McCain acusa a Obama de "jugar la carta de la raza" y los demócratas
consideran que los republicanos intentan desviar la atención.
El factor de la raza ha hecho finalmente aparición en la carrera por la
Presidencia de Estados Unidos. John McCain y Barack Obama se han enzarzado esta
semana en una batalla dialéctica en la que uno de los temas más socialmente
sensibles en Estados Unidos ha sustituido a Irak y a la economía como principal
punto de debate entre ambos candidatos.
Ninguna de las dos partes implicadas ha asumido la responsabilidad de
introducir la cuestión racial en las elecciones presidenciales estadounidenses.
Pero sería justo decir que este giro de los acontecimientos se ha cocido entre
ambos partidos. Primero, Obama realizó unas declaraciones el pasado miércoles en
las que advertía a sus votantes de que los republicanos intentarían presentarle
como un candidato "de los que no aparecen en los billetes de dólar".
La campaña de McCain terminó de cerrar el círculo a través de su portavoz,
Rick Davis, y finalmente por el propio candidato republicano: "divisivo",
"negativo", "vergonzoso" y "simplemente equivocado" fueron los adjetivos que se
le dedicaron a Obama por "jugar la carta de la raza".
No es que este factor haya aparecido ahora por primera vez en la carrera
electoral. En las primarias demócratas, Obama y su rival, Hillary Rodham Clinton,
participaban de sus respectivas condiciones que les hacían pioneros en su
aspiración al cargo: negro y mujer. Un respectivo subtexto al que ninguno de los
oponentes --ni siquiera los republicanos-- se refirió en términos peyorativos.
Pero esta es la carrera final, donde un simple gesto en este sentido puede
provocar un escalada de declaraciones. Dicho gesto tuvo lugar finalmente esta
semana, y tuvo como protagonistas involuntarias a Britney Spears y Paris Hilton.
Cronología
La imagen de Barack Obama aparecía intercalada entre fotos de la cantante
de pop juvenil y la heredera de la fortuna Hilton en un anuncio desarrollado por
la campaña de McCain, titulado "Celebridad" y que tenía como objetivo restar
importancia a la reciente gira del candidato demócrata por Europa y Oriente
Próximo destinada a fortalecer su posición en el extranjero y demostrar a sus
votantes que contaba con la experiencia internacional suficiente como para
asumir un hipotético cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas
Estadounidenses.
El anuncio se limitó a presentar a Obama como una "celebridad mundial", a
tenor de la expectación que despertó su visita. "Es la mayor celebridad del
mundo. ¿Pero está preparado para liderar?", se planteó la pieza.
La respuesta de Obama no se hizo esperar. Lo hizo el miércoles en un mitin
celebrado en Misuri. Allí, Obama predijo que el nuevo objetivo republicano es
atemorizar al votante. "Intentarán que os asustéis de mí, ya sabéis: 'No es lo
suficientemente patriótico... tiene un nombre raro... no se parece a los otros
presidentes que se encuentran en los billetes de dólar'", declaró ante la
multitud.
El jueves, Rick Davis publicaba un indignado comunicado en el que acusó a
Obama de "jugar la carta de la raza desde el fondo de la baraja" en referencia a
una conocida trampa del póker. McCain añadió después más leña al fuego, tachando
los comentarios de su rival como "divisivos, negativos, vergonzosos y
equivocados".
Desvío de atención
Algunos analistas políticos señalan que, al mencionar explícitamente la
cuestión racial, la verdadera intención de McCain ha sido desviar la atención de
los ataques de Obama al programa de política energética del candidato
republicano.
En este sentido, Obama insistía ayer en la necesidad de aprobar un paquete
de medidas destinado a luchar contra el incremento de los costes de la energía.
Entre ellas, por ejemplo, la devolución inmediata de 1.000 dólares a las
familias con bajos y medios ingresos. "Con el aumento de los precios, del paro,
y las turbulencias en el sistema financiero, está claro que tenemos que hacer
más", declaró en una reunión celebrada en St. Petersburg (Florida).
Obama tiene que insistir porque McCain desvía la atención de los votantes.
Es lo que opina un portavoz de la campaña del senador demócrata, Robert Gibbs.
"Esta carrera está marcada por los grandes desafíos", apuntó, "entre los que se
cuentan una economía tambaleante, una política exterior completamente rota y una
crisis energética que afecta a todos menos a las petroleras".
"Obama no considera en modo alguno que la campaña de McCain esté empleando
la raza como un tema de debate, pero está seguro de que los republicanos están
empleando las mismas políticas de baja estofa de toda la vida para asegurarse de
que los votantes se distraigan de las verdaderas cuestiones de esta campaña,
cuestiones de las que Obama seguirá hablando", añadió.
Pero situar la cuestión racial en el centro del debate tiene su precio.
Algunos votantes blancos podrían juzgar al candidato por ese baremo --en algunas
convenciones republicanas se han visto chapas con la leyenda "Si Obama es
presidente, ¿se le puede seguir llamando 'Casa Blanca'?"-- pero también podría
volverse en contra de la campaña del senador McCain.
"Una campaña de desprestigio no es algo bonito de ver. Caer tan bajo no
debería ser propio de McCain, pero los demócratas serían unos inconscientes si
no se dieran cuenta de que, a veces, este tipo de estrategias funcionan",
comentó el analista del 'New York Times', Eugene Robinson, que tachó la
estrategia republicana de "bizarra", "desesperada", "cruel" y finalmente,
"estúpida".
El caso es que McCain no es ajeno a problemas relacionados con la raza en
su carrera política. Uno de los factores que le llevaron a perder las primarias
republicanas en 2000 en Carolina del Sur fue el rumor de que era el padre
ilegítimo de un niño negro. "Aprendió mucho en esa época, pero aparentemente, no
todo bueno", comentó al respecto el ex presidente del Partido Demócrata en ese
estado, Dick Harpootlian.