areciera que los dos pertenecen al mismo
partido o que el mismo profesional les redacta los discursos. En este punto,
el que gane las elecciones de noviembre presidiría algo así como el tercer
período de Bush.En el 2007, Obama votó contra la ley de protección de EE.UU.
que amplía el alcance del espionaje ilegal al que se somete al propio pueblo
norteamericano, siempre en razón de la sedicente “lucha contra el terrorismo”.
A fines del mes pasado, defendió una reforma de esa ley que sigue otorgando
impunidad en la materia a las empresas de telecomunicaciones contratadas por
la Casa Blanca. A continuación, manifestó su desacuerdo con el fallo de la
Corte Suprema que impide la aplicación de la pena de muerte a los violadores
de niños y mujeres. En cambio, estuvo de acuerdo con la decisión de la Corte
de derogar la ley que prohibía portar armas en Washington DC y que contribuyó
notoriamente a disminuir los crímenes en la capital estadounidense. Esto no le
ganó el apoyo de la poderosa Asociación Nacional del Rifle, que destinará 15
millones de dólares para hacer campaña contra Obama, pero causó desaliento en
ciertas filas demócratas, por cierto las menos influyentes.
Está claro que el muy probable candidato demócrata a la presidencia
abandona a un sector de poco peso de su electorado natural para pulir una
imagen centrista que le atraiga votantes indecisos. No parecería necesario en
un país que padece un gobierno desprestigiado –cuenta con la disconformidad
del 65 por ciento– y el presidente menos querido de su historia: se ganó la
desaprobación del 72 por ciento de los interrogados en una reciente encuesta
de AP-Ipsos. El 76 por ciento estima que EE.UU. se encamina en la dirección
equivocada y ese índice aumenta mes a mes (www.comcast.net,
19-6-08). “Si pudiera recomenzar mi vida –decía Groucho Marx–, cometería los
mismos errores, pero antes.”
La intención de voto favorece hasta ahora a los demócratas por un 41 por
ciento contra el 32 por ciento de los republicanos y Obama y McCain se han
pronunciado por el intervencionismo en política exterior. Con algunas
diferencias: el primero adoptaría una posición más realista y pragmática que
el segundo, partidario de que las tropas norteamericanas “permanezcan cien
años en Irak si es necesario”. En este tema la diferencia de posturas es
fundamental: Obama ha reiterado que las retirará en un lapso de 16 meses.
“Siempre escucharé el consejo de los comandantes en el terreno –declaró–, pero
finalmente soy la persona encargada de tomar las decisiones estratégicas” (www.político.com,
3-7-08). Ni más ni menos.
Hay fuertes contrastes en los programas de ambos candidatos en materia de
política interior. McCain es partidario de privatizar la seguridad social, a
lo que Obama se opone rotundamente. El primero nada quiere saber con el
aborto, excepto en caso de violación o incesto. El segundo considera que es
una cuestión que se debe resolver entre médico y paciente. El republicano se
propone dejar intacto el actual sistema de salud pública, caro, injusto y
discriminatorio. El demócrata aboga por un sistema de salud abarcador que
sería obligatorio para los niños y voluntario para los adultos. En la cuestión
crucial de la elección de jueces de la Corte Suprema, McCain la desea más a la
derecha todavía y Obama se inclinará por magistrados de mente más abierta. Y
un asunto central: los impuestos.
El candidato republicano se manifestó contra la reducción de los impuestos
en el 2003, pero hoy la apoya con fervor, acepta el déficit que entraña y
preconiza un aumento considerable de los gastos de guerra; todo esto asegurará
un presupuesto deficitario a lo largo de años y años. El demócrata elevaría
los impuestos a las grandes fortunas e impodría una distribución equitativa de
esas cargas. McCain prefiere la posición de Bush y Obama adopta la posición
demócrata tradicional de favorecer –en cierta medida– a las clases medias y a
los grupos de menores ingresos. Lo cual explica la contradicción que sufren
sus partidarios progresistas.
El conocido periodista Jason Rosenbaum, por ejemplo: “Trabajaré para elegir
a Obama porque es el candidato que probablemente producirá el cambio que
quiero. Pero apenas sea elegido, me convertiré en su crítico para tratar de
que se oriente hacia la izquierda”. “Ni por un segundo creo que Obama o el
Partido Demócrata traerán necesariamente todo el cambio que necesitamos”,
agrega con escepticismo algo esperanzado (The Huffington Post, 28-6-08). Como
tantos otros, Rosembaum votará por el que considera el menos malo. Nada nuevo
bajo el sol.