(IAR Noticias) 20-Mayo-08
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Hillary Clinton y Barack Obama, en segundo
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Desde John F. Kennedy, al menos, los candidatos a la presidencia de
Estados Unidos han atacado al libre comercio durante sus campañas pero lo han
promocionado una vez que llegan a la Casa Blanca. Algunos líderes empresariales
esperan que pase lo mismo si Barack Obama gana los comicios presidenciales.
Por Bob Davis -
The Wall Street Journal
Pero es mejor que no cuenten con ello.
El senador Obama, quien va a la cabeza en las elecciones primarias del Partido
Demócrata, y su rival, Hillary Clinton, han expresado cierto apoyo a la
liberalización comercial durante sus carreras. Sin embargo, una coalición de
activistas contra el libre comercio y líderes sindicales también han aprovechado
la larga temporada de primarias para conseguir compromisos de los dos candidatos
sobre una lista muy detallada de asuntos comerciales, dificultando un repentino
cambio de curso.
Ambos senadores demócratas han dicho en público que son partidarios de volver a
redactar el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta) con Canadá y
México —si es que EE.UU. no lo abandona—, reconfigurar los tribunales de
arbitraje del Nafta, oponerse a los tratados de libre comercio negociados por el
presidente Bush, designar a China como un manipulador del tipo de cambio y
examinar si los compromisos de la Organización Mundial de Comercio afectan temas
tan diversos como las reglas de contenido local o los subsidios a las
universidades.
Aunque sólo Clinton ha dicho que haría una pausa en los tratados comerciales, es
probable que si Obama llega a la Casa Blanca haga lo mismo, teniendo en cuenta
los compromisos que ha asumido.
Obama "quiere las políticas comerciales correctas", dice su asesor en economía
internacional Daniel Tarullo, ex miembro del equipo económico durante la
presidencia de Bill Clinton. "Necesitamos remediar los defectos de los tratados
pasados y del entorno internacional", especialmente la política cambiaria de
China.
El legislador del estado de Illinois hace hincapié en que cualquier tratado
comercial debe contener cláusulas para proteger los derechos de los trabajadores
para organizarse y negociar en forma colectiva. Las violaciones a estas normas
podrían ser castigadas mediante sanciones comerciales.
Su propuesta difiere significativamente de lo que ocurre en la actualidad. Pocos
tratados comerciales cubren temas laborales; el Nafta lo hace, pero la
probabilidad de calcular los daños bajo el acuerdo es remota.
Las nuevas cláusulas "pueden ayudar a presionar a los países para que sigan
mejorando las condiciones de los trabajadores", argumentó Obama en su libro. La
audacia de la esperanza, una postura que repite regularmente en su campaña. Pero
sus discursos no incluyen las dudas que expresa en su libro. Los cambios "no
eliminarán la gran brecha entre los trabajadores en Estados Unidos y los
trabajadores en Honduras, Indonesia, Mozambique o Bangladesh", escribió.
A algunas empresas les preocupa que los requisitos sean tan altos que
imposibilitarían que EE.UU. firme acuerdos con países en desarrollo como Egipto,
Pakistán e India que tienen mercados en crecimiento, pero malas condiciones
laborales.
En los temas comerciales, hay poca distinción entre los dos candidatos
demócratas. Pero hay una diferencia notable con el presunto candidato
republicano a la presidencia, John McCain, quien ha dicho que "el libre comercio
es lo mejor que le puede pasar a este país".
En términos estrictamente económicos, llama la atención que el libre comercio se
convierta en un tema controversial en EE.UU. Gracias a la debilidad del dólar,
las exportaciones estadounidenses crecen y el déficit comercial, aparte de las
importaciones de petróleo, se achica. Pero el respaldo se ha reducido durante
una década mientras los estadounidenses culpan al libre comercio por la pérdida
de empleos y el estancamiento de los salarios.
El cambio en el Partido Demócrata hace menos probable que Obama y Clinton puedan
cambiar sus posturas en caso de ganar la presidencia. Durante los últimos 50
años, los candidatos presidenciales han obtenido votos con promesas en temas
comerciales y a veces han tomado medidas proteccionistas en sectores
específicos. Pero todos gobernaron como defensores del libre comercio. En parte,
lo hicieron porque creían que la economía estadounidense estaba mejor. En parte
porque creían que abrir el mercado de EE.UU. a aliados constituía una poderosa
arma de la política exterior.
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