The Wall Street Journal (23/6/08) se percata de la insolvencia de la
banca anglosajona, en particular del cadavérico Citigroup, casi un año después
que Bajo la Lupa: “Fobaproa/IPAB bushiano: el rescate financiero de Citigroup y
Bank of America” (29/8/07) y “La quiebra de la Banca Negra:
Citigroup, UBS, Santander y BBV”(3/10/07).
Por Alfredo Jalife-Rahme -
La Jornada,
México
La crisis multidimensional global es una genuina y primigenia crisis
financiera monetarista creada por los bancos centrales del G-7 –en particular
por el mago malhadado y malvado Alan Greenspan desde la Reserva Federal, donde
fungió como brujo aprendiz durante dos décadas– que, luego del estallido de
varias burbujas especulativas (desde las telecomunicaciones hasta los bienes
raíces), inventaron ahora la burbuja de los hidrocarburos que ha provocado en
secuencia y consecuencia la doble crisis energética y alimentaria (v. gr.
el suicido colectivo de los biocombustibles) que han orillado al planeta a una
grave crisis de disgobernabilidad y de caos geopolítico en medio del
acuciante cambio climático.
La privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas marcó el
fin del parasitario modelo neoliberal global que feneció oficialmente el 14 de
marzo pasado con el rescate que hizo la Reserva Federal del banco de inversiones
quebrado Bearn Stearns, el quinto de EU (“Fecha de la muerte del capitalismo
global” en: Bajo la Lupa, 30/3/08).
Más tardamos en advertir sobre la “Alerta financiera global: ¡segundo
semestre de miedo!” (Bajo la Lupa, 22/6/08) de lo que duró en expandirse la
metástasis global del cáncer monetarista fomentado por el exceso de liquidez de
los bancos centrales del G-7, que alentaron la demencial especulación de la
banca privada israelí-anglosajona, hoy con severos problemas de insolvencia.
La situación es muy grave. Y no es debido a que por fin lo haya asimilado con
bastante retraso Lawrence Summers, anterior secretario del Tesoro clintoniano (The
Financial Times, 30/6/08), ni a que se hayan confrontado en público las
autoridades hacendarias neoliberales de “México”, más desbrujuladas que nunca y
en plena deriva, sino porque el legendario BIP (Banco Internacional de Pagos),
con sede en Basilea, Suiza, conocido como el “banco central de los bancos
centrales”, acaba de emitir una apremiante alerta sobre la inminente explosión
de la burbuja crediticia, según reporta Ambrose Evans-Pritchard (AEP): “El Banco
de los Bancos Centrales renueva el temor de una segunda depresión” (The
Daily Telegraph, 1/7/08). AEP añora la “ortodoxia” que simboliza al BIP
frente a las “locuras de los bancos centrales modernos (sic)”.
La advertencia del venerable BIP no es nueva; había sido emitida hace un año
y ahora la refrenda, de que muchos años de una política monetaria laxa han
alimentado una burbuja crediticia peligrosa que podría provocar “mayores costos
a los supuestos comúnmente”.
Asimismo fustiga sin piedad a la Reserva Federal y sentencia que los bancos
centrales no tendrán fácil la tarea de “limpiar” el estallido de las burbujas de
los bienes raíces.
Bill White, saliente jefe de economistas del BIP, emitió su canto de cisne en
el Reporte anual número 68, que desmiente la “extinción” de la crisis
global: “las presentes turbulencias de los mercados no tienen precedente en el
periodo del posguerra. Con un riesgo significativo de recesión en EU, complicado
por una abrupta inflación creciente en varios países, se construyen temores de
que la economía global se encuentra al borde del precipicio”. Peor aún: “no es
imposible que el despliegue de la burbuja crediticia, después de un periodo
temporal de mayor inflación, culmine en una deflación que pueda ser
difícil de manejar debido a los altos niveles de deuda”.
La advertencia del BIP es muy clara para las “exageraciones” de la Reserva
Federal, Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo (BCE). Ninguno de los
pocos banqueros y economistas serios que quedan en el planeta toma en cuenta al
Banco de México, que ha resultado una vulgar excrecencia de la Reserva Federal.
Un año más tarde, la situación de los créditos hipotecarios y de consumo ha
empeorado pese a todos los engaños infantiles de los multimedia del
G-7. Nadie cree las “estadísticas” del sistema financiero anglosajón, el más
mendaz en la historia de la humanidad. El BIP muestra cautela ante el “sub
reporte del BCE sobre la contracción de la oferta de crédito”.
No es ocioso describir la “pirámide invertida de la liquidez global”, según
el BIP: derivados financieros (802 por ciento del PIB mundial y 75 por ciento de
la liquidez global), deuda securitizada (142 por ciento del PIB y 13
por ciento de la liquidez), dinero amplio (122 por ciento del PIB y 11 por
ciento de la liquidez) y dinero de poder (10 por ciento PIB y uno por ciento de
la liquidez). ¿Quién va a ser el guapo gobernador de uno de los bancos centrales
del G-7 que limpie la escatológica (en el doble sentido de la palabra)
acumulación inmunda de papel-chatarra de los derivados financieros?
Bill White coloca en la picota a los bancos globales con empréstitos por 37
millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) en
2007, que representan 70 por ciento del PIB mundial: “el dinero del mercado
interbancario no se ha recuperado. De mayor preocupación es que una mayor
restricción de las condiciones crediticias será impuesta a las entidades no
financieras que piden prestado”.
Pone en tela de juicio el “rescate por la vía fiscal”, ya que las “deudas
explícitas e implícitas de los gobiernos se encuentran tan elevadas que han
levantado dudas sobre si todos sus compromisos fuera de contrato puedan ser
totalmente honrados”.
Diagnostica que la crisis subprime fue detonadora, pero no la causa
del desastre, lo que no culpa a los tratantes de deuda. Arremete contra las
hilarantes reguladoras y calificadoras: “¿Cómo puede un inmensamente oscuro
sistema bancario emerger sin provocar claras declaraciones de preocupación
oficial?” Finalmente, AEP comenta que “siempre han existido excesos durante los
auges. Pero lo que ha hecho que éste haya degenerado es que los gobiernos
colocaron el precio del dinero tan bajo que atrajo a los bancos a su
autodestrucción”.
Lo real es que la crisis multidimensional global ha provocado una
estagnaflación, de por sí la peor receta de dos peores mundos, mientras se
avizora en el horizonte una deflación financiera. Pero lo peor de todo
radica en la inimputabilidad de los gobernadores de los bancos
centrales de G-7 y en la castración y descerebración de su clase política,
totalmente sometida a las sicóticas leyes del inexistente “mercado”.