El rescate de grandes bancos en problemas por parte de la Reserva
Federal de los EE.UU. muestra en forma elocuente las debilidades del sistema
financiero internacional.
Por Oscar Raúl Cardoso - Clarín
Quizá en el final -cuando su nivel de aceptación, dicen las encuestas, está
por debajo de los que precedieron la renuncia de Richard Nixon- le haya llegado
la hora del acierto, al menos parcial. La semana pasada, sin advertir que lo
estaban filmando con un celular, George W. Bush aseguró que "Wall Street se
emborrachó y ahora está sintiendo la resaca". Lo criticaron por mostrar un humor
oscuro y áspero, poco apropiado para tiempos en que tantos de los ciudadanos que
aún preside están luchando con la inflación, perdiendo sus hogares y temiendo
que el correo les entregue la notificación del despido. Pero veamos en qué puede
haber acertado.
Apenas el jueves pasado un par de informes negativos sobre un banco regional (National
City) y una entidad hipotecaria (Washington Mutual) llevó a los índices
accionarios hacia una nueva picada, interrumpiendo un ciclo de seis sesiones
consecutivas de alza en la Bolsa de Valores. Ayer hubo una recuperación también
basada en indicios circunstanciales, pero un tanto menos sólidos que los del día
anterior.
¿Cuáles fueron los de la buena noticia? El índice del consumidor que confecciona
mensualmente la Universidad de Michigan mostró una inesperada mejoría. Las
órdenes de bienes durables también crecieron (0,8% en junio). La venta de casas
nuevas declinaron (0,6%) menos de lo esperado y su valor promedio subió unos
3.000 dólares. Pero estas cifras sólo podían ser apreciadas con ayuda de una
generosa cantidad de alcohol.
La confianza de los consumidores aún sigue estando bastante por debajo de la del
primer mes de este año; si a los bienes durables se les quitan las órdenes para
la industria de defensa el índice queda en el raquítico 0,1%, lo mismo que en
mayo pasado; y en cuanto a los inmuebles, su valor permanece un 2% por debajo
del año anterior.
En este juego de montaña rusa, la quintaesencia del sistema capitalista -el
estadounidense- pone en juego su credibilidad. En verdad, esos "capitalismos"
eran intrínsecamente débiles.
En Estados Unidos, el mito aseguraba que quien invertía ponía en riesgo su
dinero y si lo hacía sin sabiduría el mercado se encargaba de obligarlo a
racionalizar su patrimonio en un juego en el que los activos pasaban de manos
débiles a manos fuertes. Ya no más, parece ser.
Los capitalistas estadounidenses de hoy juegan de modo diferente; un economista
lo explicó recientemente con el de revolear la moneda: cara gano yo, seca
pierden los contribuyentes.
Esto se aplica a los rescates de bancas como Bear Stearns -que terminó yendo a
los activos de J. P. Morgan Chase con dinero fiscal- y de Fannie Mae y Freddie
Mac, dos instituciones que pertenecen al "Grupo de Empresas Patrocinadas por el
Estado" -esto es poseen una garantía no escrita del Fisco- exclusiva clase de
firmas que alguna vez fueron creadas para incentivar el desarrollo sectorial.
La primera de esta clase de entidades destinada al sector rural data de 1916.
Ahora -y salvo en el caso de crisis como la actual- han desaparecido o son
enteramente privadas. Salvo, claro está, a la hora de repartir pérdidas.
¿Pero qué hubiese pasado si se hubiera intentado actuar de acuerdo con el mito?
La crisis se hubiera globalizado, dicen los expertos. Los bancos centrales de
China y Japón hubieran quedado atosigados de papeles sin valor de Fannie Mae y
Freddie Mac donde han invertido ciento de miles de millones de dólares.
En un arco que cubre de Corea del Sur a Suecia -escribió hace poco Peter S.
Goodman en The New York Times- hay bancos que tienen inversiones hechas en el
mercado de hipotecas estadounidense y una caída en dominó se hubiera trasladado
en parálisis y miedo y ausencia de capital al sistema financiero global.
El argumento común fue en cada caso: no puede suceder, son instituciones
demasiado grandes para que caigan. Curiosamente dejarlas caer o desprenderse de
empresas en dificultad fue una condición central que, desde los años 40,
organismos como el Fondo Monetario Internacional han impuesto a los Estados para
acceder al capital.
Aun los que no pronostican una depresión al estilo de la del 29 anticipan que
por lo menos otras dos grandes instituciones deberán ser rescatadas antes que
las cosas mejoren. Y si no se puede hacer la crisis será global sumándose a las
de los precios de la energía y los alimentos.
Es bueno pensar en todas las posibilidades ahora porque, está visto, como lo
afirmó Bush, que supo tener sus propios problemas con la bebida, no es
inteligente dejar a los borrachos conducir el vehículo de la economía global,
sean éstos personas o sistemas.