El New York Times (NYT), el periódico más conocido del mundo,
atraviesa uno de los períodos más difíciles de su historia. Y no por problemas
periodísticos, como el caso de aquel Jayson Blair que se inventaba las noticias
y que forzó la dimisión del anterior director del diario, ni tampoco por la
competencia de Internet o el desafío de las nuevas tecnologías. El problema es
la crítica situación económica en que se encuentra, que le ha puesto al borde de
la rebaja de su calificación crediticia a la categoría de bono basura.
Por Ainhoa Giménez -
El Economista, España
La editora del periódico, que cotiza en Wall Street desde su fundación,
anunció el miércoles tras el cierre del mercado una caída del 85% en su
beneficio trimestral hasta 20,8 millones de dólares ó 15 centavos por acción;
muy por debajo de los 22 que esperaba el consenso. Además, la empresa reconoció
que seguirá sufriendo por culpa de la crisis publicitaria -consecuencia del
parón económico general- y de la competencia de otros medios.
Y Standard & Poor's decidió ayer poner al rating de la empresa en revisión
bajista, y eso que ya se encuentra en BBB-. Es decir, que está a punto de
rebajar su calificación crediticia al nivel de bono basura. "Esta revisión
refleja un ritmo acelerado de caída de los ingresos y del Ebitda en el primer
semestre de 2008, que indica que la empresa puede tener dificultades para
alcanzar nuestras expectativas en que se basa el actual rating", explica S&P.
Ayer estos problemas se tradujeron en una caída del 5,45% de la acción en
bolsa, que acumula un 28,8% de pérdida en lo que va de año. Pero lo más
grave es que los credit-default swaps (instrumentos que sirven para
protegerse contra un posible impago de los bonos de la empresa) alcanzaron
niveles récord ayer. "No conseguimos adivinar ni un solo escenario positivo",
escribe el analista de Barclays Capital Hale Holden, quien recuerda que una de
las principales líneas de crédito de la empresa vence en 2009. Aunque Barclays
no prevé que el NYT tenga problemas para aplazar ese vencimiento (refinanciar
esa deuda), sí cree que es posible una rebaja de rating que se traduciría en
unos términos más onerosos impuestos por los acreedores.
El NYT no desvela si va a recortar su dividendo. Y, aunque asegura que espera
reducir sus costes en más de 130 millones de dólares en 2008, también ha elevado
su previsión para costes de adquisición. "Esto sugiere que están más preocupados
aplacando a sus accionistas que tratando de conservar su calificación
crediticia", según la empresa de análisis Markit Group.
Paradigma de la crisis de un modelo
Sea como fuere, el caso del NYT es absolutamente paradigmático de la crisis
del sector media en todo el mundo. Es bien sabido que la publicidad es la
primera víctima de los recortes de costes en las empresas, lo que convierte a
este negocio en uno de los más cíclicos. Y no nos encontramos precisamente en el
mejor momento del ciclo. En España somos muy conscientes de este escenario, con
el descalabro de los valores de medios este año en nuestra bolsa, tanto de las
televisiones como de los conglomerados multimedia.
Pero, además de la crisis económica, hay algo más detrás de la caída en
desgracia del NYT. Y es la crisis del modelo de la prensa de papel. Casi
una década después de la popularización de Internet, los grandes medios de
comunicación siguen buscando su modelo para aprovechar el enorme potencial de
este medio sin canibalizar su edición tradicional en papel. Y hasta ahora
ninguno ha dado con la fórmula mágica. Tanto es así que periódicos líderes en
España tanto en papel como en Internet, como 20 minutos o El Mundo,
han entrado en pérdidas o preparan reducciones de plantilla.
El jueves, el Wall Street Journal era el único medio en el que podía leerse
un comentario amplio sobre la crisis del NYT; no es extraño, puesto que es su
gran rival junto al Washington Post, y además es su gran oponente
ideológico (el NYT es demócrata y el WSJ es republicano a machamartillo). Pero
el periódico financiero por excelencia de EEUU hace mal en hacer leña de la
caída de su rival.
Él mismo lleva años reinventándose (ahí está la reducción del tamaño de su
edición europea hasta el formato tabloide) y está buscando reposicionarse tras
su adquisición por parte de Rupert Murdoch, con un perfil político mucho más
acusado que cuando era independiente. Por no hablar de su conflictiva relación
con Internet: de una edición completamente de pago ha pasado a abrir la mayoría
de sus contenidos, aunque mantiene contenidos y servicios premium... condenados
a desaparecer, según nos enseña la experiencia de la mayoría de los periódicos
mundiales (ahí está el ejemplo de El País).
El papel sobrevivió a la radio y a la televisión, y sobrevivirá a Internet.
Pero tendrá que adaptarse, como hizo con la aparición de dichos medios. Y
una crisis tan grave como la actual servirá para purgar un sector que
probablemente cuenta con demasiados jugadores en la era de Internet. Hasta ahora
cualquiera podía ganar dinero, o por lo menos sobrevivir; a partir de ahora
vamos a ver quiénes son realmente buenos y quiénes no.