La abogada iraní Shirin
Ebadi, premio Nobel de la Paz, considera que Estados Unidos y su
país deben mantener un diálogo en tres niveles: entre sus gobiernos,
entre representantes de la sociedad civil y entre los legisladores.
Por Trita Parsi (*) -
IPS
Pero el gobierno de George W. Bush se opone a
mantener contacto directo con funcionarios iraníes, mientras que su
Fondo para la Democracia en Irán dificultó el intercambio entre
organizaciones de la sociedad civil, según activistas de derechos
humanos.
Sin embargo, la imposibilidad de abrir un diálogo entre
parlamentarios de los dos países es responsabilidad, en buena
medida, de Teherán.
Ahora soplan nuevos vientos. El flamante presidente del parlamento
iraní, Alí Lariyani, fue el negociador con Occidente sobre el
programa nuclear de su país y renunció a ese cargo por su oposición
a la inflexible posición del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadineyad.
La elección al cargo parlamentario de Lariyani, un ex "halcón"
convertido en un pragmático, es interpretada como un duro golpe
contra Ahmadineyad y una señal de que aumenta la impaciencia de los
sectores conservadores iraníes ante a la línea dura del presidente.
La posición más flexible de Lariyani en materia nuclear, su retórica
relativamente apacible y su declarada voluntad de diálogo con
Estados Unidos alimentan las especulaciones: si se presenta como
candidato presidencial en las elecciones de marzo de 2009 y derrota
a Ahmadineyad, habrá una oportunidad de abrir la vía del diálogo
político entre Washington y Teherán.
Pero aun si continúa presidiendo la legislatura, Lariyani tendrá
posibilidades de desarrollar una diplomacia parlamentaria sin
precedentes.
Hubo muchos intentos para conectar a legisladores de ambos países.
La voluntad de iniciar ese diálogo y la disposición a aceptar los
riesgos políticos implícitos ha sido, sin embargo, mucho más marcada
en Estados Unidos.
En septiembre de 2000, varios congresistas estadounidenses
asistieron a una reunión en el Museo de Arte Metropolitano de Nueva
York, a la que estaban invitados presidentes de parlamentos de
varios países.
La intención era dialogar con quien entonces presidía la legislatura
iraní, Mehdi Karroubi, quien asistía a la Cumbre del Milenio de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la apertura de la
sesión anual de la Asamblea General del foro mundial.
Además de varios congresistas estadounidenses de peso, asistió
Malcom Hoenlein, alto representante de la Conferencia de Presidentes
de las Organizaciones Judío-Estadounidenses. La delegación iraní
incluyó al único legislador judío del parlamento de ese país.
Entre los asuntos discutidos figuró una propuesta estadounidense
para incrementar el intercambio formal entre las dos legislaturas.
Los iraníes jamás se comprometieron con firmeza.
En octubre de 2001, pocas semanas después de los atentados
terroristas del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington, un
puñado de congresistas estadounidenses, encabezados por el senador
Arlen Specter, invitaron al entonces de Irán en la ONU, Hadi Neyad-Hosseinian,
a una cena privada en el Senado.
Fue la primera visita de un diplomático iraní de alto rango al
Capitolio, sede del Congreso legislativo de Estados Unidos en
Washington, desde la Revolución Islámica de 1979.
Entre los comensales estaba la nuera del embajador Hosseinian, una
ciudadana estadounidense. Aunque el diplomático no se reunió con
ningún funcionario del gobierno de Bush, la cena no podría haber
tenido lugar sin la luz verde del Poder Ejecutivo. Los iraníes jamás
retribuyeron la invitación.
En agosto de 2003, un legislador del gobernante Partido Republicano
y un alto funcionario del opositor Partido Demócrata en el Senado se
reunieron en una capital europea con funcionarios del Ministerio de
Relaciones Exteriores iraní.
Aunque actuaron con independencia del gobierno de Bush, el Poder
Ejecutivo estadounidense confiaba en que legisladores iraníes
participaran en el cónclave para incrementar el intercambio
parlamentario oficial. Pero ningún congresista iraní se hizo
presente.
En enero de 2004, el gobierno de Bush autorizó una segunda
invitación a una cena en el Congreso a un embajador de Irán en la
ONU.
El diálogo con el diplomático Javad Zarif se concentró en la
situación en Afganistán e Iraq y en la necesidad de cooperación
entre Estados Unidos e Irán, pero también sobre la propuesta de una
visita a Teherán de funcionarios del Congreso estadounidense, como
preludio a un viaje de una delegación de legisladores.
Aunque los preparativos se pusieron en marcha y estaba prácticamente
todo listo para el viaje, los iraníes retiraron la invitación a
último minuto alegando circunstancias políticas internas.
Sin embargo, los legisladores estadounidenses no dejaron de extender
invitaciones a sus pares iraníes. En 2007, un senador de peso del
Partido Demócrata hizo arreglos para que el embajador Zarif visitara
el Senado y se reuniera con una docena de los senadores más
influyentes.
Unos meses más tarde, varios congresistas estadounidenses invitaron,
a través de la representación de Irán en la ONU, al presidente del
parlamento de ese país, ofreciendo un diálogo directo entre
legisladores.
Meses después, el antecesor de Lariyani como líder de la
legislatura, Haddad Adel, envió una respuesta de dos páginas, en las
que reiteraba las quejas de su país contra la política exterior de
Washington y evitaba dar una respuesta directa a la oferta recibida.
Pero en el último párrafo dejaba abierta la posibilidad a algún tipo
de intercambio, sin formular compromisos específicos.
El mayor interés de Estados Unidos en el contacto entre legisladores
responde a la naturaleza del sistema de separación de poderes del
Estado que rigen en este país.
No es inusual que los congresistas actúen en el terreno de la
política exterior. No se trata de acciones diplomáticas sin
consecuencias. El vínculo personal entre congresistas abrió las
puertas a una mejor relación con países como Libia y Vietnam.
Los legisladores iraníes no gozan de esta independencia respecto del
Poder Ejecutivo. Especialmente en los últimos años, el parlamento de
ese país siguió los pasos de Ahmadineyad, fundamentalmente por la
estrecha alianza entre Haddad y el presidente.
La tibia respuesta de Haddad a la invitación de los congresistas
estadounidenses se debió a las luchas de facciones dentro del
régimen, El contacto se hizo a través de la representación de Irán
en la ONU, encabezada por Zarif, un adversario de Ahmadineyad.
Ahora, Lariyani es el presidente del parlamento. No sólo es un rival
del presidente, aparentemente dispuesto a mellar su poder, sino
alguien que a través de los años aprendió la utilidad, y necesidad,
de la diplomacia.
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(*) Trita Parsi es autor de "Treacherous Triangle -- The Secret
Dealings of Iran, Israel and the United States" ("Triángulo
traicionero: Las relaciones secretas de Irán, Israel y Estados
Unidos", Yale University Press, 2007). También es presidente del
Consejo Nacional Iraní Estadounidense.