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Khalid Shaik, el cerebro de los ataques contra EEUU de 2001, torturado por la
CIA
La confesión del terrorista que ideó el 11-S y decapitó a un periodista
estadounidense
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(IAR Noticias)
01-Julio-08
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Khalid Shaik fue atrapado en marzo de 2003. |
Pasó decenas de horas con su interrogador, Deuce Martínez, a quien le
reveló haber matado a Daniel Pearl en Pakistán.
Por Scott Shane -
The New York Time
/ Clarín
La búsqueda de Khalid Shaikh Mohammed comprometió a todo el establishment de
la inteligencia estadounidense con sus redes multimillonarias de satélites
espías y escuchas globales. Su detención, sin embargo, se debió a un simple
mensaje de texto que mandó un informante que se había escurrido en el baño de
una casa de Rawalpindi, cerca de la capital paquistaní, Islamabad.
"Estoy con K.S.M.", rezaba el mensaje, según un oficial de inteligencia a quien
se le informó sobre el episodio.
El grupo de captura esperó unas horas antes de irrumpir en el lugar la noche del
1° de marzo de 2003 a los efectos de diluir la relación con el informante, que
había participado porque quería ganar la recompensa de 25 millones de dólares
que se ofrecía. El informante, al que un estadounidense que lo conoció describió
como un hombrecito que parecía un granjero , recibiría luego el agradecimiento
personal de George J. Tenet, que en ese momento era director de la CIA, en la
Embajada estadounidense en Abu Dhabi, señalaron funcionarios de inteligencia, y
se lo trasladó a los Estados Unidos con una nueva identidad. En cuestión de días
se transfirió a Mohammed a Afganistán y luego a Polonia, donde se encontraban
los sitios negros más importantes de la CIA. La base secreta ubicada cerca del
aeropuerto Szymany, unos 160 kilómetros al norte de Varsovia, se convertiría en
un segundo hogar para Deuce Martínez durante las decenas de horas que pasó con
Mohammed.
Se eligió Polonia porque no tenía vínculos locales religiosos ni culturales con
Al Qaeda, lo que hacía improbable la infiltración o un ataque por parte de sus
simpatizantes, señaló un oficial de la CIA. Lo que tenía aun más importancia era
que los funcionarios de inteligencia polacos estaban ansiosos por cooperar.
En un primer momento, Mohammed enfrentó a sus captores con una actitud
desafiante y le dijo a un experimentado oficial de la CIA, un ex jefe de la sede
paquistaní, que sólo hablaría cuando llegara a Nueva York y se le asignara un
abogado. Esa había sido la experiencia de su sobrino y socio en el terrorismo,
Ramzi Yousef, cuando lo detuvieron en 1995.
Pero las reglas habían cambiado, y el maltrato comenzó poco después de que se
trasladara a Mohammed a Polonia. Varias versiones dieron cuenta de que Mohammed
presentó una especial resistencia: recitaba el Corán, proporcionaba información
inútil o inventaba. The New York Times informó el año pasado que la intensidad
del tratamiento que recibió --diversas técnicas de presión, entre ellas el
submarino, se usaron unas cien veces en un período de dos semanas-- hizo que se
temiera que los oficiales hubieran atravesado el límite e ingresado a la tortura
ilegal.
Empezó a cooperar de forma irregular, y los interrogadores señalaron que en
ocasiones pensaban que les daba información falsa. Sin embargo, habló con más
libertad ante Martínez.
Era evidente que una gran distancia separaba a los enemigos, el interrogador y
el prisionero. Pero Martínez compartía algunas características con su adversario
y pudo aprovecharlas para que éste le revelara sus secretos. Ambos tenían
aproximadamente la misma edad, algo menos de cuarenta años habían asistido a
universidades públicas del sur de los Estados Unidos ambos eran religiosos y los
dos tenían hijos.
Mohammed, según un ex oficial de la CIA al que se informó sobre las sesiones,
tenía ciclos emocionales .
Se ponía conversador, casi amistoso , agregó el oficial. Le gustaba discutir.
Llegaba a establecer comparaciones entre el cristianismo y el islam y decía: No
podemos llevarnos bien Según esa versión, Martínez le contestaba al hombre que
había supervisado la matanza de casi tres mil personas: No es un poco tarde para
eso En otros momentos, señaló el oficial de la CIA, Mohammed se deprimía, se
quejaba por estar lejos de su familia y protestaba por la celda o la comida.
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Un avión de la CIA parte hacia
Guantánamo. |
A veces Mohammed escribía cartas a la Cruz Roja o al presidente George Bush
transmitiéndoles sus exigencias. Las cartas se enviaban a psicólogos de la CIA
para su análisis.
También estaban los homenajes poéticos a la esposa de Martínez, garabateados en
el inglés básico de Mohammed, que los pensaba como una muestra de respeto a su
interrogador, según un colega que escuchó la versión de Martínez.
A medida que pasaba el tiempo, sin embargo, Mohammed fue proporcionando cada vez
más detalles sobre la estructura de Al Qaeda, sus conspiraciones anteriores y
sus aspiraciones. Cuando en ocasiones trataba de confundir, los interrogadores
solían llevar de inmediato sus afirmaciones a otros prisioneros de Al Qaeda que
se encontraban en la cárcel polaca a los efectos de verificar la información.
Los datos que se obtuvieron de Mohammed quedaron reflejados en el informe de la
comisión nacional del 11 de septiembre, cuyas notas al pie citan sus
interrogatorios sesenta veces por información relacionada con Al Qaeda, además
de en ocasiones calificar algunas de sus afirmaciones de no creíbles .
Los interrogatorios que citó la comisión comenzaron apenas once días después de
la detención de Mohammed y finalizaron pocos días antes de que se publicara el
informe de la comisión a mediados de 2004. Dan cuenta de una detallada historia
de la iniciación de Mohammed en el terrorismo junto con su sobrino Yousef, de
sus conspiraciones desde Bosnia hasta Filipinas y de su alianza con Osama bin
Laden, a quien el egocéntrico Mohammed se mostraba renuente a obedecer.
Mohammed afirmó haber desempeñado un papel en una larga lista de atentados
concretados y frustrados. Defensores de los derechos humanos cuestionaron
algunas de las confesiones de Mohammed, entre ellas la decapitación en Pakistán
de Daniel Pearl, el periodista del Wall Street Journal, y sugirieron que podrían
ser afirmaciones falsas hechas para poner fin a la tortura.
Martínez, sin embargo, dijo a colegas suyos que Mohammed declaró sin presión
alguna que él era el hombre que había matado a Pearl. En un primer momento la
CIA se mostró escéptica, según declaraciones de dos ex funcionarios de la
agencia. Finalmente, los analistas de inteligencia se convencieron, en parte
porque Mohammed le dio a Martínez detalles de la mano y el brazo del asesino
enmascarado que se veían en una grabación, datos que parecían demostrar que se
trataba de él.
Era un líder , manifestó un funcionario de contraterrorismo extranjero al que se
le informó sobre el episodio. Quería demostrarle a su gente que podía ser
implacable .
El 5 de junio Mohammed hizo un regreso teatral al ámbito público durante su
proceso en la Bahía de Guantánamo, cuando se presentó luciendo una larga barba
gris e insistiendo en que la comisión militar estadounidense no podía hacerle
nada más que concederle su último deseo: la ejecución y el martirio.
Su interrogador también siguió su camino. Al igual que muchos otros oficiales de
la CIA del boom de la seguridad posterior al 11 de septiembre, Martínez abandonó
la agencia para dedicarse a un trabajo más lucrativo con contratistas del
gobierno. En la actualidad lleva una vida tranquila en comparación con los
interrogatorios secretos de 2002 y 2003. Sin embargo, Martínez no se apartó por
completo de su mundo anterior. Ahora trabaja para Mitchell Jessen Associates,
una empresa consultora que dirigen ex psicólogos militares que asesoraban a la
CIA sobre el uso de tácticas duras en el programa secreto.
El nuevo empleador de Martínez lo mandó de vuelta a la agencia. Por ahora, el
interrogador del hombre que tal vez haya sido el principal responsable de los
horrores del 11 de septiembre enseña a otros analistas de la CIA el misterioso
arte de seguir la pista de terroristas.
******
Traducción: Joaquín Ibarburu.
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