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(IAR Noticias) 22-Abril-08
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Candidato demócrata Barack Obama |
Desde un comienzo, el
candidato presidencial Barack Obama quiso evitar el tema racial. Pero se
ha visto atrapado en él, lo que podría hacer a la inminente primaria de
Pensilvania más difícil de lo que esperaba. Mientras, Hillary Clinton se
juega sus últimos cartuchos.
Por Cordula
Meyer -
Der Spiegel /
The New York Times Syndicate
Jim Miller, mecánico de buses de 53 años de edad, es una de las personas
que escuchan a Bill Clinton en un gimnasio de Reading, Pensilvania. Sobre el
escenario, Clinton, divertido y encantador como siempre, alienta a su
audiencia a votar por su esposa como candidata presidencial demócrata. Los
votantes, dice el ex Presidente, deben decidir si prefieren "una sensación
de cambios" o "cambios en los hechos", una evidente estocada contra Barack
Obama, el rival de Hillary Clinton. Un cambio real, agrega, es especialmente
importante aquí en Pensilvania. No menciona directamente la raza. Pero ésta
es un elefante en la sala. Miller escucha atentamente. No está seguro
todavía si votará por la mujer blanca o por el hombre negro. Sonríe, indica
hacia la audiencia y dice algo que muchos en Reading son reacios a admitir:
"Aquí todavía hay racismo muchos, muchos racistas".
"Suicidio político"
Reading es una ciudad de 18 mil habitantes en el corazón de Pensilvania,
un estado relativamente grande con importantes problemas sociales. Con la
carrera entre Obama y Clinton aún muy estrecha, los demócratas irán a
primarias este martes en una contienda que, de ganarla Hillary, haría mucho
más difícil la elección que enfrenta el partido: ¿quién debiera competir
contra el nominado republicano John McCain en la presidencial de noviembre?
El estado de Pensilvania, como Michigan, Wisconsin e Illinois, fue alguna
vez uno de los motores industriales del país. Pero hoy el paisaje en
ciudades como Reading ya no está moldeado por fábricas, sino por tiendas de
venta al detalle como Wal-Mart, además de un generoso contingente de locales
de comida rápida. La ciudad se nota deteriorada, los empleos bien pagados
son una rareza y muchos no tienen cómo reparar o mantener sus casas. Reading
es uno de los perdedores de Estados Unidos.
En su ahora famoso discurso sobre las relaciones raciales en Estados
Unidos, el postulante Barack Obama habló de muchos temas que tocan fibras
sensibles en una ciudad como Reading. Dijo que cuando los blancos que sufren
desempleo y pobreza acusan a los negros por sus penurias, no son
necesariamente racistas. Dijo también que la discriminación no existe
solamente en la imaginación de los negros. El discurso "abrió la caja de
Pandora", dice John Forester, editor del diario local, el "Reading Eagle".
Forester está convencido de que el discurso puso a la raza directamente en
el centro de la campaña y considera que ciudades como Reading son exámenes
decisivos para ver si un candidato negro puede imponerse. No es optimista.
El poco inspirador discurso de Obama, dice Forester, fue un "suicidio
político".
En el centro de la Norteamérica blanca
Para los trabajadores blancos en los estados del cordón industrial, como
Pensilvania, el colapso en cámara lenta de las industrias manufactureras y
siderúrgicas (que se aceleró en los años noventa con la caída de los precios
del acero) ha traído tiempos difíciles, desempleo en aumento y creciente
irritación. Han resurgido los viejos resentimientos, especialmente cuando
las posibilidades de un regreso a los buenos tiempos antiguos son casi cero.
Pero para que Obama le gane a Hillary Clinton en las primarias, y a McCain
en la elección general, tendrá que ganar en ciudades como Reading. Eso, sin
embargo, parece improbable. La gente en Reading se siente demócrata, dice
Forester. Pero "aquí un demócrata es como un republicano en cualquier otra
parte". Tienen una pobre opinión sobre el Estado de Bienestar, se oponen a
controles de armas más severos y favorecen el proteccionismo. "Reading es
territorio de Hillary", dice Forester. El consultor político demócrata Hank
Sheinkopf, especialista en estados económicamente afectados, dijo
recientemente a "The New York Times" que "el problema de hablar todo el
tiempo de esperanza es que estas no son tierras esperanzadas". Hillary
Clinton, irónicamente, tiende a ser popular en sitios pobres como Reading,
pese a que es más que millonaria. Ronald Gaskiewicz trabajó durante 31 años
como técnico de la empresa de telefonía AT&T. Él y otros miles de empleados
fueron despedidos en 2003, al cerrar la compañía local. Hoy trabaja como
plomero y lava camiones. No puede recordar alguna vez en que no haya votado
por los demócratas. ¿Y esta vez? "La pregunta", dice, "es qué elegirá más
probablemente Estados Unidos. ¿Un hombre negro o una mujer blanca? Pienso
que optarán primero por una mujer". Y agrega: "No hay manera de que un negro
gane en Pensilvania. Este es el centro de la Norteamérica blanca".
Reading es aparentemente una prueba positiva de lo que Obama señaló en su
discurso. El racismo es a menudo desconfianza entre dos grupos que han sido
dejados atrás por el "sueño americano". El ingreso promedio anual por hogar
en Reading es de 27 mil dólares, y no alcanza precisamente para llevar un
estilo de vida extravagante. De hecho, cerca de un tercio de los residentes
viven bajo la línea de la pobreza. Las bandas rivales de la ciudad combaten
por las drogas que hacen soportable aquí las penurias de la vida. "En
Reading hay una balacera todos los días, aunque la policía lo niegue", dice
Michael Reist, un pastor religioso blanco. Su congregación está en Stony
Creek, uno de los suburbios más pobres de Reading. Muchos de sus feligreses
habituales viven en atiborrados parqueaderos de trailers, el epítome de la
pobreza blanca en Estados Unidos. Se habla abiertamente de los negros como "niggers",
un término cuidadosamente evitado en el Estados Unidos políticamente
correcto. El pastor Robert Brookins es un representante del establishment
negro de Reading. Cree que, a pesar de que a los miembros de su congregación
les gustan las ideas de Obama, no aprecian al candidato mismo porque no lo
ven como uno de ellos. Brookins ha sido el pastor de su iglesia durante 29
años, en uno de los más pobres suburbios de Reading.
¿Una conspiración?
Brookins insiste en que la visión de Obama sobre la nación, de unos
verdaderos Estados Unidos de América, es un sueño de opio. Está seguro que
existen quienes ejercen el poder tras bambalinas y que se aseguran que las
condenas a prisión por posesión de crack, droga de los pobres, sean mucho
más severas que las sentencias por posesión de cocaína, droga de los ricos.
Hasta donde a él le concierne, estos maestros titiriteros sólo tienen una
cosa en mente: mantener tras las rejas a la mayor cantidad de negros durante
el mayor tiempo posible. "Es una conspiración", dice tranquilamente. Hay una
connotación similar de ira en la descripción del statu quo que se oye de
parte de Jeremiah Wright, el pastor de Obama, cuya iglesia está en el South
Side pobre de Chicago.
Es probabe que Clinton gane la primaria demócrata de Pensilvania. En
realidad, tendrá que hacerlo si espera seguir en carrera. ¿Y Obama? De
acuerdo a un sondeo, cerca del 30% de los adherentes demócratas a Hillary
preferirían votar por el candidato republicano McCain que por un candidato
negro. She’Quora King es partidaria de Obama. Dice estar optimista, razón
por la que cree que su ídolo tiene una posibilidad en una ciudad como
Reading. Pero también se pregunta si querría verlo en la Casa Blanca. "Si
llega al cargo será asesinado", dice. "Hay demasiadas personas que no
quieren ver a un negro en esa silla".
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