|
 |
|
El candidato republicano John McCain con su asesor Phil
Gramm (derecha) durante un mitin en la Universidad del Sagrado Corazón en
Fairfield, Connecticut. (Foto Ap) |
Suena ocioso dictaminar la “muerte del reaganomics”, según E.J.
Dionne, después del histórico rescate gubernamental de Freddie y Fannie (ver
Bajo la Lupa, 13/7/08)
Por
Alfredo Jalife-Rahme -
La Jornada,
México
Nada menos que Barney Frank, demócrata de Massachusetts y jefe del Comité de
Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, pone en la picota el mito
del libre-mercado neoliberal: “nos encontramos en una crisis mundial debido a la
excesiva desregulación” (nota: la ausencia de supervisión gubernamental y
ciudadana).
E. J. Dionne reporta los asertos de Barney Frank en su artículo: “La muerte
del reaganomics” (Truthout, 10/7/08): “la principal historia política
de 2008 tiene poca cobertura. Involucra el colapso de las suposiciones que han
dominado nuestro debate económico durante tres décadas”.
¿Sin el control neototalitario de los multimedia anglosajones
hubiera podido perdurar tanto uno de los mayores engaños económicos de todos los
tiempos, el thatcherismo-reaganomics, es decir, el neoliberalismo
anglosajón global?
Barney Frank remarca que las muy laxas reglas bancarias aprobadas por el
Congreso en 1999, que sustituyeron la Enmienda Glass-Stegall de la época de
Roosevelt, “permitieron que los bancos de inversiones penetraran con mayor
amplitud actividades sin regulación”, lo que de cierta manera creó el caos de
las hipotecas subprime (de baja calidad) y las “cascadas en calamidad
de los bancos”.
Frank pretende descubrir el hilo negro cuando expresa que “el libre comercio
ha aumentado la riqueza, pero ha sido monopolizado por un muy pequeño número de
personas” cuando el “próximo debate se enfocará no al desmontaje de la
globalización, sino a manejar sus efectos con un ojo puesto en los intereses de
los más vulnerables del país”.
El problema es doble: la ontología y teleología de la globalización, así como
la definición de “vulnerables” cuando los bancos centrales del G-7 (y sus
excrecencias tropicales) rescatan selectiva y unidireccionalmente a los
parasitarios banqueros, quienes todavía se dan el lujo de despedir masivamente a
sus empleados. ¡El mundo al revés!
Phil Gramm, texano oriundo de Georgia (anterior demócrata y luego republicano
de extrema derecha), encabezó la desregulación bancaria de 1999: la
Enmienda Gramm-Leach-Bliley. El apóstata Gramm, en ese entonces jefe del Comité
Bancario de Vivienda y Asuntos Urbanos del Senado, recibió en retribución más de
un millón de dólares por la industria de Seguros e Inversiones, según
OpenSecrets.org.
Ahora Gramm, vicepresidente del atribulado banco suizo UBS y consejero
económico de John McCain, regañó a los estadunidenses de ser unos “llorones” y
de padecer una “recesión mental” en similitud a la “depresión mental”, ya que
Estados Unidos seguía creciendo uno por ciento, pese a todo, cuando “nos hemos
(sic) beneficiado inmensamente de la globalización de la economía en los
recientes 30 años” (The Washington Times, 9/7/08). Sin duda, la
globalización benefició a la plutocracia texana del Partido Republicano como a
nadie.
E. J Dionne advierte que “desde los años de Reagan, los clichés del libre
mercado han pasado por análisis económicos sofisticados. Pero en la presente
crisis, tales ideas se han desplomado, una a una, cuando hasta los conservadores
admiten que el capitalismo se encuentra enfermo”.
La desregulación fue propuesta por los fanáticos monetaristas
Friedrich von Hayek y Milton Friedman –respectivamente teóricos del thatcherismo
y el reaganomics, es decir, el neoliberalismo anglosajón global– y
apuntalada por la Universidad de Chicago (los Chicago Boys), American Enterprise
Institute (que controla Dick Cheney) y the Brookings Institution, quienes
intoxicaron los círculos académicos con un diluvio de publicaciones mendaces.
Alfred E. Kahn dio inicio a la desregulación del transporte en Estados
Unidos con los consabidos resultados cataclísmicos.
Dionne comenta la reciente postura rooseveltiana del malhadado
gobernador de la Reserva Federal, Ben Shalom Bernanke, quien ha
reclamado mayor regulación mediante una “prudente (sic) supervisión de
los bancos de inversión y otros tratantes financieros mayores”.
Después del caos creado por su antecesor Alan Greenspan, ahora Bernanke
propone a destiempo (después de tantos estragos locales y mundiales) la
“estabilidad financiera” que pasa por la abolición de la demencial
desregulación.
El asesor de McCain sentencia juiciosamente que “ésta es la tercera vez en
cien años que se ha derrumbado el apoyo a ideas económicas dadas por inmutables.
La Gran Depresión desacreditó las doctrinas radicales de laissez-faire
(nota: “dejar hacer”) de la época de Coolidge.
“La estanflación de los 70 y el inicio de los 80 socavó las ideas
del New Deal (nota: el Nuevo Contrato Social de Roosevelt) y estimuló
el renacimiento de las nociones radicales de libre mercado. Lo que se está
convirtiendo en el Pánico (sic) de 2008 significará el fin de la época reciente
de las reglas capitalistas”. El grave inconveniente, a juicio de E.J. Dionne, es
que el capitalismo en su radical expresión neoliberal no respeta ni sus propias
reglas.
Sorprende a Dionne que los “conservadores, quienes veneran el capitalismo
ofrezcan sus propias críticas a la forma en que opera el sistema”: mientras
“algunos conservadores se preocupan ahora del impacto social y económico de
crecientes desigualdades, Stelzer (nota: Irwin Stelzer, director del Centro de
Estudios de Políticas Económicas del Instituto Hudson) no lo hace”, pero es muy
crítico del “proceso que ha producido la desigualdad”.
Hay de conservadores a conservadores, porque su fauna tropical aún ni se
entera del mefitismo que destila la putrefacción del neoliberalismo global y que
Martin Wolf, editor en jefe de la sección económica de The Financial Times,
sitúa el 14 de marzo reciente (fecha del rescate del quebrado Bear Stearns) y
que Bajo la Lupa ubica por razones multidimensionales en marzo de 2004, cuando
se conoció la derrota militar de Estados Unidos en Irak (Hacia la
desglobalización, Ed. JORALE, 2007).
La banca del G-7 (y sus excrecencias tropicales) se ha convertido en la mayor
plaga financiera que padece el género humano. La desregulación
financiera liberó de todos los zoológicos del mundo a las hienas y chacales,
disfrazados de banqueros, sedientos de ganancias ilimitadas al precio de la
dislocación social y la depredación ambiental.
Mucho más que los multiasesinos seriados, los banqueros deben ser
estrechamente vigilados y “regulados” para impedir que causen tantas
calamidades. La estricta regulación bancaria y financiera, actividades
consustancialmente diabólicas, constituye un acto de la más alta civilización.