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La mutación del rival de Barak Obama.

¿Quién es John McCain?

 
 

(IAR Noticias) 17-Junio-08

Jhon McCain, rival del demócratas Barak Obama en las elecciones presidenciales de noviembre

A través de su carrera, primero como un héroe de guerra en Vietnam y luego en el Congreso, John McCain ha sido un disidente, mal genio y de vocabulario grueso. Ahora, cuando la carrera presidencial toma color, el candidato republicano está dedicado a amistarse con aquellos a los que alguna vez despreció: la derecha religiosa, el lobby armamentista y los halcones de la guerra de Irak. ¿Quién es, entonces, el adversario de Barack Obama?.

Por Ed Pilkington - The Guardian

Pregúntele a cualquier estadounidense acerca de John McCain y probablemente responderá que es un héroe de guerra que sobrevivió a años de brutalidad en un campo vietnamita de prisioneros. Tal vez agreguen que tiene un espíritu inquieto, librepensador, que valora la independencia y la integridad por encima de la línea que impere en su partido. Ese es el viejo John McCain, sobre el que se han escrito innumerables perfiles periodísticos, aquel cuyo bus de campaña se llama el "Expreso del Hablar con Franqueza". Pero mientras todos los ojos han estado puestos en Barack Obama y antes también en Hillary Clinton , ha venido surgiendo un nuevo John McCain. Durante los últimos cuatrocientos y tantos días, desde que se lanzó al ruedo presidencial en abril de 2007, McCain ha estado recorriendo el país, presentando una imagen de sí mismo que va en contra de su reputación tradicional.

Como ejemplo, un reciente acto al que asistió en Louisville, Kentucky. No se necesita saber mucho de los simbolismos culturales estadounidenses para adivinar qué interés especial vino a atender ese día. Un letrero cerca de la entrada del centro de convenciones de Louisville decía: "Aquí se admite a los que disparan". Y luego estaban en exhibición las armas: miles de ellas. Voluminosas, delgadas, largas, cortas. Fue a este bullente caldo de armas letales y de políticas reaccionarias Oliver North fue uno de los oradores invitados donde el senador por Arizona se lanzó decididamente. Si el viejo John McCain se hubiera presentado en esta convención anual de la National Rifle Association (la NRA, una de las organizaciones más duramente derechistas de Estados Unidos), los resultados podrían haber sido muy malos.

Audiencia escogida

El viejo John McCain es aborrecido por la derecha amiga de las armas. Después de todo, este fue el hombre que propuso otorgar la ciudadanía a millones de inmigrantes ilegales y ¿hay algo peor? hizo aquello de la mano del enemigo de la nación, Ted Kennedy. El mismo hombre que acusó a teleevangelistas como el fallecido Jerry Falwell de ser "agentes de intolerancia". El candidato al que se opuso la NRA cuando postuló a la Presidencia en 2000, volcando en cambio a sus cuatro millones de miembros activos tras la candidatura de George Bush. ¿Cómo le fue esta vez, entonces, al nuevo John McCain frente a unos tres mil adherentes a la NRA? Comenzó por parpadear ante el teleprompter. Y luego empezó a apretar botones. Botón 1: "Primero, permítanme un reconocimiento a la vida de un gran estadounidense, Charlton Heston [gran ovación para el actor y presidente de la NRA, fallecido en abril]". Botón 2: "Me opuse a la prohibición de las así llamadas ‘armas de asalto’, que se propuso por primera vez después de una balacera en un patio de colegio de California [otra gran ovación]". Botón 3: le dice a la muchedumbre que está por bajos impuestos, menos Gobierno, por acabar con la burocracia federal. Botón 4: promete luchar en Irak hasta ganar la guerra. Botón 5: deja caer una referencia a la grandeza de América y a Dios. Luego se detiene, contorsiona su rostro en un rictus que es su manera de aceptar los elogios, y absorbe el aplauso.

Semillas de duda

El Partido Demócrata debiera escuchar cuidadosamente. Las primarias ya terminaron. Pero la prevaricación de las últimas semanas, gracias a la negativa de Hillary Clinton a retirarse, le dio a McCain tiempo valioso para recoger las piezas de un Partido Republicano que ha sido roto por el actual ocupante de la Casa Blanca, un hombre que tiene ahora el más alto rating de rechazo que cualquier Presidente en 70 años de encuestas. Le ha dado tiempo también a McCain para rellenar sus cofres vacíos. Tiene ahora dinero a la mano para la elección que viene más de 60 millones de dólares , incluso más que Obama, el niño maravilla de la recolección de fondos. Y le ha dado tiempo para ganar de vuelta a los incrédulos, esos conservadores de solidez de piedra, como los de la NRA, que en el pasado han desconfiado de sus motivos.

Pero en el proceso, John McCain ha plantado nuevas semillas de duda. Hay ahora confusión real respecto de qué tipo de hombre se enfrentará a Obama cuando la carrera entre a su tramo final. Escuche lo que McCain dijo el 3 de junio en Louisiana: "El pueblo estadounidense no me conoció ayer, como está recién conociendo al senador Obama", afirmó, jugando la carta de la experiencia. Pero no es para nada seguro que esté en lo correcto. ¿Conoce el pueblo estadounidense a McCain? O, puesto de otra manera, ¿qué versión de sí presentará a la gente? ¿Será el viejo John McCain, el disidente, el fiero independiente? ¿O será el amante de las armas, rebajador de impuestos que se le presentó a la NRA en Kentucky? Que el verdadero John McCain, por favor, se ponga de pie.

McCain, el díscolo

La etiqueta de disidente puede colocársele a McCain desde una edad muy joven, aparejada a su genio rápido. Cuando tenía dos años, le daban rabietas durante las cuales contenía la respiración hasta desmayarse. Ese rasgo de personalidad cruzó sus posteriores carreras militar y política. En la Academia Naval era conocido por su negativa a ajustarse a normas que consideraba estúpidas o injustas, y por ser un hombre que se metía regularmente en peleas. Esa agresividad no le dio mucho lustre en la escuela militar se graduó 894º entre 899 alumnos , pero le ayudó a sobrevivir a su ordalía de Vietnam, tras ser derribado sobre Hanoi durante un bombardeo aéreo en 1967. El heroísmo que demostró allí es casi la única cosa en que pueden coincidir los observadores de McCain. Soportó abusos que lo dejaron con una cojera e incapaz de levantar sus brazos más arriba del hombro. Pese a dos años en confinamiento solitario y torturas intermitentes, cedió y entregó información sólo una vez, después de una golpiza particularmente brutal de cuatro días. En una carrera senatorial que abarca más de dos décadas, ha exhibido momentos de ese mismo e impresionante rechazo a ponerse en línea. Algunos de los más impactantes fueron hechos en abierta contravención de George W. Bush, el hombre que lo había derrotado en 2000 mediante la aplicación de algunas tácticas realmente rudas. McCain devolvió lo suyo apenas transcurridos unos pocos meses de la 43ª Presidencia, votando en contra de las rebajas de impuestos de Bush. Después llegó incluso a flirtear con la idea de desertar de las filas de su partido para ser el compañero de fórmula del demócrata John Kerry en las elecciones presidenciales de 2004. "Pero ahora decidió que su último intento por la Presidencia tiene que hacerlo como republicano, y eso significa regresar a bordo", dice Thomas Mann, del think-tank Brookings Institution.

Impuestos y lobbistas

¿Qué conlleva regresar a bordo? Miremos primero esas rebajas de impuestos. McCain fue uno de sólo dos senadores que se opusieron a la primera iniciativa de Bush, en 2001, debido a que beneficiaban a los ricos y a que eran "rompe-presupuestos". Reiteró su desacuerdo en 2003, cuando ya se había producido la invasión a Irak, diciendo que rebajar impuestos era un error en tiempos de guerra. ¿Qué dice ahora? Hará que las rebajas de impuestos, que deben expirar en 2010, sean permanentes, a un costo de cinco billones de dólares durante 10 años, equivalentes a recortar tres cuartas partes del presupuesto de seguridad social. Hacer otra cosa, dice el nuevo John McCain, equivaldría a imponer un alza de impuestos, y eso él jamás lo hará.

Luego está el acta McCain-Feingold, la legislación que busca limpiar las finanzas de los partidos al restringir la influencia de los lobbies, de la que fue pionero y que le ayudó a sellar su reputación de reformista y de independencia. Se aprobó en 2002. Pero de ello han pasado seis años, y ahora nos encontramos con su equipo de campaña repleto de lobbistas, hombres cuyos clientes han incluido compañías de telecomunicaciones, gigantes del tabaco, grandes farmacéuticas y contratistas de la defensa. Lobbistas que naturalmente dirigían sus atenciones a los comités de Comercio y Servicios Armados del Senado, cuerpos que comparten a un miembro muy poderoso: uno que se llama John McCain. En mayo, el olorcillo a conflicto de interés se hizo tan fuerte que se vio obligado a imponer nuevas normas, que purgaron a varios ayudantes de su equipo. Entre quienes permanecen está su asesor principal, Charles Black, cuya carrera en el lobby se extiende hasta los días de Ronald Reagan, cuando, según el "New York Observer", trabajaba para luminarias tales como los presidentes Ferdinand Marcos, de Filipinas, y Mobutu Sese Seko, de Zaire.

La derecha religiosa

Consideremos la posición de McCain sobre la religión. En la carrera de 2000 bromeó con que la cosa a recordar de la derecha cristiana es que no era en realidad ni derecha ni cristiana. Fue entonces, también, cuando anunció que no complacería a teleevangelistas como Falwell o Pat Robertson. ¿Y ahora? Durante los últimos dos años ha estado reconstruyendo esos puentes tan rápido como los derrumbó. En 2006 fue con la cola entre las piernas a hablar a la Liberty University, la casa de Falwell. Más recientemente prometió nombrar sólo a jueces conservadores en la Corte Suprema, una aspiración clave tanto para los antiabortistas como para los fanáticos de la NRA. Ha dicho que favorece una enmienda constitucional para prohibir el aborto en casi todos los casos; respaldó la enseñanza del diseño inteligente, en desmedro de la teoría de evolución de Darwin, en las escuelas estatales; y estuvo "orgulloso" de aceptar la adhesión de John Hagee, un teleevangelista que, en comparación, hace ver pálido al pastor-problema de Obama, Jeremaiah Wright. En mayo, McCain rompió la relación después de que se conocieron comentarios de Hagee donde dijo que el Holocausto era el designio de Dios para llevar a los judíos de regreso a Israel.

Tan descarado cortejo a intereses sobre los que solía empinarse con valentía ha causado angustia en muchos admiradores de McCain. Mann es uno de ellos. Trabajó personalmente con el senador en la legislación McCain-Feingold y recuerda su espíritu apasionado. "Pero ahora [McCain] dice que va a nombrar jueces conservadores en la Corte Suprema, exactamente los que podrían revocar la legislación McCain-Feingold. La gente se decepcionará cuando vea los imperativos de una candidatura moviéndose en una dirección muy diferente", dice Mann. Lo importante, sin embargo, es que el molde del nuevo John McCain ha funcionado. En una reciente encuesta, el 80% de los bautistas del sur, la mayor comunidad protestante, con 16 millones de miembros y una fuerte tendencia conservadora, dijeron que votarían por él en noviembre. No es que el viejo John McCain se haya desvanecido por completo. Esa versión del senador por Arizona se exhibe en momentos importantes. Una semana antes de que prestara obediencia a la muchedumbre armamentista, vi a McCain visitando un parque científico en Nueva Jersey, rodeado de niños hiperventilados que le pedían autógrafos. El rictus aquel volvía a estar en su cara. Su presencia allí había sido estratégicamente decidida: era un escenario adecuado para mostrar sus credenciales ambientalistas. "Estoy orgulloso de mi trayectoria en el medio ambiente", dijo. "Como Presidente me dedicaré al tema del cambio climático global".

No muy verde

Es verdad que durante los últimos ocho años ha estado trabajando junto a demócratas para impulsar el tema del calentamiento global en la agenda del Congreso, y de que fue el único candidato republicano en las primarias con una política para reducir las emisiones de gases invernadero. Pero también es cierto que su trayectoria ambiental ha sido pobre durante los años. El organismo no partidario Liga de Votantes Conservacionistas mantiene una lista de puntaje y ubica el suyo en 26%, contra el 96% de Obama. Pero, otra vez, lo importante es que le ha funcionado. La gente tiende a olvidar. Olvida que en sus políticas sociales, la imagen del viejo John McCain independiente y librepensador fue siempre un mito. Michael Podhorzer, de la unión sindical AFL-CIO, dice que ese McCain nunca existió. "En varios temas siempre ha estado muy a la derecha", dice. McCain ha votado por restringir los derechos sindicales en Estados Unidos, ha apoyado cortes en los fondos de salud para los adultos mayores, apoya que el costo de los seguros de salud se les evite a los empleadores y sea puesto en los hombros de los individuos, y quisiera ver una seguridad social privatizada en forma de cuentas privadas. En abril no respaldó un proyecto del Senado para dar a las mujeres el mismo pago por el mismo trabajo, argumentando que ello alentaría los litigios. Se ha opuesto a todos los intentos por elevar el salario mínimo desde su último aumento en 1997.

Un tipo de mal genio

En un plano más personal, la gente también olvida que el carácter iracundo que le acompaña desde que tenía dos años tiene su lado desagradable. Le ha significado los apodos de "McNasty" ("McDesagradable") en la escuela y de "Senador Cabeza Caliente" en el Congreso. En tiempos del escándalo con Monica Lewinsky, se permitió un chiste en una reunión republicana. "¿Por qué Chelsea Clinton es tan fea?", preguntó. "Porque su padre es [la entonces ministra de Justicia] Janet Reno". Ha calificado a otros, frente a frente, de "cabezas de caca", "majaderos de mierda" e "imbéciles". Y eso que eran republicanos. Un firme admirador suyo, Cliff Schecter, cuenta un incidente más doméstico registrado en la casa del senador en Arizona. Un día, la mujer de McCain, Cindy, le acariciaba el cabello. "Se te está cayendo un poco aquí arriba", dijo. McCain enrojeció y replicó: "Por lo menos no me estuco con maquillaje como una cualquiera, perra". Sydney Blumenthal, ex asistente de la Casa Blanca con Bill Clinton, que hizo la crónica de las desventuras del Partido Republicano en su libro "La extraña muerte del Estados Unidos republicano", dice que McCain "no ha generado demasiada confianza entre quienes lo conocen bien. Eso se remonta a los días en que era piloto, allá en el cielo, solitario". No tenía que obtener lealtad entre sus tropas en tierra: eso no era él ni lo es. "El militarismo está en su sangre como lo estuvo en la de generaciones de McCain antes de él. Sus antepasados directos prestaron servicio activo en todas las principales guerras libradas por Estados Unidos, desde la Revolución hasta su propio servicio en Vietnam, y su hijo de 18 años, Jimmy, está ahora destacado en Irak. Su padre fue el primer hijo de un almirante de cuatro estrellas que alcanzó el mismo rango". Aunque sus posiciones intervencionistas han cambiado durante los años desde 1998, ha estado entre los políticos más duros del Congreso y hablaba de "rechazar a los Estados parias" mucho antes de que Bush convirtiera esto en su mantra. Seis meses antes de la invasión a Irak dijo a CNN: "Estoy seguro de que esta acción militar no será muy difícil". Su fe en la justicia de esta causa nunca se ha quebrantado.

Bush tercero

La misma creencia se manifiesta ahora en la beligerante posición del senador hacia Irán. Se metió en problemas recientemente cuando acusó a Teherán de entrenar secretamente a Al Qaeda, un comentario del que debió retractarse rápidamente. Con el mayoritario rechazo a la guerra en Estados Unidos, McCain ha hecho una enorme apuesta al apoyar la estrategia de Bush en Irak. Les ha dado a los demócratas y sus partidarios liberales su principal arma para la próxima elección presidencial: lo retratan como Bush III o Bush McClon. En el comando de McCain declaran no sentirse preocupados por esas amenazas. Confían en que han logrado con éxito su primer objetivo: recuperar a los fieles republicanos. Pronto estarán en condiciones de girar el foco hacia los independientes y los votantes indecisos. "Sabemos que los demócratas lo atacarán como Bush III, pero eso no influirá a los electores", dice Crystal Benton. "Ellos saben que él es un tipo diferente de candidato. Desde el calentamiento global hasta poner bajo control el gasto excesivo, su enfoque es muy diferente al del Presidente Bush y hará sentido a la gente".

Hablando con franqueza

Entonces, ¿en qué candidato creerán los electores? Los demócratas, sin duda, tienen este año el viento a su favor, mientras McCain, navegando en la dirección contraria, tendrá que maniobrar como enfermo. Las últimas encuestas sugieren que si la elección fuera hoy, Obama y McCain estarían empatados. Más preocupante para los demócratas resulta una encuesta Gallup de mayo, que pone a McCain muy por delante entre los votantes blancos (53% contra 37% de Obama), una disparidad que podría ser crucial en estados clave y que es aterradoramente parecida a las cifras de las encuestas de 2004 entre Bush y Kerry. Blumenthal está convencido de que los demócratas se arriesgan al descartar a McCain. "Es un candidato muy serio, que no debiera ser subestimado, especialmente por Obama. La singularidad de McCain le permite maniobrar en formas que otros republicanos no podrían". Es muy probable que el senador por Arizona siga maniobrando durante los 5 meses restantes de campaña. Un día estará prometiendo traer una nueva era de bipartidismo a Washington; al día siguiente estará repicando el tambor por el derecho a portar armas. Al final, el viejo John McCain y el nuevo, el disidente librepensador y el adulador de la derecha, tendrán que haberse acostumbrado a vivir juntos mientras viajan por el país en el "Expreso del Hablar con Franqueza". Si viajan juntos todo el camino, como deberían hacerlo, y juntos instalan residencia en Pennsylvania Avenue 1600, eso será otro asunto. Entonces, el mundo exigirá saber la verdad. Que el verdadero John McCain, por favor, se ponga de pie.

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