La Organización de las
Naciones Unidas (ONU) se apresuró a disipar dudas de que el grupo de
trabajo creado, en la última semana de abril, para afrontar la
crisis mundial de alimentos tenga una vocación más orientada a la
acción humanitaria que al desarrollo.
Por Gustavo Capdevila - IPS
El coordinador del nuevo organismo, el diplomático
británico John Holmes aclaró, el miércoles 30, que "mi designación
no significa que consideremos esto como una crisis predominantemente
humanitaria".
La procedencia de Holmes, quién retiene sus actuales funciones de
subsecretario general de la ONU para asuntos humanitarios, y la
mayoría de las preocupaciones expuestas por los jefes de las
agencias del foro mundial durante el lanzamiento de esta comisión
especial, habían sustentado las interpretaciones de una misión
humanitaria para el nuevo cuerpo.
Sin duda, de manera inmediata la crisis se mide por su magnitud
humanitaria. Pero también hay otras dimensiones, como la necesidad
también perentoria de aumentar este año la producción agrícola,
dijo.
Durante el acto de presentación del grupo el martes 29 en Berna
predominaron las expresiones de alarma por la gravedad de los
efectos humanitarios ocasionados por la crisis de alimentos.
Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, advirtió de que las
próximas semanas serán críticas para encarar la crisis. En los dos
últimos años, unas 100 millones de personas han descendido el umbral
de la pobreza a causa del fenómeno, precisó.
Los precios elevados de los alimentos son motivo para unas 2.000
millones de personas de penurias cotidianas, de sacrificios y para
muchas de ellas, aún de supervivencia, insistió.
Otro ángulo fue el que resaltaron el secretario general de la ONU,
Ban Ki-moon, y el director general de la Organización de las
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, Jayques Douf,
también preocupados por la suerte de los campesinos del mundo en
desarrollo y por sus necesidades de tener acceso a semillas, abonos
y forrajes.
El coordinador del grupo de labores aceptó que, cualesquiera sean
los factores determinantes de la crisis, se trata de un problema
causado por el hecho de que la demanda de alimentos en el mundo ha
superado a la oferta. Por tanto, eso debe ser corregido a largo
plazo, puntualizó.
En ese plano, Holmes aludió a las cuestiones comerciales y a la
Ronda de Doha, como se denomina a la rueda de negociaciones
emprendida a fines de 2001 por la Organización Mundial del Comercio
(OMC) para profundizar la apertura de los mercados de bienes,
servicios y propiedad intelectual, pero en particular de los
productos agrícolas, notoriamente retrasados en la liberalización.
Holmes reflexionó que habrá que ver cuánto demora esa liberalización
y de qué manera responderá a las necesidades presentes.
De todos modos, la crisis de los alimentos presenta la oportunidad
de revisar las estructuras del comercio y de las subvenciones
agrícolas, como las aplicadas por parte de Estados Unidos hacia su
agricultora y consumidores, observó.
El coordinador evaluó que otros dos aspectos polémicos relacionados
con la agricultura, como son los biocombustibles y algunas nuevas
tecnologías, el caso de los organismos genéticamente modificados,
deben ser encarados de manera muy amplia.
En el tema específico de los biocombustibles, Holmes sostuvo que no
se puede afirmar que son todos óptimos o, por el contrario,
perjudiciales.
El subsecretario de la ONU dijo que el foro no puede simplificar el
problema y pronunciarse en favor de una veda de los biocombustibles
por cinco años, como ha solicitado el relator sobre el derecho a la
alimentación Jean Ziegler.
En algunas regiones los cultivos destinados a biocombustibles pueden
tener sentido y en otros representar un despropósito en razón de la
naturaleza de las tierras o de la producción.
Algunos cultivos sin valor alimentario que pueden ser valiosos para
obtener combustibles, como una nuez que se recolecta en India, que
entra en esa categoría.
El tema de los combustibles producidos a partir de vegetales debe
examinarse con una lente racional, diferenciada y cuidadosa. En ese
aspecto, una interdicción inmediata no parece tener sentido, aunque
el sistema de la ONU no ha adoptado posición formal al respecto,
precisó.
El grupo de trabajo se dedicará en las próximas semanas a preparar
un plan de acción con objetivos a plazos corto, mediano y largo, que
involucrará la participación de las agencias de la ONU y de sus
líderes.
Holmes resaltó que la sociedad civil, en su más amplio sentido,
tendrá un papel en las acciones contra la crisis de los alimentos.
Pero en particular las organizaciones no gubernamentales serán
protagonistas en los dos aspectos, el humanitario y el desarrollo.
Por ese motivo nos preocuparemos por incorporarlas, dijo.
El primer objetivo de las actividades del grupo de tareas se enfoca
a la reunión que se realizará en Roma, del 3 al 5 de junio,
convocada por las tres agencias vinculadas a la alimentación y los
cultivos con sede en la capital italiana, que son la FAO, el
Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo para el Desarrollo
Agrícola (IFAD).
El subsecretario de la ONU aspira a que esa reunión se convierta en
una cumbre mundial de jefes de Estado y de gobierno.