(IAR Noticias) 01-Abril-08
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Barack Obama (izq.), senador de Illinois, y el
gobernador de Nuevo México, Bill Richardson. (AP). |
Durante los primeros años de la presidencia de Bill Clinton se podía
ver muy frecuentemente en la entrada de la Casa Blanca un jeep muy viejo
estacionado allí hasta altas horas de la noche. Era el que manejaba el
entonces legislador hispano Bill Richardson.
Por Gustavo Sierra
- Clarín
S e juntaban cuando el presidente
terminaba su largo día de trabajo, tomaban unas copas de vino y fumaban un
habano. ¿Y de qué hablan?, le pregunté un día a Richardson en su
oficina del Capitolio. La respuesta fue obvia: "de mujeres".
Los dos Bill eran "pals", verdaderos compinches. Es por eso que cuando
Richardson anunció hace unos días su apoyo a Barack Obama en detrimento de
Hillary Clinton, sonó a traición. Bill Clinton sintió el filo de la
daga entrando por su espalda.
Desde que Richardson, actual gobernador de New Mexico, ex secretario de
Energía y representante ante la ONU de la Administración Clinton, dejó su
candidatura presidencial, comenzó a recibir llamados de Obama y Hillary
para que les de su apoyo. Se cree que podría transferirles millones de votos
hispanos, particularmente del sur del país. Pero Richardson se hizo rogar.
Decidió tomarse "un tiempito". Se fue a cabalgar por su rancho montado en
su adorado Sundance, fue a ver unas peleas a Las Vegas y hasta se dejó
crecer la barba. No se dejó tentar por el rédito político que podría haber
obtenido si le daba su apoyo a uno de los dos contrincantes demócratas en la
primaria de Texas. "Les podía sacar cualquier puesto en el gabinete", especuló
un analista texano. Pero decidió esperar.
Ante el silencio, Bill Clinton se fue a ver el Super Bowl (la final del fútbol
americano) con su amigo a la residencia del gobernador en Santa Fe. Volvieron
a tomarse unos vinos y fumar cigarros mientras se reían del récord de Guinness
batido por Richardson que dio la mano a 13.392 personas en una sola
presentación de campaña.
Pero fue la llamada de Obama lo que logró entusiasmarlo. Le dijo: "Esto va a
ser histórico. Teddy (por Edgard Kennedy que apoya a Obama y es el ídolo de
Richardson), tu y yo". Fue cuando Bill Richardson decidió a clavar la daga
hasta las entrañas.
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