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El Exxon Valdez encalló en Príncipe Guillermo Sound, Alaska en 1989, derramando más de 270,000 barriles de petróleo crudo. |
Han pasado 19 largos años desde que Exxon Valdez, bajo la autoridad del capitán
borracho Joseph Hazelwood (de quien se ha informado que había bebido cinco
vodkas dobles antes de subir al barco), vertiera al menos 11 millones de crudo
de petróleo sobre más de 1.300 millas de la costa virgen de Alaska.
Por Sharon Smith (*) -
Revista Sin Permiso
Antes de lograr la designación como candidato del Partido Demócrata, Barack
Obama contrastó su visión para el papel futuro del Tribunal Supremo de los EEUU
con la de su rival John McCain, aduciendo que el sesgo actual del Tribunal
consistente en favorecer a los "poderosos en detrimento de quienes no tienen
poder" ha permitido a los intereses empresariales y gubernamentales pisotear a
la gente ordinaria y sus problemas. En esa vena populista, Obama describió como
sus modelos para el Tribunal Supremo a jueces como Stephen G. Breyer, Ruth Bader
Gingsburg y David H. Souter, quienes pretendía que era la "gente de los
tribunales que tiene empatía suficiente, sentimiento suficiente" por aquellos
machacados por la América empresarial.
En junio, una vez asegurada la designación, Obama perdió inmediatamente el
interés por la gente ordinaria y empezó a jadear por el apoyo empresarial. Acaso
por esta razón no sintiera necesidad de criticar al Tribunal por el fallo del 25
de junio a favor de Exxon-Mobil, que reducía a mera calderilla el monto de la
indemnización por daños y perjuicios que la empresa más rentable de la historia
adeuda a cerca de 30.000 pescadores, trabajadores de la industria conservera y
nativos de Alaska, el sustento de los cuales fue destruido en 1989 por el
vertido de petróleo de Exxon Valdez, el peor desastre ecológico de la historia
empresarial.
El propio Souter redactó la decisión que decía que "las indemnizaciones eran
excesivas en tanto que conflicto de derecho común marítimo". Souter no dijo que
el derecho común era prácticamente inexistente pero que estaba siendo inventado
sobre la marcha por el actual Tribunal Supremo. Exxon-Mobil basó únicamente su
apelación marítima en una oscura decisión de 1818 conocida como la amable Nancy,
en que el Tribunal falló que los propietarios de un barco privado no eran
responsables de las indemnizaciones por un robo cometido por un marinero en el
desempeño de su trabajo. Durante el interrogatorio, Ginsburg --que disiente de
la actual sentencia-- hizo notar que era "una exageración citar como referencia
una larga serie de decisiones basadas en derecho marítimo", como pretendía Exxon,
aparentemente en vano.
El juez Samuel Alito se recusó a sí mismo para el caso porque posee stocks de
Exxon Mobil por un valor entre 100.000 y 250.000 dólares, según los informes
financieros de 2006. Pero el tribunal seguía parcial por la significante
presencia de los simpatizantes de Exxon. "¿Qué puede hacer una empresa para
protegerse de indemnizaciones por daños y perjuicios como ésta?", preguntaba el
presidente del Tribunal exasperado durante el interrogatorio. Cuando el abogado
de los demandantes, Jeffrey L. Fisher, hacía notar que Exxon no debía
beneficiarse de argumentos que su equipo legal no había expuesto, el juez
Antonin Scalia replicó: "No tienen por qué exponer cada minúsculo argumento".
Han pasado 19 largos años desde que Exxon Valdez, bajo la autoridad del capitán
borracho Joseph Hazelwood (de quien se ha informado que había bebido cinco
vodkas dobles antes de subir al barco), vertiera al menos 11 millones de crudo
de petróleo sobre más de 1.300 millas de la costa virgen de Alaska. En un
escenario que compite con el del Titanic, Hazelwood abandonó su puesto antes de
que el barco se precipitara hacia Bligh Reef en esa fatídica noche de marzo de
1989. Once horas después del accidente, la proporción de alcohol en la sangre
del capitán daba 0,241.
Pero los problemas de alcoholismo de Hazelwood eran bien conocidos en la extensa
jerarquía de Exxon. Lloyd Miller, abogado representante de los pueblos nativos
hizo notar la existencia una cultura del alcohol entre las autoridades de los
barcos de Exxon-Mobbil. Así lo declararon los testigos en el Tribunal Supremo
explicando que Hazelwood era un conocido alcohólico que había abandonado un
programa de tratamiento continuado de alcoholismo. La sentencia del Tribunal
Supremo admitía que "aunque Exxon tiene una política clara de prohibir a los
empleados trabajar a bordo dentro de cuatro horas de haber consumido el alcohol
[…] Exxon no ha presentado pruebas de haber controlado a Hazelwood después de su
retorno al servicio ni de haber considerado proporcionarle un trabajo en
tierra".
No obstante, la mayoría del Tribunal ha concluido que Exxon actuó sin "conducta
intencionada o maliciosa" para justificar el rechazo de la responsabilidad de
Exxon a pagar cuantiosas indemnizaciones a las decenas de miles de víctimas
humanas cuyas vidas quedaron patas arriba por el desastre. En 1994 un jurado
concedió 287 millones de dólares a los demandantes de Alaska para compensarles
por las pérdidas económicas inmediatas, con una media de en torno a 15.000
dólares por demandante. Pero el jurado añadió 5.000 millones dólares adicionales
en indemnizaciones por el comportamiento "irresponsable" de la compañía. Exxon-Mobil
pagó los daños compensatorios, pero el directivo Lee Raymond dijo privadamente
al mismo tiempo que lucharía con uñas y dientes para evitar pagar un sólo
céntimo en indemnizaciones por daños y perjuicios. Desde entonces la empresa ha
gastado centenares de millones de dólares en el caso, demorando el fallo, con
gran éxito, durante 14 años.
En 2006, un tribunal de apelación rebajó la indemnización por daños y perjuicios
a 2.500 millones de dólares. La semana pasada, el Tribunal Supremo redujo la
suma un 80%, hasta cerca de 500 millones (una media de 15.000 dólares por
demandante). Cuando Raymond se retiró de Exxon hace algunos años, recibió un
paquete de jubilación de 400 millones de dólares para él solo. Ahora las cerca
de 30.000 víctimas de Exxon Valdez tienen que pelearse por una minúscula parte
de una suma de aproximadamente el mismo valor real --unos 15.000 dólares por
demandante-- o un 10% de la compensación inicial de 1994.
Entre 1994 y 2008, los beneficios de Exxon se han disparado, lo que ha reducido
aún más el impacto punitivo de la última sentencia. Mientras que en 1994
ordenaba a Exxon pagar a las víctimas de la marea negra de 1989 cerca de los
beneficios de un año, la cantidad de la nueva sentencia del Tribunal apenas suma
los beneficios de cuatro días del gigante petrolífero, que obtuvo un récord de
40.600 millones de dólares en beneficios el año pasado.
La muerte inmediata de vida natural por el vertido petrolífero de Exxon Valdez
incluyó al menos 250.000 pájaros, 2.800 nutrias marinas, 300 focas, 250 águilas
calvas y miles de millones de larvas de salmones y arenques. Cerca de dos
décadas después, numerosas especies, incluyendo el arenque --fuente de
alimentación de muchas otras especies naturales-- tienen aún que volver. Como
comentó el pescador de salmón Buck Meloy en Cordova Times, "incluso ahora, 19
años después, uno sigue encontrando empalagoso, pegajoso, hediondo y tóxico
crudo de petróleo sólo a escasas pulgadas de la superficie de algunas playas de
grava en la parte occidental altamente contaminada de petróleo de Sound".
Desde el principio, el equipo de propagandistas de la compañía no reparó en
gastos en la preparación de la inevitable batalla legal que seguir, centrándose
en su artificiosa imagen pública más que en su limpieza efectiva. Como narraba
el marinero ecologista Thomas Okey, quien llegó poco después del vertido, "he
oído que las presiones políticas y legales han influido a la ciencia y
amordazado algunas de las informaciones durante los meses inmediatamente
siguientes al vertido. Retrospectivamente, me percato de que incluso las partes
implicadas habían empezado ya a construir sus estrategias legales. Los
enfrentamientos retóricos de «expertos» seguirían pronto con un desfile poco
agradable para las comunidades Aleut nativas, que habían tenido la fuente de sus
alimentos en Prince William Sound durante milenios".
Inexplicablemente, Exxon tardó tres días antes de empezar las tareas de
recuperación, tres días demasiado tarde porque la mancha de petróleo ya se había
expandido demasiado lejos como para contenerlo. Como describía una nativa de
Alaska, Kellie Kvasnikoff, "Exxon parecía más interesada en limpiar su imagen
que en limpiar el petróleo. Tenemos registrado a Don Cornett, el oficial de
relaciones públicas de Exxon, gritando frenéticamente a los limpiadores de Exxon:
«quiero algo que la gente lo pueda ver»".
Finalmente, la compañía se decidió por un éxito contundente de relaciones
públicas que empeoró la pesadilla ecológica: agua hirviendo de manguera a alta
presión en la costa. Como recordaba Kvasnikoff, numerosos científicos
consideraron que esta estrategia "hizo tanto daño como bien. El sello de la
limpieza postvertido de Exxon --agua a presión a 140 grados-- fue, según esos
científicos, veneno para la playa y diversas zonas de animales".
La campaña de relaciones públicas de la compañía desde entonces ha contado en
primer lugar con una horda de "científicos de la tierra" a sueldo de Exxon que
se han dedicado regularmente a desacreditar las reivindicaciones de los
ambientalistas sobre la devastación ecológica en Prince William Sound. El
admirador de Exxon L. D. Sociack comentaba que "en el caso de Exxon, la
aprobación pública ha dependido mucho de lo que los científicos de la empresa
han estado dispuestos a decir para convencer a la población de que el daño
ecológico en la costa de Alaska en modo alguno se acerca a lo que otros
científicos han afirmado [...] para defenderse de las acusaciones de que son
responsables por miles de millones de dólares en daños ecológicos al ecosistema
de Prince William Sound".
En 1995, Sociak informaba de que "Exxon ha proseguido esos esfuerzos con la
publicación de un estudio de Christopher Wooley financiado por Exxon que
concluía que Prince William Sound estaba mejor después del vertido de lo que lo
había estado antes".
Las secuelas siguen devastando el ecosistema de la región y las decenas de miles
de vidas humanas a él vinculadas.
Como describía Kvasnikoff, "el vertido de Valdez dañó seriamente las economías
de los municipios y su confianza secular en poderse proveer de comida y ropa del
mar. El resultado: incrementos de depresiones clínicas, violencia doméstica,
intentos de suicidio, familias rotas. Los investigadores han mostrado que la
zona de Alaska más expuesta al petróleo de Valdez es donde ha habido más
problemas sociales y psicológicos".
Mientras el común de la gente de Alaska llora, la América empresarial está de
celebración. El Instituto Americano del Petróleo y la Cámara de Comercio de los
EEUU presentaron a los amigos en el Tribunal con los informes a favor de Exxon y
se deleitaron con el regalo del Tribunal Supremo con los negocios que tienen de
protegerse de los pleitos de sus víctimas. Como declarara Tom Donohue,
presidente de la Cámara de Comercio de los EEUU, al conocer la sentencia, "es
una buena noticia para las compañías preocupados por refrenar las
indemnizaciones excesivas".
Es muy posible, con todo, que esta fratría empresarial haya ganado esta batalla,
pero que pierda la guerra de la opinión pública. Como el común de los
americanos, se tambalea por la espiral de los precios de la gasolina y los
alimentos al lado de unos salarios más bajos, acaso estén menos predispuestos a
empatizar con las mismas empresas que les están timando en la gasolinera. Es más
probable que se percaten de que, en un escenario paralelo a Exxon Valdez, el
abogado de un conductor borracho que mató a alguien no pueda alegar
razonablemente en un tribunal de lo penal que la única compensación que debe son
los gastos funerarios del muerto. Hay que pagar las indemnizaciones.
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Sharon Smith es autora de Women and Socialism y
Subterranean Fire: a History of Working-Class Radicalism in the United States
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano