Si se mira desde la óptica de las ganancias, esta es la mejor
época para la industria petrolera. Las ganancias, sin embargo, no cuentan toda
la historia.
Por Russell Gold y Donna Kardos -
The Wall Street Journal
Detrás de las utilidades sin precedentes hay un período de
cambios profundos e inestabilidad en la industria energética. Exxon Mobil Corp.,
la mayor petrolera privada del mundo por producción, anunció el jueves ganancias
en torno a los US$10.890 millones en el primer trimestre, un alza del 17% frente
al mismo lapso del año previo. Se trata del segundo mejor trimestre en la
historia de las empresas estadounidenses, superado únicamente por la propia
Exxon en el último trimestre del año pasado.
Sin embargo, las ganancias decepcionaron a los inversionistas y
la acción de Exxon llegó a caer 5,1% en la Bolsa de Nueva York antes de cerrar
con un descenso de 3,62% a US$89,70. El grueso de las ganancias de Exxon provino
de los altos precios del crudo, pero los ingresos estuvieron por debajo de las
previsiones y la producción bajó 9,9% frente al primer trimestre de 2007.
Las ganancias fueron aun más decepcionantes para los analistas,
debido a que la británica BP PLC y la anglo-holandesa Royal Dutch Shell PLC
anunciaron a principios de la semana resultados que superaron las expectativas.
Las ganancias de las petroleras, en todo caso, no reflejan las
transformaciones que están alterando las reglas de juego para las petroleras
globales.
La demanda energética no está reaccionando a los altos precios
de la forma en la que esperaban los economistas y sigue creciendo en la mayor
parte del mundo a pesar de que el precio por barril se acerca a los US$120.
Los productores, a su vez, han preferido restringir la
producción adicional de crudo. El jueves, los futuros de crudo en la Bolsa
Mercantil de Nueva York cayeron 0,8% a US$112,52 el barril, su nivel más bajo
desde el 14 de abril.
Por otra parte, la preocupación por el calentamiento global ha
sido el catalizador de los mayores cambios a las reglas ambientales en una
generación, haciendo que sea difícil hacer inversiones a largo plazo, debido a
que se desconoce el alcance futuro de esas reglas.
Incluso la geopolítica es diferente a la de hace cinco años, a
medida que China, India, Rusia y Brasil surgen como fuerzas poderosas en el
escenario energético global.
El cambio que quizá perturba más a los ejecutivos de la
industria es que el antiguo orden está siendo amenazado, a medida que el crudo
deja de ser visto como el combustible abundante y dominante que solía ser.
"Es una época muy complicada, especialmente porque los últimos
años fueron muy buenos", asegura Frank Verrastro, director del programa de
energía del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, una organización
de Washington.
Esta semana, sin ir más lejos, la familia Rockefeller,
descendientes del fundador de Standard Oil John Rockefeller, realizó una
conferencia de prensa en la que expresó su preocupación de que el presidente de
Exxon, Rex Tillerson, carece de la visión para guiar a la empresa al futuro.
Los Rockefeller sugirieron nombrar a un presidente de la junta
independiente, dejando a Tillerson a cargo del día a día. Además, unieron sus
voces al clamor del público para que las petroleras inviertan más en fuentes
alternativas de energía.
Exxon y otras petroleras han resistido este tipo de
inversiones. La mayoría de los US$25.000 millones en gastos de capital de Exxon
se dirigen a la producción de crudo, gas natural, químicos y gasolina.
Ejecutivos de la empresa han dicho que invierten en el
desarrollo de la siguiente generación de combustibles renovables, debido a que
no creen que la generación actual sea viable.
"Por desgracia, las grandes petroleras tienen una visión muy
miope, concentrada en las oportunidades o ganancias a corto plazo", dijo Alan
Nogee, director del Programa de Energía Limpia de La Unión de Científicos
Preocupados.
Wall Street, sin embargo, ha recompensado a Exxon y otras
petroleras por no asumir grandes riesgos, lo que ha incubado una cultura
conservadora, y presiona para que Exxon contenga los gastos y devuelva dinero a
los accionistas.
El miércoles, Exxon dijo que incrementaría su dividendo
trimestral en 14%. Michael LaMotte, analista de J.P. Morgan, no se mostró
impresionado. "Bueno, pero no suficientemente bueno", escribió en un informe.
"Aunque este es el mayor aumento anual en casi 30 años, estamos decepcionados de
que la junta no hiciera más".