(IAR Noticias) 22-Mayo-08
La impopularidad cada vez mayor del
gobierno de George W. Bush pende como un nubarrón sobre las
perspectivas de su Partido Republicano, que ve avecinarse una
victoria del Demócrata en las elecciones legislativas y
presidenciales de noviembre.
Por
Ali Gharib
y
Jim Lobe - IPS
Los problemas económicos, los errores en Iraq y la
concurrencia sin precedentes de ciudadanos a las primarias
demócratas alientan entre los candidatos republicanos al Congreso
legislativo la búsqueda de una nueva estrategia que mitigue, al
menos, un abrumador triunfo opositor. Las primeras señales fuertes
se registraron en los últimos tres meses, en elecciones de miembros
de la Cámara de Representantes en bastiones republicanos,
anticipadas por la renuncia o el fallecimiento de los titulares de
esos escaños. En las tres ocasiones triunfaron los candidatos
demócratas.
El popular alcalde de la ciudad de Tupelo, el republicano Greg Davis,
perdió la puja por un escaño del estado de Mississippi con el
demócrata Travis Davis. En 2004, Bush había aventajado en ese
distrito a su rival demócrata John F. Kerry por 25 puntos
porcentuales.
Si el Partido Republicano "puede perder en esos distritos, podrá
perder en cualquier parte", escribió en la revista National Journal
uno de los más reconocidos analistas políticos de Estados Unidos,
Charlie Cook.
"Los republicanos necesitan alguna introspección profunda y ver qué
están haciendo mal", advirtió.
El Partido Republicano volaba alto hace apenas cuatro años, cuando
aumentó su ventaja en ambas cámaras del Congreso y Bush fue
reelegido. El entonces principal asesor del presidente, Karl Rove,
fue aplaudido como el arquitecto de lo que entonces se calificaba de
"mayoría permanente" republicana.
El desencanto con la economía y la guerra de Iraq, así como una
serie de escándalos que tuvieron como agonistas a destacados
congresistas republicanos, permitió a los demócratas lograr grandes
avances en 2006, cuando se celebraron las elecciones legislativas de
mitad de periodo.
Desde entonces, el Partido Demócrata logró, por primera vez desde
1994, una mayoría, aunque escueta, en ambas cámaras del Congreso.
"Los escándalo de representantes republicanos tornaron al partido en
blanco de la ira de los votantes en 2006", sostuvo el periodista
Fred Barnes en la revista neoconservadora Weekly Standard.
Los demócratas no han podido, desde entonces, usar su mayoría para
iniciar la retirada de las tropas de Iraq o para afirmar sus
prioridades políticas.
Los republicanos apelan ahora a la leve mejora económica del último
mes y a la reducción de la violencia en Iraq para pedir el voto. Su
candidato presidencial, John McCain, tiene una imagen de disidente
dentro del partido, lo cual podría acercarle votos independientes.
Aun así, se trata de una carrera cuesta arriba. La popularidad del
presidente, que en su carácter es líder simbólico de su partido,
está tan ajada que se convierte en un lastre muy pesado para McCain
y para la mayoría de los candidatos a legislador.
Una encuesta realizada este mes por la firma Quinnipiac asignó a la
gestión de Bush una aprobación de apenas 28 por ciento de los
entrevistados y la desaprobación de 67 por ciento.
El mes pasado, la empresa Gallup calculó la desaprobación del
mandatario en 69 por ciento, la más alta desde que comenzó a
realizar esta encuesta hace más de 60 años.
A pesar de todos los pesares, el editor de Weekly Standard, Bill
Kristol, consideró en una columna para el diario The New York Times
que McCain tiene posibilidades. "El Partido Republicano está mal,
pero John McCain (…) lo está haciendo bastante bien", afirmó.
Sin embargo, varios problemas han quedado fuera del foco de Kristol.
Los demócratas planean atar a McCain a la presidencia de Bush, lo
cual no les resultará difícil, dado que la situación en Iraq y la
economía son las grandes preocupaciones del electorado.
Bush y McCain se vanagloriaron de los tenues avances de la economía
y los recientes éxitos tácticos en Iraq, pero seguir apelando a eso
durante los casi seis meses que restan para las elecciones
resultaría insostenible.
Para peor, McCain debe aventar la desconfianza que le tiene la
derecha cristiana, y en ese proceso podría perder votos
independientes, que se inclinarían hacia la candidatura demócrata.
E incluso si llega a la Casa Blanca, McCain debería soportar una
mayoría demócrata aun más contundente que la actual en el Congreso.
Publicaciones especializadas consideran que los demócratas podrían
aumentar su ventaja en el Congreso de modo que el Partido
Republicano se reduciría a "un estado de impotencia que recordaría
los largos y solitarios años de las décadas del 70 y el 80", como
indicó esta semana la revista Politico.
En cuanto al Senado, la mayoría que obtendría el Partido Demócrata
lo acercaría a los 60 escaños necesarios para abortar maniobras
obstruccionistas.
Tampoco perjudicará a los demócratas, según los expertos, la
división del Partido Demócrata entre sus dos aspirantes a la
presidencia, los senadores Barack Obama e Hillary Rodham Clinton.
La intensa rivalidad logró elevar la cantidad de demócratas que se
registraron para votar en las primarias. Otra desventaja de los
republicanos es que cuentan, por lejos, con mucho menos dinero para
solventar una campaña electoral intensa.
Con la moral del partido tan baja, y con la previsible pérdida de
poder en el Congreso y, quizás, de la presidencia, la recaudación de
fondos será problemática para los republicanos.
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