Jason Grumet tiene un criterio simple para determinar al mejor candidato
presidencial. Grumet es director de la Comisión Nacional de Políticas de
Energía, un grupo bipartidario que ha desarrollado políticas para encarar los
temas gemelos del calentamiento global y la dependencia energética.
Quiere que el próximo Gobierno dé pasos decisivos, tales como imponer límites
obligatorios a las emisiones de gases invernadero, promover la eficiencia en el
uso de energía y ofrecer incentivos a las fuentes energéticas renovables.
La dificultad está en que los tres candidatos que quedan (Hillary Clinton,
Barack Obama y John McCain) postulan acciones fuertes respecto del cambio
climático, la política energética y la transformación de la economía para
hacerla más eficiente y menos contaminante. "Los tres candidatos están en eso",
dice Grumet.
La verdad es que tanto Clinton como Obama han hecho del clima, la energía y
la inversión medioambiental altas prioridades de sus campañas. Clinton promete
enfocarse en el calentamiento global y en la independencia energética desde los
primeros meses en el cargo, y crear un Consejo de Energía en la Casa Blanca.
Obama lanzó su campaña para la primaria demócrata de Pensilvania visitando
una planta eólica en Filadelfia y repitiendo su compromiso de gastar 150 mil
millones de dólares durante 10 años para crear una amplia industria
energéticamente limpia. Y si bien McCain figura mucho más abajo que cualquiera
de los demócratas en la lista de puntajes de la Liga de Votantes
Conservacionistas (LVC), ha roto con el Gobierno Bush y con la mayoría de sus
correligionarios republicanos al apoyar límites obligatorios para las emisiones
de gases invernadero.
Con su colega, el senador independiente Joe Lieberman, McCain presentó un
proyecto de ley hace cinco años que imponía límites modestos a las emisiones y
preparaba el terreno para proyectos legales más ambiciosos, actualmente bajo
consideración del Congreso. "Como Presidente, la seguridad [de la nación] será
mi máxima prioridad", explicó McCain en respuesta a preguntas que le formuló la
LVC, una organización con varias decenas de miles de afiliados.
"El medio ambiente y los peligros económicos planteados por el calentamiento
global, y el asunto relacionado de la dependencia estadounidense del petróleo
extranjero, constituyen una seria amenaza a la seguridad nacional y global",
explicó. El asesor de la campaña de Clinton, Todd Stern, dice que "no hay
enormes diferencias" entre los candidatos.
Un giro masivo
La mayor diferencia se da entre el trío de candidatos y la administración
Bush. Si cualquiera de los aspirantes cumple los compromisos de campaña, la
economía estadounidense se transformará. Limitar las emisiones de carbono hará
más caro quemar carbón, manejar autos, hacer plásticos y muchas otras cosas.
Hay un encendido debate acerca de si esto causaría daño o ayudaría. Los
opositores mencionan costos paralizantes y pérdidas de millones de empleos.
Los partidarios ven una economía mucho más limpia y eficiente, un país más
seguro y a millones de estadounidenses produciendo tecnologías limpias que
exportar al resto del mundo.
Un reciente estudio de la consultora McKinsey concluye en que el precio
general a pagar es mínimo. Pero llegar hasta allí requerirá cambios masivos en
todas las cosas, desde la producción de energía (de los combustibles fósiles a
los renovables) hasta la manera en que viven los estadounidenses (quemar menos
gasolina y hacer casas más eficientes).
Hasta dónde llegará Estados Unidos en este camino será uno de los principales
temas en juego en la elección de noviembre. Y lo que importa no es lo que los
candidatos digan, dice Grumet; es lo exitosos que puedan ser en sacar adelante
sus ambiciosos planes. "La pregunta no es quién lo plantee, sino quién puede
hacerlo", dice.
Bajo la gestión de
McCain
Los ambientalistas sostienen que, probablemente, quien menos emprenda pasos
tan audaces y difíciles es McCain. Sí, reconocen, un Presidente republicano
podría obtener más votos de ese partido en el Congreso a favor de legislación
climática que un jefe del Ejecutivo demócrata. Pero las políticas de McCain son
inadecuadas, según Gene Karpinski, presidente de la LVC.
"A su favor está que McCain comprende que el calentamiento global es grave,
pero hoy su plan está superado en el tiempo y se queda corto en lo que
necesitamos hacer", dice Karpinski. En general, los ambientalistas reprochan a
McCain por apoyarse en un límite obligatorio de emisiones relativamente bajo.
Si bien ese límite elevaría el precio por usar combustibles fósiles, no
brindaría un incentivo lo suficientemente grande para reducir el uso de energía,
según dicen muchos economistas. Para obtener aumentos importantes en la
eficiencia energética, dicen, el Gobierno debe también imponer en los vehículos
rendimientos más altos del combustible por kilometraje y promover el uso de
energías renovables, entre otros incentivos.
Preocupa también a los ambientalistas que McCain llene cualquier vacante en
la Corte Suprema con jueces conservadores que podrían dejar sin efecto fallos
importantes, como el del año pasado en Massachusetts, según el cual la EPA
(Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) tiene la autoridad para
regular el dióxido de carbono bajo las actuales leyes.
Por supuesto, muchas compañías preferirían que el próximo Gobierno no dé
pasos dramáticos en este asunto, razón por la que McCain tiene fuerte apoyo
empresarial. Pero estos respaldos están divididos.
Una serie de compañías, como Entergy, Exelon y Duke Energy, preferirían que
hubiese topes obligatorios en las emisiones de dióxido de carbono, debido en
parte simplemente a tener una certeza regulatoria respecto de qué plantas de
energía construir en las próximas décadas. Otras empresas, como General Electric,
ven grandes oportunidades en la energía eólica, las plantas nucleares y otras
formas de energía no emisoras de carbono, que sólo podrían desarrollarse con
mandatos e incentivos adicionales del Gobierno.
Obama versus Clinton
A juzgar hasta ahora por las promesas de campaña, está claro que los
nominados demócratas intentarán emprender acciones más dramáticas que McCain.
Tanto Obama como Clinton hablan nada menos que de una transformación de la
economía. ¿Pero cuál de ellos es más probable que lo haga? Karpinski dice que es
difícil saberlo.
"Tanto Obama como Clinton han hecho de eso una prioridad, y es el tipo de
liderazgo que necesitamos", afirma. Pero Grumet cree que hay una diferencia y,
para explicarlo, cuenta una historia. Hace tres años buscaba generar apoyo en el
Congreso para rebajar las emisiones de dióxido de carbono de los automóviles.
Pero su mensaje cayó casi siempre en oídos sordos. Una vez que los
legisladores escucharon que esas reducciones de emisiones no producirían avances
reales en el clima sino hasta una década después (pues tomaría años poner en las
calles y caminos una cantidad suficiente de vehículos de alto kilometraje), se
desentendieron de Grumet.
Pero la recepción de Obama fue diferente. Grumet recuerda que cuando se le
dijo que los avances demorarían diez años, "Obama dijo: ‘Bueno, tenemos entonces
que empezar de inmediato’". Junto al senador republicano Richard Lugar, Obama
redactó un proyecto de ley para economizar combustible en los automóviles y
luchó duramente por 18 meses, hasta que lo convirtió en la base de una
legislación fundamental que aprobó el Congreso el año pasado.
Ese compromiso y esa tenacidad son cruciales, dice Grumet. "Lo que aporta el
senador Obama no son sólo ideas inteligentes. Tiene una capacidad diferencial
para cambiar el debate".