ara muchos la incrustación de Brasil a ese poderoso club geoeconómico
parecía un tanto cuanto forzada. Pese a ello llegamos a ir más lejos al permutar
a Brasil por Sudamérica, es decir, a formular el SRIC en lugar del BRIC, para
que el gigante país amazónico no se encontrase tan aislado frente a los
rescoldos de la doctrina Monroe y el pernicioso unilateralismo bushiano.
En su reciente gira a México, el solvente economista (justamente por poseer
una amplia cultura geopolítica) James Galbraith, a una pregunta específica de un
servidor, arguyó en ese momento, con justa razón, que el grave defecto del BRIC
consistía en su atomización: por tratarse más bien de un concepto desarticulado
y no de una realidad cohesiva.
Tal parece que el escollo planteado por Gaibraith empieza a ser superado y
los integrantes del BRIC desean ahora concretar una alianza más compenetrado,
que deberá demostrar su existencia con actos tangibles en la escena
internacional, como acaba de formular su primera junta formal celebrada en Rusia
a mitad de mayo en la ciudad de Yekaterinburg, en los Urales.
Carl Mortished (CM), editor de negocios mundiales del rotativo británico
The Times (16/5/08), propiedad del polémico Rupert Murdoch, aduce que la
relevante reunión “es vista por algunos como respuesta a las señales
provenientes de Washington de que Rusia no es más bienvenida como miembro del
G8”.
En efecto, John McCain, súper bélico candidato presidencial del Partido
Republicano, ha reclamado tanto la expulsión de Rusia del G8 como el bombardeo a
Irán.
De una entidad geoeconómica virtual, el BRIC podría pasar a formar una
alianza geopolítica formal, como se vislumbra en la representatividad de sus
ministros de relaciones exteriores. CM recalca que su “agenda formal puede ser
menos significativa que el logro político del Kremlin al convocar a una reunión
de alto perfil de cuatro países con amplios recursos pero intereses diferentes”.
Refiere que la “geopolítica se encontraba en los primeros lugares de la agenda”
cuando los “ministros de relaciones exteriores de China e India se sumaron a
Rusia para llamar a un diálogo fresco entre Serbia y Kosovo”. Mientras Estados
Unidos y gran parte de Europa han reconocido la declaración de independencia de
Kosovo, Rusia la ha rechazado, así como India y China, que temen un oleaje
balcanizador en su seno.
Señala que sus cancilleres ya se habían reunido de manera informal, al margen
de las conferencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), pero en
esta ocasión su junta “sugiere que buscan una asociación con un propósito
político”.
La eclosión del BRIC ha indispuesto a la dupla anglosajona y la analista
israelí-estadunidense Masha Lippman, del Centro Heritage, abulta el oportunismo
ruso, así como las vulnerabilidades del BRIC, cuya cooperación supuestamente es
obstaculizada por su desconfianza mutua: “Rusia busca a tientas un nuevo lugar
en el mundo, y lo hace de diversas maneras. Si no formando una alianza,
entonces, por lo menos, diversificando su política exterior. No queda claro lo
que pueda derivar de ello” (Reuters, 16/5/08).
Pues si no le queda claro a Masha Lippman, no es poca cosa reunir en una
alianza a los países que ostentan los mayores centros de crecimiento económico y
más de la mitad de la población mundial.
Vladimir Radyuhin (VR), de The Hindu (15 y 17/5/08), considera que
Rusia desea formar una coalición, con el fin de “proveer un liderazgo colectivo”
para el mundo con la visión multipolar. El primer foro del BRIC se empalma con
la cuarta reunión del RIC (sin Brasil), que aborda temas más geopolíticos que
geoeconómicos, como los candentes Afganistán, Norcorea e Irán.
A juicio de VR se ha gestado un interacción entre el “RIC trilateral” y el
“BRIC cuatripartita”, que iniciará el “proceso de una incorporación gradual del
RIC al BRIC” como “instrumento poderoso para cambiar al mundo”.
El anfitrión ruso Sergei Lavrov enfatizó el objetivo de “construir un mundo
más democrático, justo y estable”. Después de los funcionarios rusos el más
entusiasta fue Pranab Mukherjee, ministro de relaciones exteriores de India,
quien alabó al BRIC como la “única combinación de economías mutuamente
complementarias” y como plataforma para promover la seguridad energética y
alimentaria, luchar contra el terrorismo y reformar los organismos financieros y
políticos globales. ¡Ni más ni menos que la antimateria del G-7!
Celso Amorim, ministro de relaciones exteriores de Brasil, se atrevió a
sentenciar que “estamos cambiando la manera en que el orden mundial está
organizado”. El atrevimiento brasileño de desear transformar el imperante orden
mundial, dominado por el unilateralismo de Estados Unidos, cobra mayor
significado por provenir de una nación que fue esclavizada por la doctrina
Monroe durante casi dos siglos. Por cierto, con gran olfato de donde soplan los
nuevos vientos de la geopolítica del siglo XXI, el presidente Luiz Inacio Lula
da Silva expresó su deseo por integrarse a la Organización de Países
Exportadores de Petróleo (Der Spiegel, 9/5/08).
Según The Hindu, “en un desafío abierto a Estados Unidos, el BRIC
acordó realizar esfuerzos multilaterales para prevenir una carrera armamentista
en el espacio sideral”. Lavrov propuso que India y Brasil co apadrinen el esbozo
de un tratado que prohíba el despliegue de armas en el espacio sideral, que
Rusia y China propusieron en la ONU el año pasado.
El rotativo indio puntualiza que el BRIC abordó temas que tienen diferentes
propósitos a los de Estados Unidos: “construcción de un sistema internacional
más democrático, fundado en las leyes y en la diplomacia multilateral”, con la
ONU “jugando el papel central”.
El BRIC formuló que los “agudos problemas de pobreza, hambruna y enfermedades
pueden ser resueltos si solamente se toman en cuenta los intereses de todas las
naciones y en el seno de un justo sistema económico global”.
En clara alusión a Irán, el BRIC llamó a resolver las disputas mediante
“esfuerzos políticos y diplomáticos”, y a adoptar “un abordaje cooperativo en la
seguridad internacional”, que tomen en cuenta “las preocupaciones de todos en un
espíritu de diálogo y entendimiento”.
Esto no es una reforma mundial, sino
sencillamente un nuevo mundo, quizá demasiado iluso para ser concretado sin una
guerra mundial de Estados Unidos.