La encuesta más reciente de Gallup
confirma esta ventaja, pero reduce la distancia en porcentaje de votos. McCain
ganaría a cualquiera de los dos candidatos demócratas con una ventaja del
dos por ciento, según esta consultora.
"Si John McCain no ha sido capaz de unificar al Partido Republicano tras su
candidatura, es seguro que los demócratas lo han logrado", decía el domingo el
analista del diario The Washington Post Dan Balz.
"A no ser que Obama y Clinton
encuentren una forma de unirse por el bien de su país y su partido, no habrá
forma de evitar que McCain resucite por segunda vez en este año político",
añadía ayer en The New York Times el columnista Frank Rich.
Lo cierto es que, mientras McCain se
reunía con el general al mando de las tropas en Irak, David Petraeus, y visitaba
al presidente francés Nicolás Sarkozy para convencerle de que envíe 1.600
soldados más a Afganistán para reforzar la lucha contra los talibanes comenzada
por Estados Unidos, Clinton y Obama se acusaban mutuamente de ser poco
patrióticos y de estar incapacitados para el puesto de comandante en jefe de la
nación.
El que comenzó la disputa esta semana fue el ex presidente Bill Clinton.
El viernes, en un acto de campaña en
Carolina del Norte, dijo ante un grupo de veteranos de guerra que "sería
fantástico si éste fuera un año de elecciones en que hubiera dos candidatos
que aman a su país y se dedicaran a defender sus intereses", refiriéndose a su
mujer y a McCain.
A Clinton le respondió este fin de semana el general retirado Merrill McPeak,
asesor de Obama en asuntos militares. Acusó al ex presidente de haberse
convertido en una sombra del célebre senador anticomunista Joe McCarthy, autor
de la caza de brujas política de los años 50. "Cuando estudiaba en la
universidad escuchaba a menudo a Joe McCarthy acusar a americanos de bien de ser
traidores. Hasta aquí hemos llegado", dijo en un acto electoral en Oregón, con
Obama a su lado.
Con diez primarias por disputar, Obama mantiene una ventaja de 137 delegados
sobre su contrincante.
Además, consiguió cerrar el mes de
febrero con una recaudación electoral de 55 millones de dólares, según los
últimos datos de la Comisión Electoral Federal. Clinton recibió, en comparación,
20 millones menos y sigue manteniendo una deuda de casi nueve, entre préstamos
de instituciones financieras y dinero personal que ha cedido a la campaña.
La de la recaudación es una buena noticia para Obama, tras una semana en la que
ha sufrido diversos reveses, desde la polémica de las declaraciones de su pastor
en las que acusaba a Estados Unidos de ser un país "racista" a un pronunciado
descenso en las encuestas respecto al mes de febrero.
"No hay duda de que hemos tenido un
par de semanas turbulentas", dijo el senador. "No todo va a ser una línea recta.
Hay etapas en las que la campaña irá bien y otras en las que no irá tan bien".