Barack Obama encendió una
vela en Yad Vashem, el memorial en Israel del Holocausto judío. Pronunció un
discurso con cajas vacías de cohetes palestinos a sus espaldas. Oró en
silencio ante el Muro de los Lamentos.
Por Peter Hirschberg -
IPS
Estas son algunas instantáneas que dejó en 36 horas la
visita a Israel del virtual candidato presidencial del opositor Partido
Demócrata estadounidense, que concluyó el jueves 24 de julio.
Una de las intenciones de Obama en esta escala de su gira de ocho días por
siete países de Medio Oriente y Europa fue despejar las dudas y suspicacias
que su candidatura despierta entre los votantes estadounidenses judíos.
El senador demócrata también viajó a la ciudad cisjordana de Ramalá para
reunirse con el presidente palestino Mahmoud Abbas, una escala que muchos
políticos dejan de lado en sus giras pro Medio Oriente.
De todos modos, Obama tenía su mira no tanto en los israelíes sino en los
votantes judíos de Estados Unidos.
El principal objetivo de la gira era sacar lustre a sus credenciales en
materia de política internacional, considerada su talón de Aquiles en la
comparación con el supuestamente más experimentado candidato del gobernante
Partido Republicano, John McCain.
Pero en Israel, la visita tenía un valor agregado: transmitirles con
claridad a los judíos estadounidenses el mensaje de que estaba comprometido
con la seguridad israelí y con la actual relación estratégica entre su país
y el que lo recibía con los brazos abiertos.
En Yad Vashem también dejó una corona de flores y un mensaje en el libro de
visitantes: "En tiempos de gran peligro y tormento, guerra y conflictos,
somos bendecidos por tener un recordatorio tan poderoso del potencial humano
para el mal, pero también de nuestra capacidad para elevarnos de la tragedia
y para rehacer el mundo."
En Sderot, una de las localidades más golpeadas por los cohetes disparados
por palestinos desde Gaza. "Si alguien disparara cohetes en mi casa, donde
vivo con mis dos hijas, haría todo lo que estuviera en mi poder para
detenerlos, y espero que Israel haga eso mismo", declaró.
En su reunión con el presidente Shimon Peres, Obama sostuvo que su viaje
tenía el objetivo de "reafirmar el vínculo especial entre Israel y Estados
Unidos y mi permanente compromiso con la seguridad de este país".
"Confío en servir como un aliado efectivo, sea como senador o como
presidente", agregó.
Obama se entrevistó y posó para la fotografía con los principales líderes
políticos de Israel. Luego de reunirse el miércoles con Peres, se encontró
con el ministro de Defensa, Ehud Barak, y con la canciller Tzipi Livni.
Ambos subieron a bordo del helicóptero que lo llevó a Sderot.
También se reunió con el líder opositor Benjamín Netanyahu y con el primer
ministro Ehud Olmert en Jerusalén.
"Obama se reunió con todos los pasados primeros ministros, con el actual y
con todos aquellos que aspiran al cargo", dijo, irónicamente, un
jerosolimitano.
Ninguno de ellos "tuvo la sensación de que yo los presionaría para que
aceptaran ninguna concesión que pusiera en riesgo la seguridad" de Israel,
dijo Obama.
Judíos estadounidenses muestran preocupación ante la posibilidad de que el
senador demócrata muestre, en caso de acceder a la Casa Blanca, una mayor
cercanía a los palestinos que el presidente George W. Bush.
También les alarma su manifiesta intención de embarcarse en un diálogo
directo con Irán, país que, según Israel, intenta hacerse con un arsenal
nuclear.
"Obama tiene problemas con algunos votantes judíos", dijo a IPS Roni Bart,
experto en política exterior estadounidense en Medio Oriente del Instituto
para la Seguridad Nacional con sede en Tel Aviv.
El candidato usó como "símbolos" de su compromiso con la seguridad israelí
sus visitas a Yad Vashem, Sderot y el Muro de los Lamentos, explicó.
Según Bart, la mayoría de los judíos estadounidenses no deciden su voto por
la posición del candidato hacia Israel sino por su plataforma de política
interna.
"Pero existe un sector considerable para quienes el vínculo con Israel es el
asunto más importante", agregó. "Para este grupo, la cuestión palestina y la
cuestión iraní son muy importantes. Y perciben a Obama como menos abierto a
la opción militar que sus predecesores."
Los judíos son una fracción muy pequeña del electorado estadounidense, pero
su impacto es desproporcionadamente alto porque se concentran en estados
donde no está asegurado el triunfo de uno u otro partido, como Florida, y
donan considerables sumas de dinero a las campañas políticas.
Obama también tiene muy claro que tiene una proporción de adhesiones entre
los judíos menor que cualquier candidato presidencial demócrata, según las
encuestas.
Por lo general, según Bart, 85 por ciento votan a ese partido, pero esa
proporción bajó en las elecciones pasadas, con John Kerry como candidato, a
76 por ciento, y se redujo aun más ahora, con 63 por ciento.
Muchos israelíes comparten la preocupación de esos judíos estadounidenses.
No obstante, la mayor parte de la izquierda israelí critica la falta de
involucramiento del gobierno de George W. Bush con el proceso de paz de
Medio Oriente, y considera que un compromiso activo y enérgico por parte de
Estados Unidos es fundamental para alcanzar un acuerdo.
Ése parece ser el enfoque de Obama. Pero los sucesivos gobiernos israelíes,
dijo Bart, siempre preferirán una Casa Blanca menos intervencionista y "más
halcona", lo cual explica la preferencia del gobierno por McCain, indicó
Bart.
"Obama es percibido como una especie de Jimmy Carter (1977-1981), y McCain
más como Bush", añadió. "Entre esos dos modelos, cualquier primer ministro
israelí preferiría a Bush sobre Carter."