(IAR Noticias)
05-Agosto-08
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Robert Gates junto al presidente Bush |
El secretario
(ministro) de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, marcó una
estrategia fundamentalmente dirigida en el corto y mediano plazo a
evitar las amenazas que plantean "movimientos extremistas violentos,
como Al Qaeda y sus asociados".
Por Jim Lobe - IPS
Al mismo tiempo, sugirió tomar recaudos contra el
creciente poderío militar de "Estados renegados como Irán y Corea
del Norte" y potenciales rivales, en especial China y Rusia, según
un informe que divulgó el jueves sobre los lineamientos de la
política de defensa del país.
En su primera "Estrategia Nacional de Defensa" el funcionario
también plantea de manera reiterada la necesidad de mantener una
estrecha cooperación con países aliados.
Esta visión contrasta con el enfoque mucho más unilateralista de su
predecesor en el cargo, Donald Rumsfeld, especialmente durante el
primer mandato del presidente George W. Bush (2001-2005).
Estados Unidos "debe fortalecer y expandir alianzas y asociaciones",
destacó Gates. "El sistema de alianzas estadounidense ha sido la
piedra angular para la paz y la seguridad durante más de una
generación y continúa siendo la clave de nuestro éxito."
"No podemos prevalecer si actuamos solos", anotó Gates en la
introducción del documento de 23 páginas. Al mismo tiempo, Estados
Unidos debe mantener el máximo grado posible de "libertad de acción"
y "acceso estratégico a importantes regiones del mundo para cubrir
nuestras necesidades en materia de seguridad nacional", aseguró.
Gates observó que "el bienestar de la economía mundial está ligado
al fácil acceso a los recursos energéticos". A pesar de los
esfuerzos nacionales para reducir la dependencia del petróleo, "las
tendencias actuales señalan que se incrementará" en lo que hace al
consumo de hidrocarburos importados "de áreas inestables en los
próximos años".
A lo largo del documento, Gates enfatiza repetidamente la
importancia para la estrategia de defensa del llamado "poder
blando", es decir el ejercicio de influencia a través de la
ideología y la cultura, en lugar de confiar exclusivamente en la
fuerza militar.
"Como nación, no sólo debemos fortalecer nuestra capacidad militar,
sino infundir nuevo vigor a otros importantes elementos del poder
nacional y desarrollar la habilidad para integrar, dar forma y
aplicar esas herramientas", señala el documento.
El Departamento (ministerio) de Defensa "ha asumido buena parte de
esa carga" y necesitará "institucionalizar y retener esas
capacidades, pero esto no reemplaza la participación civil y su
experiencia y conocimientos", agrega.
En los últimos nueve meses, Gates solicitó al Congreso legislativo
que tomara medidas para fortalecer al Departamento de Estado
(cancillería), especialmente las áreas vinculadas con la promoción
del desarrollo.
La publicación de esta nueva estrategia pone fin a un largo proceso
de debate interno, iniciado cuando Gates reemplazó a Rumsfeld en
2006.
La discusión se centró en cuáles debían ser las mayores prioridades
del Departamento de Defensa, que gasta anualmente más de 600.000
millones de dólares y está envuelto en guerras en Afganistán e Iraq
para las que estaba inicialmente mal preparado.
Gates considera que se debe dar la máxima prioridad a las llamadas
"pequeñas guerras", es decir la lucha contra organizaciones
extremistas como Al Qaeda y movimientos insurgentes como la milicia
islamista Talibán en Afganistán o diversas facciones dentro de Iraq.
Asimismo, ha insistido que dada la abrumadora superioridad militar
de Estados Unidos sobre cualquier país que pueda ser un rival
potencial, son esos otros conflictos los que aparecen como las más
probables amenazas para los intereses de Washington y la estabilidad
internacional en los próximos 10 ó 20 años como mínimo.
"El predominio estadounidense en la guerra convencional no es
indisputable, pero puede sostenerse a mediano plazo dadas las
tendencias actuales", declaró Gates unos meses atrás. Ese argumento
ha sido cuestionado por varios altos funcionarios, quienes
consideran que un cambio de estrategia tan marcado, hacia una forma
de guerra de "baja tecnología", podría derivar en serias
vulnerabilidades en el frente convencional.
Estos críticos cuentan con el apoyo de los mayores contratistas de
defensa, cuyas generosas contribuciones a las campañas políticas les
garantizan un fácil acceso a los legisladores.
El documento procura equilibrar ambas posiciones. Al hacerlo
público, Gates señaló el hecho de que los militares y el Congreso
"apoyan decididamente los programas de modernización de las fuerzas
convencionales y estratégicas".
De todas formas, el texto reafirma el énfasis que Gates otorga a la
contrainsurgencia y el contraterrorismo.
"En el futuro previsible, el panorama estratégico estará definido
por la lucha global contra la ideología extremista violenta que
busca derribar el sistema internacional" basado sobre los Estados,
señala el documento en referencia a Al Qaeda y sus "asociados".
Gates comparó esa ideología con el fascismo y el comunismo.
Asimismo, enfatizó que aunque "Iraq y Afganistán continúan siendo
los principales frentes de esa lucha", el éxito militar en ambos
países no garantiza la victoria por sí mismo.
"El uso de la fuerza juega un papel, pero los esfuerzos militares
para capturar o matar terroristas deben subordinarse a medidas para
promover la participación en el gobierno y programas de desarrollo
económico, acompañados por la voluntad de comprender y dar respuesta
al descontento que frecuentemente alimenta las insurgencias", señala
el documento.
"Por estas razones, se puede argumentar que el componente más
importante de la lucha contra los extremistas violentos no es la
lucha que nosotros realizamos, sino qué tan bien podemos ayudar a
nuestros aliados para defenderse y gobernarse a sí mismos", agrega.
Entre otras posibles amenazas, el texto señala a China, Rusia, Irán
y Corea del Norte.
"China es un Estado en ascenso, con el potencial de competir con
Estados Unidos. En el futuro inmediato, debemos tomar recaudos
contra su creciente modernización militar y el impacto de sus
decisiones estratégicas sobre la seguridad internacional", destaca
el documento, que al mismo tiempo propone el establecimiento de
mayores contactos entre las fuerzas armadas de ambos países.
Por otra parte, aunque Washington comparte intereses con Rusia y
"puede colaborar con ella de diversas maneras", causa preocupación
"el retroceso de la democracia" en ese país y la "creciente
intimidación política y económica a sus vecinos", advierte.
De todas formas, señala, "buscaremos afianzar a China y Rusia como
actores responsables en el sistema internacional", al igual que a
India, "en proporción con su creciente poder, tanto 'blando' como
económico y militar".