La iniciativa, presentada por los senadores Edward
Kennedy, del opositor Partido Demócrata, y su par Arlen Specter, del
oficialista Partido Republicano, fue aprobada por 11 votos contra
ocho. Specter fue el único de los nueve miembros republicanos de la
comisión que votó a favor de la medida.
El director del Programa sobre Secretos Gubernamentales de la
Federación de Científicos Estadounidenses, Steven Aftergood, dijo a
IPS que "el argumento de la seguridad nacional ha sido utilizado
para evitar que se cuestionen ante la justicia las políticas de
detención, interrogación y traslado a prisiones en el exterior de
personas acusadas de terrorismo".
El proyecto deberá ser considerado ahora por el Senado en sesión
plenaria, aunque no existe una fecha y el resultado de la votación
no aparece claro. Una iniciativa similar fue presentada en la Cámara
de Representantes (diputados) por el demócrata Jerrold Nadler y el
republicano Tom Petri.
La Casa Blanca ya anunció que el presidente George W. Bush usará su
poder de veto si el proyecto se convierte en ley.
Según la iniciativa, cuando el gobierno declare que determinada
información constituye un secreto de Estado, deberá enviar a la
justicia una explicación de las razones por las cuales no puede ser
revelada.
Si el tribunal encuentra que ciertas evidencias deben permanecer en
secreto, tendrá la facultad de ordenar al gobierno que ofrezca
versiones "desclasificadas" o con partes censuradas de esa
información "delicada", si no se pone en riesgo la seguridad
nacional. Si se niega a entregar esa documentación, los jueces
podrán emitir un fallo contra el gobierno.
El fiscal general de Estados Unidos --principal abogado de la Casa
Blanca y cabeza del Departamento (ministerio) de Justicia-- deberá
informar a las comisiones de Inteligencia y Justicia de ambas
cámaras legislativas cada vez que el gobierno plantee que
determinada información constituye un secreto de Estado, según el
proyecto.
La tradición legal permitió durante años que el Ejecutivo se negara
a que se usara como evidencia en un juicio documentación que, a su
entender, comprometería la seguridad nacional si tomaba estado
público.
Ese privilegio fue aceptado por primera vez en 1953 por la Corte
Suprema y desde entonces fue utilizado por todos los presidentes,
tanto demócratas como republicanos. Pero ninguno recurrió a esta
herramienta tan frecuentemente como Bush.
Fue utilizada para bloquear demandas judiciales por casos de
escuchas telefónicas ilegales, así como arrestos y torturas,
argumentando que se podría causar un daño "inaceptable" a la
seguridad nacional.
Expertos legales han reclamado desde hace tiempo que el Congreso
legislativo regulara el empleo de este privilegio del Ejecutivo.
El no gubernamental y bipartidista Project Constitution señaló que
se trata de una medida "esencial para restablecer y reforzar los
derechos y libertades básicas garantizados por nuestro sistema
constitucional de gobierno".
El gobierno de Bush utilizó el argumento de la seguridad nacional
para bloquear diversas demandas judiciales. En una de ellas, el
ciudadano alemán Khaled el-Masri denunció que fue secuestrado y
torturado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), pero la
causa fue desechada ya que el uso de evidencia "protegida" era la
única forma de probar la validez de sus alegatos.
Otro tanto ocurrió con el juicio iniciado por Maher Arar, ciudadano
canadiense nacido en Siria, arrestado en 2002 en Nueva York y
enviado a Damasco, donde permaneció detenido durante un año y fue
víctima de torturas. Pero el gobierno canadiense, luego de una
investigación de dos años, encontró que no tenía ninguna conexión
con terroristas y le concedió una compensación de 10 millones de
dólares.
Activistas de derechos humanos y expertos legales han señalado que
el gobierno de Bush utiliza el argumento de los secretos de Estado
como cortina para esconder virtualmente cualquier acción que decida
emprender.
El constitucionalista David Cole, de la Universidad de Georgetown,
dijo a IPS que "según el gobierno, el presidente tiene el poder
unilateral, en la 'guerra contra el terrorismo', de violar la
legislación penal y argumenta que los tribunales no pueden
pronunciarse sobre el tema porque esos delitos constituyen un
secreto de Estado".
Peter Shane, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de
Ohio, afirmó que la docilidad de la Corte Suprema frente al
presidente "no ofrece ninguna posibilidad de una reforma real que
provenga de la justicia. Es el Congreso el que puede cambiar las
cosas".
El fiscal general Michael Mukasey cree que los legisladores no
cuentan con el poder para modificar la ley sobre secretos de Estado,
ya que tiene sus "raíces en la Constitución".
El proyecto que se está debatiendo actualmente, señaló, buscar
transferir la responsabilidad de la evaluación de los temas de
seguridad nacional del Ejecutivo a los tribunales. Los jueces
federales, agregó, "no tienen la autoridad constitucional ni la
experiencia institucional para asumir esa función".