sta década ya ha visto estallar burbujas en las
acciones de empresas de tecnología, bienes raíces y crédito. Al parecer, la
exuberancia irracional ha cobrado una nueva víctima: el mercado automotor de
Estados Unidos.
Al igual que los inversionistas que enviaron por los cielos los
precios de las viviendas y de las acciones de empresas puntocom, las
automotrices de EE.UU. alcanzaron volúmenes de venta inusitados en los últimos
10 años. Invitaron a sus clientes a comprar autos con los descuentos que
ofrecían a los empleados, otorgaron préstamos sin intereses por hasta seis años
y vendieron una cantidad sin precedentes de vehículos a las empresas de alquiler
de coches. Estas estrategias, dicen algunos analistas, levantaron las ventas de
autos en EE.UU. a alturas artificiales.
Durante la mayor parte de los años 90, las automotrices vendían
unos 15 millones de autos y camionetas al año en EE.UU. A fines de esa década,
todo cambió. El precio de la gasolina aún era bajo y millones de estadounidenses
tenían las billeteras infladas gracias al auge de las acciones tecnológicas.
Como resultado, las ventas se dispararon. Alcanzaron su récord en 2000, con 17,4
millones de unidades vendidas, y se mantuvieron cerca de los 17 millones anuales
por otros cinco años.
Ejecutivos de General Motors Corp. y Toyota dijeron que EE.UU.
estaba entrando en una era dorada. En 2003, el director de ventas de Toyota en
Norteamérica predijo que la industria pronto estaría vendiendo 20 millones de
vehículos por año.
Se equivocaron. Las ventas empezaron a caer en 2006 y este año
probablemente volverán a donde estaban en los años 90, apenas por encima de los
15 millones. La semana pasada, la firma de investigación de mercado Global
Insight Inc. redujo su previsión de ventas de vehículos en EE.UU. en 2008 a
menos de 15 millones. Global Insight ahora cree que no volverán a máximos
previos hasta 2012, un año después de lo previsto inicialmente. "De aquí en
adelante, un año con 16 millones es un buen año", asegura Ron Harbour, cuya
firma, Harbour Consulting, estudia la producción de autos.
Los cálculos erróneos del sector repercuten en la economía. La
industria automotriz es el principal sector manufacturero de EE.UU.,
representando cerca de un 4% del PIB y empleando a unos 2,5 millones de
personas, en forma directa o indirecta.
Una burbuja ocurre cuando los participantes de un mercado
empujan los precios de ciertos activos —acciones, casas, tulipanes— por encima
de lo que sus valores intrínsecos parecen indicar. La industria automotriz no se
ajusta a la fórmula clásica de una burbuja, pero hubo una euforia similar: los
fabricantes creían que podían vender vehículos en números mucho mayores que los
que el mercado podía absorber.
Tony Cervone, vocero de GM, dice que la empresa no sobreestimó
la demanda, y atribuye las recientes caídas en las ventas al enfriamiento de la
economía de EE.UU. Hace unos años, agrega, todas las tendencias en ingresos
familiares y capacidad de gasto apuntaban a un crecimiento sostenido. Un vocero
de Chrysler señala que la automotriz busca el crecimiento de largo plazo en
EE.UU., de la mano de aumentos en su población y niveles de ingresos.
En 2000, ya había estallado la burbuja puntocom y la economía
comenzaba a enfriarse. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001,
los consumidores, atónitos, dejaron de comprar. Los concesionarios estaban
vacíos. Con la esperanza de revitalizar la economía de EE.UU., GM inició una
promoción donde ofrecía financiación sin intereses durante cinco años.
Las ventas tomaron vuelo otra vez. Ford, Chrysler y otros
fabricantes respondieron con sus propios incentivos. A fines de 2002, muchos
rivales de GM se quejaban de que los descuentos estaban destruyendo la
rentabilidad de todos. El presidente ejecutivo de GM, Rick Wagoner, respondió en
una conferencia de 2003: "Dejen de llorar y jueguen el partido".
GM, Ford, Chrysler y otras automotrices habían redescubierto
otra manera de inflar los volúmenes: vender a las agencias de alquiler de autos.
Cada una de las automotrices grandes tenía una participación en algunas de las
empresas de alquiler, a quienes les ofrecían sus coches a precios de
liquidación. En 2005, por ejemplo, un quinto de los coches que vendieron Ford y
GM en EE.UU. fueron a flotas de alquiler.
La carrera de los incentivos continuó. En 2005, GM, Ford y
Chrysler estaban ofreciendo descuentos de hasta US$8.000 en algunos modelos.
Poco después, las tres lanzaron promociones que permitían a clientes comunes
comprar autos al mismo precio que las automotrices ofrecían a sus trabajadores.
Las ventas volvieron a subir, durante algunos meses, con una particularidad:
EE.UU. estaba en recesión. "La economía se enfriaba y las ventas de vehículos se
mantenían altas", dice Emily Kolinsky Morris, economista de Ford. "Era una
dinámica de la industria totalmente distinta". Cuando todos esos compradores
finalmente desaparecieron del mercado, las ventas se congelaron.