(IAR Noticias) 30-Marzo-08
Europa Press
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Hillary Clinton y Barack Obama, en segundo plano |
La crisis económica que atraviesa Estados Unidos puede provocar que que la
diferencia ideológica fundamental entre demócratas y republicanos, esto es, sus
distintas opiniones en cuanto al alcance de la acción del Gobierno en la vida de
los ciudadanos, quede difuminada a favor de un objetivo común: fortalecer y
ampliar las competencias gubernamentales para hacer desaparecer el fantasma de
la recesión, uno de los preceptos fundamentales dentro de la doctrina del
partido Demócrata.
Los demócratas (tradicionales defensores del llamado "Gran gobierno",
según sus críticos republicanos) llevan proponiendo a través de sus
precandidatos a la presidencia, Barack Obama y Hillary Clinton, un papel más
activo del Gobierno dentro de la economía norteamericana. Esta intervención
sería mucho más profunda de lo que, hasta hace unas semanas, nunca hubieran
considerado ni el actual presidente estadounidense, George W. Bush, ni el casi
seguro candidato republicano a la Casa Blanca, el senador por Arizona John
McCain.
Y mientras sus filosofías pueden ser muy diferentes (según los
republicanos, el mejor gobierno es el que menos gobierna), ambos partidos
llegarán la conclusión de que la mejor forma de rescatar los mercados
financieros e inmobiliarios es a través de la acción de las instituciones
públicas, según el análisis realizado por el diario estadounidense 'The New York
Times'.
Lucha ideológica particular
No obstante, sigue existiendo una lucha ideológica, pero esta vez no tanto
sobre si el Gobierno debería intervenir en la economía, sino a quién debería
"rescatar". De esta forma, el presidente del Instituto Cato, un think-tank de
Washington, William A. Niskanen, estima que "los demócratas proponen proteger a
los individuos, mientras que los republicanos proponen defender a los mercados".
Estas diferencias en la aproximación podrían desembocar en un punto común,
dada la intrínseca relación entre la persona y el mercado, que se vería muy
debilitado si los ciudadanos estadounidenses comenzaran a padecer penurias
económicas.
Pero por ahora, ambos partidos se encuentran a ambos lados del espectro.
Esta semana, los dos principales candidatos demócratas han propuesto un "plan de
rescate" para los propietarios de viviendas, estimado en más de 30.000 millones
de dólares. Sin embargo, la administración Bush y sus defensores han considerado
que estas ideas son, en el mejor de los casos, una medida de "rescate" para
aquellos que no han sido capaces de administrar correctamente sus propios
recursos. "El Gobierno no tiene por qué salvar y, encima, recompensar a aquellos
que se han comportado de forma irresponsable", destacó McCain.
En la práctica, el diario estima que los Demócratas no han tenido la
posibilidad de enfrentarse aún a la verdadera "furia" de la crisis. En términos
monetarios, sus proposiciones más costosas palidecen en relación a los cientos
de miles de millones de dólares invertidos por la Reserva Federal estadounidense
para intentar reflotar las instituciones bancarias.
Proceso intervencionista
Esta intervención va directamente en contra de los principios
republicanos, lo que no ha sido óbice para que tanto McCain como Bush hayan
apoyado sin paliativos una de las intervenciones más importantes del Gobierno
estadounidense en un siglo: el préstamo concedido por la FED, a un mínimo
interés y valorado en 400.000 millones de dólares, a los bancos y firmas de Wall
Street afectados por el bajón económico.
Esta cantidad es una cifra varias veces superior a la que jamás hayan
propuesto los demócratas en relación a los propietarios de viviendas, y continúa
una tendencia intervencionista iniciada por el ya famoso "paquete de incentivos"
aprobado por el presidente Bush a petición de ambos partidos por el que se
destinarán, este año, 152.000 millones de dólares en concepto de recortes
impositivos temporales con el objetivo de incentivar el consumo.
A continuación, las principales agencias gubernamentales de cobertura
hipotecaria, Freedie Mac y Fannie Mae, fueron objeto de una serie de operaciones
para garantizar su capacidad operativa y finalmente, esta semana, la Junta de
Federal Hipotecaria decidió prestar 100.000 millones de dólares para facilitar
la financiación de los hogares estadounidenses.
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Jhon McCain, el casi seguro rival de
los demócratas en las elecciones presidenciales de noviembre |
Puntos de desencuentro
Esta semana, Clinton comparó la postura McCain con la del antiguo
presidente estadounidense Herbert Hoover (1929-1933) --incapaz de atajar durante
su mandato los efectos de la Gran Depresión--, al afirmar que el país "no puede
permitirse más años con este tipo de inacción". Por su parte, Obama ha declarado
que "el libre mercado nunca pretendió ser una licencia gratis para que cada uno
cogiera lo que le diera la gana".
Pero aunque ambos demócratas han propuesto un número de cambios que el
presidente Bush ha adoptado recientemente, los dos partidos mantienen agrias
diferencias en lo que se refiere a la regulación, y particularmente en lo que se
refiere a los bancos de inversión.
Los demócratas intentan impulsar una serie de restricciones en lo que se
refiere a los préstamos hipotecarios, imponiendo reglas más estrictas para la
supervisión de las firmas de Wall Street. Una regulación a la se oponen los
republicanos, que han aclarado desde el primer momento que su objetivo es
delimitar claramente la acción de las instituciones reguladoras.
La propuesta demócrata más arriesgada en el horizonte es la planteada por
el representante de Massachusetts, Barney Frank, y por el senador de Connecticut,
Christopher Dodd. Se trata de una legislación por la que la Administración
Federal de Vivienda garantizaría cerca de 300.000 millones de dólares en
hipotecas siempre y cuando los emisores de los préstamos pudieran reducir éstos
a unos niveles que los hipotecados pudieran asumir.
Es decir, el Gobierno se encargaría de las hipotecas a punto de finalizar,
lo que significaría que los emisores de los préstamos hipotecarios se
enfrentarían a fuertes pérdidas. Sin embargo, la administración pública se
encargaría de garantizarles la recuperación de parte de dichas pérdidas si las
viviendas fueran finalmente revendidas a un precio más elevado.
Esta propuesta contaría con una subvención de 10.000 millones de dólares,
a la que habría que añadir otros 10.000 millones para los estados y localidades
que contribuyan a financiar unos programas de vivienda a coste asumible por los
ciudadanos.
El presidente Bush y sus principales consejeros se oponen tajantemente a
esta propuesta, al considerar que favorece a prestamistas y tomadores
irresponsables. El propio secretario del Tesoro, Henry Paulson, ha considerado
que la proposición demócrata ni siquiera está preparada "para iniciar su
andadura" por las cámaras legislativas.
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