La gasolina ha encendido la campaña. Hillary Clinton y Barack Obama han
adoptado posturas opuestas, ambas arriesgadas, ante una cuestión que domina cada
vez más el debate político en Estados Unidos.
Por Eusebio Val - La
Vanguardia, España
Inventores de la civilización del
automóvil, mimados durante generaciones con energía barata y vehículos de gran
cilindrada, los norteamericanos están alarmados por cómo se dispara el coste de
sus desplazamientos. Las primarias demócratas de hoy en Carolina del Norte e
Indiana servirán para comprobar la reacción del electorado ante las recetas para
afrontar el problema.
La ex primera dama sigue presentándose como la campeona de la clase media y de
los trabajadores. Dice querer aliviarles en esta fase económica difícil. Por eso
ha hecho suya una propuesta inicial del republicano John Mc-Cain para suspender
durante el verano el impuesto federal sobre los carburantes. Ella añade una
variante decisiva sobre el plan de McCain: para compensar la merma de ingresos
para el Estado, impondría una tasa extra a las compañías petroleras por los
cuantiosos beneficios obtenidos durante el último año.
Obama, como la inmensa mayoría de economistas, discrepa de la idea. La considera
un paño caliente, puro electoralismo, una artimaña populista e irresponsable, un
truco típico de ese sistema "roto" de Washington que él quiere cambiar si llega
a la presidencia. El candidato afroamericano asume un riesgo evidente con su
rechazo. Su argumento es que la sinceridad ante los votantes debe prevalecer. Él
afirma que la solución a largo plazo pasa por exigir a los fabricantes vehículos
de menos consumo, por promover en serio energías alternativas y por aplicar
descuentos tributarios permanentes a la clase media que no sólo les ayuden a
pagar la gasolina sino unos alimentos que se encarecen sin cesar.
El precio de la gasolina ronda ya el dólar por litro - un poco más para el
gasóleo-, un nivel desconocido. El impuesto federal es de 5 centavos por litro
de gasolina y 6 por el de gasóleo. Obama sostiene que el ahorro derivado de la
propuesta de Clinton será ridículo y que el Congreso no aprobará un gravamen
adicional a las petroleras, por lo que su idea no es más que un brindis al sol.
En ningún lugar como en el Medio Oeste estadounidense, principal granero del
mundo, es más agudo el dilema entre carburante y comida. Un 25 por ciento de la
cosecha de maíz se dedica ya a la producción de etanol. Las subvenciones
oficiales aceleran un proceso de efecto ambivalente. El agricultor que vende
maíz se beneficia, pero el granjero criador de pollos y cerdos - consumidores de
maíz- paga más para alimentarlos, amén del desequilibrio que se causa en el
mercado internacional de cereales y en el suministro alimentario global. "En el
balance, creo que el resultado es negativo", declara a este diario Don Clark, de
73 años, propietario de una granja al norte de Indianápolis, que el año pasado
vendió 7.000 toneladas de maíz a una planta de etanol. Clark, republicano,
comparte por completo la idea del presidente Bush de que hay que dejarse de
remilgos y extraer todo el petróleo posible del territorio estadounidense,
incluida la reserva natural en el norte de Alaska, donde la prospección ha sido
vetada por el Congreso por motivos ecológicos.
Otro agricultor de la zona, Ray Eisenhower, que cultiva 140 hectáreas de maíz y
soja - además de conducir un autobús escolar, como pluriempleo- advierte que los
ingresos adicionales por el maíz se los come la subida del carburante para el
tractor, de los fertilizantes y de las semillas. "Sólo movemos más dinero - se
lamenta-, pero el beneficio acaba siendo el mismo".
Autosuficiencia con etanol y estiércol
En la única gasolinera de Reynolds, en el centro de Indiana, hay varios
surtidores de E-85, compuesto por un 85 por ciento de etanol. "El combustible
americano - dice el folleto informativo-. Combustible del Medio Oeste. No de
Oriente Medio".
Reynolds, con sólo 547 habitantes y mucha actividad agropecuaria, es
protagonista de un experimento piloto, del intento de convertirlo en
energéticamente autosuficiente. Gracias a la colaboración de General Motors, 160
vehículos del pueblo funcionan con E-85 o biodiésel. Se está construyendo en el
pueblo una planta de etanol y hay planes para otras dos instalaciones. Una debe
producir electricidad a partir del estiércol generado en las granjas de vacas y
cerdos de la zona. Otra está destinada a producir gas metano.
El programa, bajo el nombre de Biotown USA, está patrocinado por el Gobierno de
Indiana y tiene el potencial de extenderse a todo el país, lo que supondría una
transformación muy interesante de la América rural.
La realidad, sin embargo, es que la mayoría de los vecinos de Reynolds sigue
usando la gasolina convencional. El E-85 es más barato, pero argumentan que no
es tan eficiente en términos de consumo por kilómetro.
John, de 59 años y jardinero, apunta al problema del encarecimiento de la
comida. Piensa que el etanol es una mera solución transitoria. "En vez de
invertir tanto dinero en países con mucho petróleo, como Iraq, deberíamos haber
gastado en desarrollar alternativas de energía", afirma. "Nuestro presidente,
que por cierto es de Texas y de familia petrolera, debería haberse ocupado de
eso - ironiza-. Es ridículo, pero invadimos Iraq, que ya estaba mal, aunque no
es nada comparado a la devastación que hemos provocado".