Fulmina que “con su decisión para rescatar Bear Stearns, la Reserva Federal (Fed),
la institución responsable de la política monetaria en EU, principal
protagonista del capitalismo de libre mercado, declaró que su era había
concluido”. Agrega como último clavo en el féretro del putrefacto capitalismo
neoliberal, las declaraciones de Joseph Ackermann, jerarca de Deutsche Bank, el
principal banco de Alemania: “No creo más en el poder autocurativo de los
mercados. La desregulación alcanzó sus límites”.
Cualquiera que haya leído el libro agotado El lado oscuro de la
globalización: post-globalización y balcanización, Ed. Cadmo & Europa (que
recopila textos a partir de 1997) y nuestras contribuciones a Bajo la Lupa desde
hace ocho años, no se asombrará de la coincidencia de opiniones entre Wolf,
Ackermann y quien esto escribe, sobre la crisis terminal del modelo neoliberal,
que, desde el punto de vista estructural y no ideológico, diagnosticamos desde
hace más de 10 años.
Siempre comentamos que lo único que faltaba era el sacerdote que oficiaría
las exequias cuya identidad ya se sabe: Ben Shalom Bernanke, quien heredó el
mayor cataclismo financiero de la historia de la humanidad creado por su
antecesor, el locuaz Alan Greenspan.
La “desilusión” de Wolf, combinada con una notable honestidad intelectual, se
acopla a la medida de su infantilismo ideológico, quien llegó “a soñar (sic) que
la desregulación financiera” del mercado de riesgo (securitisation)
conseguiría apartar a los gobiernos de su intervención”.
En realidad, el desregulado neoliberalismo neofeudal que practica la banca
israelí-anglosajona, siempre epitomizó la “privatización de las ganancias y la
socialización de las pérdidas” en forma parasitaria. A diferentes niveles y
dimensiones, pero a final de cuentas no existe diferencia alguna entre los
megafraudes de los hermanos Martin y Alejandro Werner Wainfeld en la Secretaría
de Hacienda, totalmente controlada por la banca israelí-anglosajona, ni del
tuxpeño Roberto Hernández Ramírez, con los felones de la banca privada de Wall
Street.
Sin contar los revolventes riesgos inherentes a la “desregulación” del modelo
neoliberal, es decir, su “contabilidad invisible” (off-balance sheet) y
sus “paraísos fiscales” (off-shore), ambos diseñados para piratas, Wolf
pone el dedo en la llaga sobre la “ineficiencia” del modelo neoliberal rescatado
por los bancos centrales del G7: “un casino desregulado y subsidiado que no
asigna los recursos correctamente”.
No es el ridículo “fin de la historia” fukuyamesco, pero sí el “fin de la
histeria” bursátil del desregulado neoliberalismo neofeudal.
El gran poeta californiano Robert Frost, citado por el economista de Harvard
Kenneth Rogoff y el mismo Wolf, describió los peligros tanto de la “ruina
financiera”, que asemejó al “fuego”, como de la “inflación”, que comparó al
“hielo”, que se abaten sobre los humanos. Wolf admite que “son tiempos
peligrosos, pero también históricos” y pone en tela de juicio “las pasadas tres
décadas”, en momentos en que “EU ha mostrado los límites de la desregulación”.
Quizá lo ignoren los economistas, ya no se diga los ignaros financieros, pero en
siquiatría la desregulación equivale a la locura.
Las “implicaciones serán globales, extensas y de largo plazo”, sentencia
Wolf. Así que todo el demencial experimento neoliberal en México desde hace 26
años –es decir, desde De la Madrid Hurtado, Salinas, Zedillo, Fox y los aciagos
16 meses de Calderón, sumado de la superchería “intelectual” de Joseph-Marie
Córdoba, del Grupo Nexos, y la dupla Krauze Kleinbort-Castañeda Gutman– no
sirvió para nada; peor: nos hizo perder un cuarto de siglo. En Hong Kong, desde
las antípodas de Wall Street, Chan Akya fustiga a los “nuevos brahmanes” (Asia
Times, 29/3/08), la nueva casta de banqueros que son rescatados de sus
quiebras con el dinero de los contribuyentes, lo cual ha llevado a la
“desaparición” (sic) del sistema anglosajón: “la Fed consiguió en un par de
meses lo que tomó siete décadas a la Unión Soviética, es decir, destruir el
capitalismo global de mercado del sistema anglosajón”.
Califica a los gobernadores de los bancos centrales del G7 (nota: extensivo a
sus caricaturas grotescas de Iberoamérica) como “totalmente corruptos, además de
ser terriblemente incompetentes”.
Se mofa de la “inflexibilidad de la política monetaria” del Banco Central
Europeo que “alegremente rescata cada banco que se le arroja a sus pies”.
Desmonta impecablemente el fracaso de los rescates bancarios de Japón y del
“socialismo (sic) de mercado” de Suecia, que ha sido imitado en forma insensata
por la Fed.
El dramaturgo conservador e “historiador de las ideas” de Oxford, David
Selbourne, resalta la “crisis profunda” de Gran Bretaña y su retroceso que
compara a “la mitad del siglo XVII”, cuando se gestó la Revolución de Cromwell y
la población se encontraba “loca de libertad” (como ahora): “con las economías
occidentales ampliamente supeditadas al consumismo, que se ha vuelto la medida
del progreso nacional, las democracias liberales han tropezado hacia la
oscuridad” (The Spectator, 26/3/08).
Entonces, ¿México no retrocedió un cuarto de siglo con el neoliberalismo,
sino mucho peor: hasta la mitad del siglo XV de la conquista española?
Hace un año apuntamos en nuestro libro premonitorio Fin de una era:
turbulencias en la globalización (Ed. Libros del Zorzal, Buenos Aires, 07):
“Los bancos centrales del G-7 prefieren una crisis financiera global a tener que
sacrificar el modelo capitalista. La gestión de las múltiples burbujas
greenspanianas llevó a una megaburbuja teratológica que es preferible dejar
estallar antes de que arrase con todos los jugadores. No es poca cosa, se trata
del estallido del sistema de flotación impuesto unilateralmente por
Nixon en 1971, que se sumó a la desregulada globalización financiera feudal de
1991. Habrá que ver cómo se repone el sistema capitalista de su orgía
especulativa, que pone en riesgo su propia existencia y la supervivencia del
género humano. Se muere una burbujeante era financiera de 35 años”. ¿No que no?.