"Esta es la prueba máxima de si el consenso bipartidista que ha
imperado en la política comercial durante 70 años ha colapsado", dice C. Fred
Bergsten, director del Instituto Peterson de Economía Internacional, un centro
de estudios con sede en Washington D.C. "Es cierto que se ha estado
desmoronando, pero hasta ahora ha habido un discreto apoyo por parte del partido
Demócrata".
En la Casa Blanca, Bush dijo que el acuerdo "merece el respaldo
de los dos partidos por parte del Congreso de EE.UU".
Lo que está en juego es un acuerdo comercial bastante estándar,
en el que Colombia accedió a abrir sus mercados agrícola, industrial y de
servicios a las compañías estadounidenses, mientras EE.UU. se comprometió a
hacer recortes permanentes a los aranceles sobre textiles, ropa, flores y otros
bienes. Como suele pasar con los acuerdos bilaterales con EE.UU., el país menor
(en este caso Colombia) hizo mayores concesiones, pero espera que el acuerdo se
traduzca en un auge en la inversión extranjera.
Desde el punto de vista de Bogotá, es difícil imaginar que
EE.UU. pueda rechazar el pacto, especialmente teniendo en cuenta que Colombia
accedió a incorporar las condiciones exigidas por los Demócratas (en relación a
derechos laborales y cuestiones medioambientales) después de que finalizaron las
negociaciones oficiales. "Para EE.UU., el acuerdo de libre comercio es sólo otro
acuerdo más, pero para Colombia es el símbolo de nuestra relación con EE.UU.",
dijo en una entrevista Juan Manuel Santos, ministro de Defensa.
Sin embargo, el acuerdo comercial ha cobrado un mayor
significado simbólico tanto en EE.UU. como internacionalmente. En Washington,
los sindicatos laborales y grupos de defensa de los derechos humanos quieren
usar la posibilidad de un pacto de libre comercio como comodín para que el
gobierno colombiano tome mayores medidas para proteger a los líderes sindicales
del país.
Colombia argumenta que ha progresado mucho en sus esfuerzos por
controlar la violencia. La antaño estratosférica tasa de asesinatos se ha
reducido 40%, los secuestros han sido casi eliminados y el ejército ha aumentado
su presión sobre la guerrilla de las FARC.
Sin embargo, según Thea Lee, directora de políticas de la
federación laboral AFL-CIO, "se ha lanzado el guante. Estamos totalmente
movilizados en todos los niveles". Eso difiere de una lucha similar del año
pasado en relación a un pacto con Perú. La AFL-CIO no se opuso activamente al
pacto y el Congreso lo aprobó por un amplio margen.
Los socios comerciales de EE.UU. han seguido atentamente el
posible pacto con Colombia como una señal del profundo sentimiento anti-libre
comercio de EE.UU. La delegación en Washington de la Unión Europea envía
informes regulares a Bruselas sobre las negociaciones con Colombia.
En Asia, Corea y Japón tampoco se han perdido detalle del
progreso del acuerdo con Colombia. Japón teme que un pacto entre EE.UU. y Corea
pueda perjudicar a Tokio. Bush todavía no ha presentado este pacto ante el
Congreso.
Bajo el proceso legislativo acelerado conocido como fast track,
el acuerdo debe ser aprobado o rechazado por voto en un plazo de 90 días.