ayday! Mayday! La voz de alarma vuelve a escucharse en la arena de la
aviación comercial en EE UU. Y esta vez nadie puede culpar al terrorismo, como
pasó tras el 11 de septiembre. El alto precio del combustible pone en jaque a
las aerolíneas, conocidas por haber sobrevivido a las condiciones más adversas.
Pero su margen de maniobra para reducir costes es cada vez más limitado y las
fusiones se ven como la vía más viable para no desaparecer. Aires de
consolidación que dibujan un nuevo escenario en el cielo americano.
El negocio de la aviación fue siempre cíclico. Requiere de mucha liquidez y
es vulnerable a los factores externos: una tormenta, la congestión en las rutas,
fluctuaciones en el precio del combustible, el cambio de divisas, amenazas
terroristas. Y es que desde que los hermanos Wright realizaron el primer vuelo
en 1903, los inversores se han encontrado siempre perdidos en esta industria,
incluido Warren Buffett. El oráculo de Omaha reconoce que uno de sus mayores
errores fue poner dinero en este sector.
Hace un año, cuando el sector parecía haberse recuperado de los ataques
suicidas del 11-S de 2001, reinaba el optimismo. Las compañías esperaban romper
con seis años durante los que acumularon 30.000 millones de dólares en pérdidas
(casi 20.000 millones de euros al cambio actual), y ser capaces de mantenerse en
la senda de los beneficios. El alto precio del petróleo está trastocando ahora
los planes y obligándoles a dejar una parte de la flota en tierra, cerrar rutas,
elevar el precio de los billetes y vender aviones para cubrir el alza de los
costes.
Y cuando la crisis aprieta, se empiezan a definir posibles alianzas. Esto, a
pesar del choque con sus empleados, los costes de la integración y de la
incertidumbre legal que rodea a las megafusiones. Hay un número clave: 1.690
millones. El dinero que las 10 mayores aerolíneas de EE UU han perdido por el
incremento de un 63% en el precio del queroseno. Sólo Southwest, la mayor
aerolínea de bajo coste, se escapa del rojo.
El sector está en constante mutación desde que fue abierto a la competencia
en 1978. Antes de la liberalización había 10 grandes aerolíneas que controlaban
el 90% del mercado y ocho compañías regionales. Tres décadas después, volar es
menos caro y hay más vuelos disponibles. Pero las cosas no están mejor. Durante
ese periodo, más de un centenar de compañías se declararon en suspensión de
pagos o desaparecieron, entre ellas, iconos de la aviación comercial, como Pan
Am o TWA.
El mercado se lo reparten American Airlines, United Airlines, Delta Air Lines,
Continental, Northwest y US Airways. A ellas se suman una quincena de líneas de
bajo costes, entre las que destacan Southwest, JetBlue, AirTran, Alaska Airlines
y Virgin America. Sólo en el último mes han abandonado cinco aerolíneas por
problemas de liquidez causados del alza del crudo y la crisis financiera. Se
trata de las de bajo coste Frontier Airlines, ATA y Skybus, a las que se sumó la
regional Aloha y la de viajes de negocios Eos Airlines.
El resto mira con inquietud sus balances. El Departamento de Energía
estadounidense calcula que este año el barril de crudo se pagará a unos 94
dólares, 22 más que en 2007. Merrill Lynch maneja diferentes escenarios a corto
plazo de la industria, en función de la evolución de la factura de queroseno.
Las pérdidas de este año podrían moverse entre 3.500 millones y 9.000 millones
de dólares si el precio del barril se mantiene por encima de los 110 dólares.
American sería la más afectada, junto a United y Delta.
Un dólar de incremento en el precio del barril eleva los costes anuales de
las aerolíneas en torno a 60 millones de dólares, según los directivos de United
Airlines. La novedad en la coyuntura actual es que el coste vinculado al
combustible (30%) para llevar a un pasajero de un punto A al B supera ya a los
desembolsos que hacen las aerolíneas en el ámbito laboral (25%), lo que obliga a
los gestores a ser más creativos al definir el plan de sus flotas.
Y ahí es donde está el problema, porque el margen de maniobra para reducir
costes es limitado. Tras el 11-S, las aerolíneas procedieron a dejar en tierra
sus aviones más viejos e ineficientes, redujeron los costes de mantenimiento, se
deshicieron de algunos servicios en vuelo y dejaron en manos de sus filiales
regionales las rutas menos rentables. La tecnología permitió además a los
viajeros realizar operaciones de facturación, lo que se tradujo en la
eliminación de miles de empleos en tierra.
Las grandes aerolíneas optaron también por declararse o amenazar con la
suspensión de pagos para reorganizar su estructura, sin la presión de Wall
Street ni la de los sindicatos. Ahora, como dice JPMorgan Chase, deben buscar
nuevas vías para contar con la liquidez suficiente.
La consolidación es un argumento recurrente cuando se habla de la aviación
comercial en EE UU, y en concreto de las aerolíneas tradicionales, que no
terminan de encontrar el modelo para levantar cabeza. Se habló de ella durante
la crisis de los años noventa y de nuevo tras los atentados del 11-S. Northwest
y Delta Air Lines lo utilizan ahora para justificar su fusión, de la que nacerá
la mayor aerolínea del mundo. Sus ejecutivos dicen que el tamaño es clave para
sobrevivir. Explican que no sólo deben hacer frente al alto precio del barril de
petróleo, también a la competencia creciente en la arena internacional por
acuerdos de "cielos abiertos" y la pujanza del bajo coste.
Standard & Poor's (S&P) considera que este acuerdo puede llevar a cambios de
calado en la industria y abrirá una verdadera carrera para no quedar marginadas.
"Esperamos ver una actividad mayor en este sentido, que tendrá implicaciones
competitivas para toda la industria", señalan. Continental y American no quieren
dar de momento el paso en esa dirección, por lo que la combinación más probable
sería una fusión de United Airlines con US Airways, algo que ya intentaron en
2001 y que fracasó.
JP Morgan cree que esta fusión es factible porque ambas aerolíneas disponen
de una estructura laboral parecida y porque los dos están en Star Alliance. Y
aunque en el pasado esta combinación ya fuera rechazada por el Departamento de
Justicia, esta vez cuentan con la ventaja de que su plan sería sometido al
examen de las autoridades reguladoras junto al de Delta y Northwest. Entre las
líneas de bajo coste, AirTran lo estaría intentando con Midwest Airlines.
Los matrimonios entre grandes aerolíneas no son fáciles. Las autoridades
reguladoras, pero sobre todo el Congreso de EE UU, suelen imponer duras
condiciones. Además, éste es de los pocos sectores donde los sindicatos son aún
capaces de mantener un verdadero pulso con la dirección de las compañías. La
mayor fusión hasta la fecha fue la compra hace siete años de TWA por parte de
American Airlines, que colocó a la compañía de Fort Worth (Tejas) al frente de
la industria a escala global, por delante de United.
Cuatro años y medio después se produciría la segunda gran alianza, entre
America West y US Airways. Las aerolíneas tradicionales miraron a finales de la
década de los años 1980 y 1990 a las compañías regionales para reforzar su
posición. Northwest compró Republic, mientras Delta se hacía con el control de
Western. TWA hizo lo propio con Ozark, American sumó fuerzas con Air California
y RenoAir, y Continental con People Express. US Airways adquirió PSA Airlines y
Piedmont Air Line.
Las aerolíneas de bajo coste tampoco se quedaron fuera del juego. Southwest
se fusionó con Morris Air, y ValuJet lo hizo con AirTran. Las fusiones, como
explican los expertos, tienen varios objetivos. Una vez integradas, permiten
ampliar las rutas, atraer clientes corporativos que compran billetes más caros y
refuerzan su posición en el mercado respecto a los rivales. Al combinar las
flotas, se optimizan los costes operativos y se simplifica el sistema de
reservas. Esto se traduce además en recorte de capacidad.
Aunque como señalan desde S&P, estas carambolas de fusiones no ayudarán a
cambiar por sí sola la realidad que vive el sector a corto plazo por el petróleo
y una economía que se debilita. "Son acuerdos por necesidad, no buenos
acuerdos", precisan en Calyon Securities, donde esperan una "reestructuración
drástica" si las aerolíneas pretenden sobrevivir. Por todo esto se pide
prudencia a los inversores.
"Intentar entrar en la zona baja del mercado es como tratar de coger un gran
piano que cae de un piso 20", advierte Calyon. Si la historia sirve como
referencia en estos casos, a Northwest le costó dos décadas lograr operar como
una sola compañía tras la adquisición de Republic. Los mismos problemas de
integración se los están encontrando en America West y US Airways, donde sus
pilotos siguen viéndose como rivales y las disfunciones hacen complicado sacar
ventaja de la combinación de sus operaciones.
"Va a ser un año decisivo para el sector, durante el que se reducirá el
número de aerolíneas y emergerá una industria más pequeña", concluyen en Calyon,
mientras precisan que las compañías que sobrevivan al ajuste serán las que
tengan un negocio más diversificado y con los recursos financieros más sólidos
para hacer frente a costes tan elevados. Y los viajeros ya no podrán volar a los
precios vistos hasta ahora.