablemente el transporte público. El año
pasado, Japón usó 14 barriles por persona y los países de la zona euro, 17.
Estados Unidos usó 25 barriles por persona.
Hay indicios de que los estadounidenses empiezan a ver el
transporte público con otros ojos y a reconocer los beneficios de vivir cerca de
sus trabajos. En Milwaukee, por ejemplo, los precios de las casas en el centro
de la ciudad subieron un 1,4% en el primer trimestre con respecto al año
anterior, según Zillow.com, que monitorea precios de bienes raíces. En
contraste, los precios de casas ubicadas entre 16 y 32 kilómetros del centro
cayeron 1,6%. Este año, finalmente llegará a votación un bono de US$10.000
millones para construir una línea de tren rápido entre San Francisco y el sur de
California. El mes pasado, un 62% de votantes entrevistados para un sondeo apoyó
la medida, comparado con 52% en noviembre.
Cuando se dispara la gasolina, los estadounidenses tienden a
cambiar de vehículos. El mes pasado, los camiones ligeros y todoterrenos
representaron el 45% de las ventas en EE.UU., comparado con 52% el año pasado y
60% en julio de 2005. Las automotrices, por su parte, están haciendo cambios a
sus plantas para construir autos más pequeños.